23/07/2026 18:08
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Elena Arnaiz, psicóloga: “Llegar de trabajar y ver la televisión es como poner el modo avión emocional que anestesia, pero no repara”

Elena Arnaiz, psicóloga: “Llegar de trabajar y ver la televisión es como poner el modo avión emocional que anestesia, pero no repara”

¿Ver la televisión por la tarde es descansar del trabajo? La especialista explica qué le ocurre a la mente y cómo influye en el rendimiento del día siguiente.

Después de trabajar quedan varias horas por delante y uno de los hábitos más extendidos, al llegar a casa, es el de ver la televisión, una serie o consumir el contenido de las redes sociales. En una investigación de la Sociedad Española de Neurología (SEN), el 63,5% de los encuestados afirmaron dedicar más de dos horas al día a ver la TV entre semana. Muchos recurren a este gesto rutinario para desconectar de la jornada laboral y así poder rendir al día siguiente, pero esto es un error con consecuencias.

La psicóloga Elena Arnaiz advierte de las consecuencias a corto plazo: “Al día siguiente ya no empiezas de cero, empiezas cansado, saturado y con menos capacidad de atención”, señala Arnaiz. Arnaiz, especializada en talento y desarrollo profesional, explica a La Vanguardia qué debería hacer en su tiempo libre cualquier trabajador, no solo para descansar, también para recuperarse y sanar.

Si una persona sale del trabajo, llega a casa y se pone a ver la televisión, ¿qué está pasando realmente a nivel mental?

Lo que está pasando es algo humano: es una persona con la necesidad de parar, pero que no sabe muy bien cómo. Vivimos en contextos exigentes que requieren de mucha carga mental, toma de decisiones y mucha interacción social que genera un estrés sostenido en el tiempo. Así que, cuando llegas a casa, lo que buscas no es tanto descansar, sino dejar de tener activa toda esa carga.

En este proceso, la televisión aparece como una especie de interruptor: “Dejo de pensar, dejo de decidir y dejo de estar disponible”. El problema es que eso no siempre es descanso real; es más bien una especie de modo avión emocional que anestesia o alivia, pero no repara, no sana.

“Dejo de pensar, dejo de decidir y dejo de estar disponible” Foto: IG/elena_arnaiz

¿Qué diferencia hay entre ver la televisión y consumir contenido en el móvil o la tablet?

Aquí se añade un matiz importante. La televisión, en general, te coloca en una posición más pasiva. No haces mucho más que mirar. En cambio, el móvil te engancha, literalmente, de otra manera. Aunque parezca que estás descansando, sigues tomando pequeñas decisiones todo el rato: qué veo, qué paso, a qué le doy like, qué contesto… Es un descanso con trampa, porque el cerebro no termina de soltarse. Sigue en un nivel de activación bajo-medio que no permite recuperarse del todo y que, además, se puede ver interrumpido y activado en cualquier momento por la aparición de un estímulo atractivo o con impacto emocional para ti. Lejos de relajarte, te hiperactiva.

¿El problema es el contenido que se consume o el hábito en sí?

El mismo comportamiento puede ser muy distinto dependiendo de la función que cumpla. Yo suelo preguntar: ¿Para qué estamos usando ese hábito? No es lo mismo ver una serie porque te apetece, te relaja y lo eliges, que hacerlo porque no quieres pensar en cómo ha ido tu día o simplemente, evitar conectar con cómo te sientes. Por lo tanto, el problema no suele ser tanto el contenido o la acción en sí misma, sino el lugar interior desde el que lo haces.

Entender la tarde como lo que sobra de la jornada laboral

¿Cómo influyen los hábitos de la tarde en el rendimiento del día siguiente?

Influyen muchísimo más de lo que creemos. Si entendemos la tarde como lo que sobra de la jornada laboral, el espacio para anestesiarnos, y no como el momento en el que tu cuerpo y tu cabeza puedan recuperarse, tendremos un problema en el medio plazo.

Al día siguiente ya no empiezas de cero, empiezas cansado, saturado y con menos capacidad de atención. El cuerpo empezará a dar señales de dificultad para conciliar el sueño, para respirar, dolores de cabeza y un largo etcétera de sintomatología variada que llamamos ansiedad. Tu cuerpo está preparado para hacer esto durante una temporada, pero, acumulado en el tiempo, pasará factura.

¿Es igual de negativo no hacer nada que hacer demasiadas cosas después del trabajo?

No lo pondría en términos de mejor o peor, sino de ajuste o desajuste. Puedes no hacer nada y no estar descansando en absoluto, porque sigues con la cabeza en el mismo sitio en que estaba. Y puedes hacer mil cosas y tampoco estar bien, porque en realidad no te estás dando espacio. Al final, la clave no es la cantidad de actividad, sino si eso que haces tiene sentido para ti en ese momento. Hacer algo en exceso para compensar tu vacío, o no hacer nada, porque estás completamente anestesiado emocionalmente, necesitará intervención si se mantiene en el tiempo.

Pienso que buena parte del deterioro generalizado de la salud mental que actualmente vivimos se debe a esto. Foto: IG/elena_arnaiz

¿Qué pasa con las personas que encadenan trabajo, gimnasio, actividades o compromisos sin parar?

A veces, desde fuera, esto se ve como disciplina o motivación y, en algunos casos, lo es. Pero, en otros muchos, hay algo más: la dificultad para parar. Porque cuando paras, aparecen cosas que no son tan agradables: cansancio, dudas, sensación de vacío… que te llevan a tomar decisiones; decisiones que sientes que no estás preparado para tomar y que evitas una y otra vez. Es entonces cuando llenamos la agenda para no quedarnos a solas con nosotros mismos. Pienso que buena parte del deterioro generalizado de la salud mental que actualmente vivimos se debe a esto.

¿Qué señales indican que una persona no está desconectando bien?

Suelen ser bastante claras, aunque pasan desapercibidas porque las hemos normalizado: llegar cansado y no ser capaz de recuperarte, dormir y levantarte sin la sensación de descanso y reparación, irritarte por cosas pequeñas, notar que te cuesta concentrarte y una muy concreta: terminas la jornada laboral, pero no sientes que haya terminado dentro de ti. La cabeza sigue en marcha, anticipando, sobrestimulada y, en muchos casos, en modo continuado de alerta.

¿Cuál sería la rutina ideal después del trabajo para rendir mejor al día siguiente?

No creo en rutinas ideales universales, pero sí hay una idea que, en casi todos mis clientes, funciona: hacer un pequeño cierre del día. Algo que marque el paso de un contexto a otro. Venimos muy arrastrados del trabajo a casa, sin transición. Y eso se nota. Introducir un momento, por pequeño que sea, donde cambias el ritmo de verdad (físico o mental), ayuda mucho a que le digamos a nuestro cerebro que ya hemos acabado de trabajar y que vamos a pasar a un modo más consciente que conduzca a acciones de recuperación y autocuidado.

¿Hay algún hábito sencillo que marque la diferencia?

Sí, y es sorprendentemente simple: no ir en piloto automático. Aunque luego veas la tele, que esto sea una decisión, no una inercia. Ese pequeño cambio ya introduce conciencia, y la conciencia cambia la forma en la que vivimos lo que hacemos. La única forma en la que podemos llegar a este punto en esta sociedad llena de ruido es guardando silencio. Durante cinco minutos al día hay que dejar el teléfono encerrado, guardar silencio, pasear mirando el paisaje o la gente que pasa.

El silencio disminuye la activación, rompe el piloto automático y permite pasar tiempo con uno mismo y con lo que se siente, contrarrestando el ruido en el que vivimos.

¿Qué le diría a quienes, después del trabajo, ven la televisión?

Le diría que observe cómo se levanta al día siguiente. Ver si se levanta cansado, sin energía y si hay algo que no está funcionando. No es un juicio, es una información. A partir de ahí, puede empezar a probar hábitos y rutinas distintas. Porque descansar no es solo parar, es poder recuperarte.

Anna Rodríguez Hurtado

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