23/07/2026 18:09
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Paloma, profesora en Suiza: "A partir de los cuatro años, los niños van solos al colegio"

Paloma, profesora en Suiza: "A partir de los cuatro años, los niños van solos al colegio"

"Cada barrio tiene un cole, las distancias son cortas y los niños van de casa al colegio con una especie de chaleco para identificarlos". "En infantil llaman a la profesora por su

Cada vez son más los jóvenes que deciden dar el salto al extranjero para seguir con su carrera profesional. Es el caso de Paloma Jiménez, cuya vocación por los idiomas marcó desde el inicio su trayectoria. “Había estudiado inglés y francés, pero nunca los había puesto en práctica en contextos reales”, explica para La Vanguardia.

En 2022, tras finalizar el grado de Educación Primaria, hizo un máster de Enseñanza del español como lengua extranjera y solicitó hacer las prácticas en Zúrich. Y así fue como llegó y se instaló en Suiza. “En principio, solo venía a hacer las prácticas, pero quería quedarme y me busqué la vida”, asegura.

La llegada no fue sencilla, especialmente por el desconocimiento del sistema. “Iba como un pollo sin cabeza, sin saber cómo funcionaba todo, no sabía dónde buscar el trabajo, ni cómo se llamaban los puestos”, relata. Además, la barrera lingüística representó uno de los mayores desafíos. “Fue difícil porque en Zúrich el idioma oficial es el alemán, pero la gente en la calle habla el dialecto de aquí y no tenía ni idea”, relata.

"Cada barrio tiene un cole, las distancias son cortas y los niños van de casa al colegio con una especie de chaleco para identificarlos" (La Vanguardia).

Pese a ello, destaca que en las grandes ciudades hay un nivel “bastante alto” de inglés, tanto en los organismos oficiales como en los pequeños comercios. “He ido aprendiendo alemán poco a poco. Al principio de forma autodidacta y más tarde en una escuela para poder comunicarme, sobre todo en la calle y en el trabajo, porque a pesar de que daba clases en inglés, mis compañeras hablaban alemán muchas veces”, cuenta.

Durante un año y medio ejerció como profesora de español en distintas etapas educativas en Zúrich. “Todo el staff hablaba en alemán, menos yo, que era la única que hablaba todo el día en inglés. Todos los documentos estaban en alemán y tuve que aprender”, explica. Tras una primera experiencia trabajando en un jardín de infancia, se incorporó a una escuela de educación infantil trilingüe. “Fue increíble porque, a pesar de que acababa muy cansada, descubrí una forma diferente de entender la educación y la crianza”, afirma.

Para ejercer como docente en Suiza es imprescindible homologar los títulos académicos, un proceso que, además, exige mayores competencias lingüísticas a medida que se avanza en el sistema educativo. Con experiencia previa en España, Paloma subraya una diferencia clave: la atención más personalizada al alumnado, favorecida por ratios más bajas. “Siempre éramos dos profesoras y, como máximo, teníamos 12 alumnos”, asegura.

Desde los 4 años los niños van solos al colegio

En estos años, ha percibido además un mayor grado de autonomía de los niños. “Me da la impresión de que son mucho más autónomos desde pequeños”. Esa autonomía se fomenta desde edades tempranas y detalla que a partir de los cuatro años, en la etapa de educación infantil, ya no van acompañados al colegio. “Los niños van solos al colegio andando o en autobús. Se intenta dar mucha más autonomía”, añade. “Cada barrio tiene un cole y las distancias son cortas y los niños van de casa al colegio con una especie de chaleco para identificarlos”, detalla.

Otro aspecto que le llamó la atención fue la relación entre alumnado y profesorado. “En infantil llaman a la profesora por su nombre; en cambio, a partir de primaria, te llaman madame y tu apellido. No me llaman Paloma, sino Madame Jiménez y, al principio, fue un choque ver esta posición de respeto y más distante”, cuenta. Incluso ha observado gestos formales poco habituales en España: “He visto cómo se levantan los niños cuando entra un profesor”.

Docente en educación especial, señala que los retos son similares a los del sistema español, “pero con la diferencia de que aquí hay más recursos materiales y personales, y se nota porque podemos abarcar muchos más niños”.

"En infantil llaman a la profesora por su nombre; en cambio, a partir de primaria, te llaman madame y tu apellido" (La Vanguardia).

Tras tres años y medio trabajando como profesora en Suiza, Paloma destaca diferencias significativas en comparación con el sistema educativo español: “En Educación Infantil, los celulares están prohibidas en las aulas y no hay ningún dispositivo; incluso nosotras no podemos utilizar el móvil delante de los niños”, relata.

También destaca que hay un enfoque más integral. “No se centran tanto en los contenidos curriculares, sino que se enfocan en lo socioemocional. Se busca que el niño se conozca, aprenda rutinas básicas y a relacionarse con los otros y con el mundo exterior”. Y es que, según cuenta, se busca que pasen mucho tiempo en el exterior. “En guardería y en infantil es muy común que pasen la mañana o la tarde en la calle y no solo los 30 minutos del recreo, sino que pueden salir dos horas y media a un parque. Todos los días hay tiempo fuera”, relata.

En el jardín de infancia en el que trabajó, era muy común que cada 15 días fueran a pasar el día en el bosque. “Allí hacíamos fuego, la cocina y los niños preparaban la leña. Todo es muy práctico”, añade. También destaca aspectos curiosos del día a día escolar. “Los zapatos de la calle se quedan fuera y en el aula van con zapatillas de estar por casa”, indica.

Sobre el nivel de vida, confirma el contraste entre salarios y precios (La Vanguardia).

En el plano personal, la experiencia internacional le ha reforzado su capacidad de adaptación: “Todo es nuevo y estimulante. Aprendes a enfrentarte a la incertidumbre porque a veces pasas por momentos complicados y tienes que confiar en ti para seguir adelante”. En el ámbito profesional, subraya la importancia del trabajo en equipo y la coordinación: “Hay muchas personas implicadas en los grupos y ahora igual en primaria pasa lo mismo”. Además, resalta que “la organización y la puntualidad se valoran mucho aquí”.

No obstante, también reconoce que una de las cosas que más echa de menos es la espontaneidad. “No es como en España que decimos 'quedamos esta semana', aquí tienes que quedar con 15 días o tres semanas de antelación”. En cuanto al estilo de vida, describe un ocio muy vinculado a la naturaleza: “Los fines de semana son de ir al lago o hacer una ruta de montaña”. Y admite haber adoptado algunas de sus costumbres, como “quitarme los zapatos antes de entrar en casa. Se quedan en la calle, es una cosa un poco extraña, pero aquí es normal”.

Sobre el nivel de vida, confirma el contraste entre salarios y precios: “Cuando llegas, tienes un shock al ver precios tan caros de todo, pero hay un rango muy amplio”. Aun así, considera que existe cierto equilibrio: “Puedes ganar el doble de lo que ganarías en España, pero es que los gastos también van a subir, es proporcional”.

De momento, su futuro sigue ligado a Suiza. “Me gustaría volver a España, pero sé que no es ahora”, afirma. Entre lo que más valora de su vida allí destaca la seguridad y la calidad de vida: “Aquí puedo pasear por la calle por la noche, con farolas muy tenues, y no tener miedo”, explica, antes de reconocer que en España “no estaría sola por aquí, ni de broma”. También pone en valor la limpieza, el respeto cívico y la eficiencia del transporte público, además de un entorno natural que la sigue impresionando: “Los paisajes son increíbles, toda la naturaleza es impresionante”.

La Vanguardia.

GML

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