Bajo la afirmación de que el estrés acumulado en el trabajo puede afectar el bienestar emocional, un especialista en recursos humanos identificó tres competencias que ayudan a afrontar las exigencias profesionales y establecer límites.
No se trata solamente de aprender a organizar una agenda o cumplir con los plazos.
Hay herramientas que permiten negociar las responsabilidades, resolver desacuerdos y expresar las dificultades antes de que la presión se convierta en un problema mayor.
Las habilidades que pueden ayudar a prevenir el agotamiento laboral
La acumulación de tareas, la presión por alcnzar objetivos y las dificultades para poner límites se convirtieron en algunos de los factores que pueden provocar estrés prolongado en el ámbito profesional. Cuando estas situaciones se mantienen en el tiempo, no solo repercuten en el rendimiento, sino también en la salud mental y el bienestar de los trabajadores.
En ese contexto, el psicólogo y especialista en recursos humanos Rafael Alonso advirtió sobre la importancia de desarrollar tres competencias que, pese a su utilidad en la vida adulta, no suelen formar parte de los aprendizajes de la etapa escolar.
A través de un video publicado en redes sociales, el experto aseguró: "Necesitas estas habilidades en tu trabajo si no quieres acabar completamente quemado". Posteriormente explicó las herramientas que pueden ayudar a gestionar las exigencias del entorno laboral y afrontar situaciones cotidianas que, si no se resuelven adecuadamente, terminan generando sobrecarga y desgaste.
1. Negociar prioridades
Una de las primeras competencias que señaló Alonso es la capacidad de negociar prioridades. Se trata de una herramienta especialmente importante cuando se acumulan encargos y diferentes responsables consideran que sus propias solicitudes deben resolverse con urgencia.
En esos escenarios, aceptar todas las tareas sin evaluar los plazos, los recursos disponibles o el volumen de trabajo pendiente puede terminar generando una sobrecarga difícil de sostener.
El problema no siempre está en la cantidad de responsabilidades, sino también en la dificultad para establecer qué debe hacerse primero y qué puede esperar.
Por eso, el especialista propone evitar las negativas automáticas y reemplazarlas por conversaciones concretas sobre la distribución de las tareas.
Una alternativa consiste en explicar qué proyectos están en marcha y consultar cuál debería postergarse si aparece un nuevo encargo que debe atenderse de inmediato.
De esta manera, en lugar de rechazar una responsabilidad o intentar cumplir con todo al mismo tiempo, el empleado puede poner sobre la mesa las limitaciones reales de su jornada.
La decisión sobre las prioridades también involucra a quien asigna el trabajo. Así, las expectativas pueden ajustarse a la capacidad efectiva del trabajador y se evita que todas las obligaciones recaigan sobre él sin una planificación clara.
2. Gestión de conflictos
La segunda habilidad que destacó Rafael Alonso es la gestión de conflictos. Los desacuerdos forman parte de las relaciones profesionales y pueden aparecer tanto entre compañeros como en los vínculos con los responsables de un equipo.
Sin embargo, la manera de abordarlos puede marcar una diferencia importante.
Evitar una conversación incómoda no necesariamente resuelve el problema. En ocasiones, simplemente lo prolonga y permite que las tensiones se acumulen. En el extremo opuesto, reaccionar impulsivamente o plantear una discrepancia de manera agresiva puede empeorar la situación y deteriorar las relaciones laborales.
Para afrontar estos escenarios, resulta fundamental aprender a expresar los desacuerdos con respeto, escuchar los argumentos de la otra persona y formular pedidos concretos.
El propósito no consiste en evitar cualquier diferencia de opinión ni en conseguir que todos estén siempre de acuerdo. La clave está en desarrollar recursos para resolver las discrepancias sin convertirlas en enfrentamientos personales.
3. Comunicación estratégica
La tercera competencia es la comunicación estratégica. Según el especialista, no alcanza con manifestar que una situación laboral genera agobio o malestar. También es importante explicar con claridad qué está ocurriendo y qué cambios serían necesarios para resolverlo.
En este sentido, la diferencia está en la manera de presentar el problema.
Por ejemplo, decir que la cantidad de trabajo es excesiva permite expresar una sensación, pero no necesariamente ofrece elementos concretos para que un responsable pueda evaluar la situación y tomar una decisión.
En cambio, acompañar ese planteo con información específica permite orientar la conversación hacia las condiciones laborales y las posibles soluciones.
Alonso propone explicar cómo el volumen actual de tareas afecta la capacidad de cumplir con todas las obligaciones dentro de la jornada y plantear la necesidad de revisar las prioridades.
De esta manera, el reclamo deja de estar centrado exclusivamente en el malestar individual y pasa a incluir datos y pedidos que ayudan a identificar qué aspectos de la organización del trabajo deberían modificarse.
Esta forma de comunicarse no garantiza que la empresa acepte las propuestas ni que la respuesta sea favorable. Sin embargo, permite que la conversación se desarrolle sobre cuestiones concretas y facilita la identificación de las decisiones que deben tomarse.
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