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El caso de Minnie Wallace: la adolescente que heredó una fortuna tras la misteriosa muerte de su esposo, un magnate 32 años mayor

El caso de Minnie Wallace: la adolescente que heredó una fortuna tras la misteriosa muerte de su esposo, un magnate 32 años mayor

Se casó con un empresario millonario que le llevaba más de tres décadas y, un mes después, quedó viuda cuando él murió envenenado por arsénico. Fue absuelta por la Justicia, pero l

Con apenas 16 años, Minnie Estelle Wallace dejó atrás la pensión donde vivía con su madre para convertirse en la esposa de uno de los empresarios más importantes de Kansas. Treinta días más tarde, él estaba muerto por envenenamiento con arsénico.

La justicia nunca logró demostrar que ella fuera la responsable, pero las coincidencias que marcaron el resto de su vida hicieron que las dudas no desaparecieran.

La historia de Minnie Estelle Wallace comenzó antes de ocupar los titulares de Estados Unidos. Nació en Nueva Orleans en 1869, en el seno de una familia acomodada, por un tiempo.

Minnie Wallace fue una promesa en canto y actuación. Foto: YT/Brief Case

Cuando aún era una niña, sus padres se separaron y su madre, Elizabeth Wallace, abrió una pensión en Canal Street, muy cerca del distrito de Storyville, una de las zonas más concurridas de la ciudad.

Elizabeth parecía saber cómo operar el negocio. Minnie y su hermana, Dora, eran consideradas jovencitas muy atractivas y, además, sabían cantar y tocar el piano. Mientras entretenían a los huéspedes, la pensión iba ganando fama entre comerciantes y viajeros que llegaban a una Nueva Orleans atravesada por el auge económico y comercial a finales del siglo XIX.

Y un día apareció James Reeves Walcott

James Reeves Walcott tenía 48 años, había combatido en la Guerra Civil, había construido una importante fortuna gracias a inversiones mineras, negocios ganaderos y contratos ferroviarios, y además ocupaba un lugar en la política local de Emporia, Kansas. En cuanto a su vida personal, había vivido doble tragedia al enviudar dos veces.

En diciembre de 1884, viajó a Nueva Orleans para visitar una exposición mundial de algodón, una de las muestras industriales más importantes del país. Durante ese viaje, alguien le recomendó hospedarse en la pensión de la familia Wallace.

Nueva Orleans en 1882. Foto: WikiCommons

En el momento en que conoció a Minnie quiso casarse con ella. Cuando regresó a Kansas, comenzó a escribirle cartas y, apenas cuatro meses después, volvió a Nueva Orleans decidido a convencer tanto a la joven como a su madre. Prometía una vida de lujos, estabilidad económica y un futuro distinto al que podían ofrecer las habitaciones de Canal Street.

Elizabeth no rechazó la idea, pero antes de aceptar quería conocer cómo vivía realmente ese hombre. El viaje a Emporia despejó cualquier duda. La casa era enorme, elegante y confirmaba a simple vista su fortuna.

Minnie aceptó la propuesta y el 22 de julio de 1885 la pareja se casó en Covington, Kentucky, después de descubrir que las leyes de Ohio impedían celebrar allí el matrimonio porque ninguno de los dos era residente.

Al instalarse en Kansas, tenía servicio doméstico, una posición privilegiada y un marido que parecía dispuesto a concederle todo lo que quisiera. La diferencia de edad, sin embargo, era imposible de ignorar. Mientras Minnie apenas acababa de dejar atrás la adolescencia, James llevaba décadas construyendo una carrera política y empresarial.

El nuevo comienzo duró menos de un mes

El 15 de agosto, después de regresar de un viaje de negocios, James empezó a sufrir fuertes dolores abdominales y vómitos. Minnie llamó al médico instantáneamente. Tras recibir un tratamiento pareció recuperarse, pero la mejoría fue apenas un espejismo.

James Reeves Walcott, empresario y marido de Minnie Wallace. Foto: YT/Brief Case

Dos días después volvió a empeorar y, aunque otra vez consiguió estabilizarse, en una nueva recaída terminó por encender todas las alarmas. El médico comenzó a sospechar que aquellos síntomas no respondían a una enfermedad común. En su experiencia, el cuadro era compatible con un posible envenenamiento por arsénico.

En Emporia empezó a instalarse un rumor que culpabilizaba a Minnie por el malestar de su marido. Muchos no entendían por qué una chica de 16 años había aceptado casarse con un hombre que le llevaba 32 años y cuya fortuna era ampliamente conocida.

La diferencia de edad comenzó a convertirse en un argumento para quienes creían haber encontrado una explicación para la enfermedad del empresario.

El 22 de agosto, exactamente un mes después de la boda, James agonizaba. La desconfianza hacia Minnie había crecido tanto que ya no le permitían acercarse a cuidar a su propio marido mientras permanecía en cama. Ese mismo día, el empresario murió.

La policía revisó las farmacias de la ciudad y encontró un dato que cambió el rumbo de la investigación. Un día antes de que James comenzara a sentirse mal, Minnie había comprado estricnina -un alcaloide usado históricamente para exterminar roedores y plagas-.

Después adquirió arsénico en dos oportunidades y una tercera farmacia incluso se negó a venderle más porque no supo explicar para qué lo utilizaba.

Minnie Wallace, después de la acusación de asesinato a su marido. Foto: YT/Brief Case

Cuando la interrogaron, alegó que utilizaba el arsénico para un tratamiento cosmético y que la estricnina la utilizaba para sacar manchas de la ropa, una explicación que no terminó de convencer a los investigadores.

Para empeorar la situación, cuando intentó entregar el frasco con el arsénico que todavía conservaba, este cayó al suelo y el contenido se desparramó, impidiendo comprobar cuánta cantidad quedaba.

La autopsia terminó de convertir las sospechas en una causa judicial

El informe concluyó que James Reeves Walcott había muerto por intoxicación con arsénico y Minnie fue acusada formalmente por asesinato. Lo que hasta entonces era un escándalo local, empezó a ocupar titulares en todo Estados Unidos.

El juicio comenzó en octubre de 1885, con más de 300 personas adentro de la sala y cientos esperando novedades en las calles. Era una gran historia para los diarios: un empresario influyente, una fortuna millonaria, una viuda adolescente y una muerte apenas a 30 días del casamiento.

Artículo de The Chicago Sunday Tribune sobre Wallace. Foto: Blogspot/The Chicago Sunday Tribune

La acusación esperaba ser directa: Minnie había comprado las sustancias y James había muerto envenenado. Sin embargo, la defensa estaba determinada a demostrar que la historia había sido más compleja.

Durante el proceso, comenzaron a aparecer testimonios que describían una faceta desconocida del empresario. Algunos médicos aseguraron que James ya había consultado anteriormente por problemas estomacales. También declararon que el propio hombre les había confesado consumir preparados con arsénico y opio porque creía que mejoraban su rendimiento sexual.

Otras versiones sostenían que recurría a esa sustancia convencido de que podía protegerlo de enfermedades de transmisión sexual, aunque la autopsia no encontró pruebas que respaldaran esa teoría.

A medida que avanzaban las audiencias, la imagen del respetable hombre de negocios empezó a resquebrajarse. Testigos hablaron de sus visitas a burdeles y farmacéuticos de otras ciudades afirmaron haberle vendido arsénico en distintas oportunidades.

Cuando llegó el turno de Minnie, aseguró que había adquirido el arsénico porque su marido se lo había pedido y que era él quien lo consumía. Según su versión, una criada habría cometido un error al preparar una dosis mientras James permanecía enfermo.

El jurado deliberó durante 52 horas

Finalmente, Minnie fue declarada inocente. Con el tiempo, uno de los integrantes reconocería que había sido incapaz de condenar a una joven de apenas 16 años porque sentía que esa decisión lo perseguiría para siempre.

Minnie Wallace en el juicio por asesinato a su marido. Foto: Blogspot/The Chicago Sunday Tribune

La absolución le permitió heredar una fortuna cercana a 250.000 dólares y regresar a Nueva Orleans junto a su madre. Ese podría haber sido el final, pero las sospechas siguieron creciendo con el paso del tiempo.

Años después, Minnie conoció a John Barden Ketchum. Él abandonó a su esposa para casarse con ella y modificó su testamento para dejarle toda su fortuna. Doce días después de la boda, murió.

Debido al antecedente de James, se realizó una autopsia, pero esta vez los resultados descartaron cualquier rastro de arsénico y atribuyeron el fallecimiento al consumo excesivo de alcohol. Minnie volvió a quedarse con una importante herencia.

Más adelante, inició una relación con Delassie Horton Loderbach, un empresario millonario que seguía casado cuando comenzó el romance. Le regaló joyas, dinero y propiedades, convencido de que algún día compartirían la vida juntos.

Sin embargo, Minnie se mudó a Londres y terminó casándose con un capitán del ejército británico. Cuando Delassie recibió la noticia quedó devastado. Poco después, murió envenenado de cianuro. Nunca pudo determinarse si había sido un suicidio o un asesinato, pero el testamento volvió a incluir a Minnie entre los herederos.

Con los años dejó atrás el apellido Wallace, adoptó el nombre Estelle Minkitin y llevó una vida mucho más discreta. Murió en California en 1957, a los 88 años, sin volver a ocupar el centro de un juicio.

La justicia nunca consiguió demostrar que hubiera asesinado a su primer esposo. Tampoco encontró pruebas para responsabilizarla por las muertes que aparecieron después en su camino.

Pero los expedientes fueron cerrándose uno por uno, la pregunta que había nacido apenas un mes después de su primera boda siguió sobreviviendo a todos los veredictos.

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