Máximo Huerta llegó a la presentación de su nueva novela directo desde Buñol, el pueblo valenciano donde cuida a su madre desde hace tres años. Se lo notaba en los ojos, en la voz, en el titubeo al buscar las palabras. Pero enseguida se recompuso, porque el escritor también es un hombre de audiencias y sabe cómo captar atenciones.
Mamá está dormida (Planeta) es su undécima novela. Un título "tan inquietante como tranquilizador" que se entiende a la primera para quienes ya pasaron por ese trance.
No es una historia autobiográfica, aunque sí carga con el peso de las vivencias. Las primeras frases del libro, según contó Huerta en una entrevista con Esquire, ocurrieron tal cual: su madre pronunció un día una frase aparentemente normal, preguntando por su hermano. El detalle estremecedor es que Huerta es hijo único desde hace cincuenta y tres años.
A partir de esa frase, la novela se despliega como una historia de amor y de dolor, y también como un thriller. Los protagonistas —Aurora y Federico— emprenden un viaje en autocaravana junto a su vieja perra hasta Vera de Bidasoa, donde la joven Aurora creció bajo la Sección Femenina de la Falange Española.
Los nombres no son casuales: Aurora, por la luz que desprende a ratos la demencia; Federico, por Lorca, cuya obra ensalzaba a las mujeres. El viaje es geográfico, emocional y también un recorrido en el tiempo, con una crítica implícita a una época en que a las mujeres nunca se les preguntó qué querían ser de grandes.
Para Huerta, el alzhéimer es también político: "Los países están repitiendo cosas que pensamos que ya no pasarían". Foto: Facebook/Máximo Huerta.
"Esta madre pertenece a esas madres y abuelas que ya no volverán, que fueron criadas para ser reflejo de una época y ser clones de Pilar Primo de Rivera", dijo Huerta. "Para muchas, la Sección Femenina fue la única salida que tenían de un entorno asfixiante".
La memoria como tema político
La elección de la pérdida de memoria como eje narrativo no es solo personal. Huerta la leyó también como fenómeno colectivo.
"Muchos países están perdiendo la memoria porque están repitiendo cosas que pensamos que ya no pasarían", sostuvo. "Los países también están teniendo alzhéimer. Vivimos en un tiempo de mucho alzhéimer y se nos olvida de dónde venimos".
Para el escritor, los grandes debates sobre vejez, cuidado y dependencia no tienen lugar en la agenda política. "Como estos temas no dan titulares ni hacen ruido, parece que no existen", afirmó.
Huerta es cuidador único de su madre, Clara, y no oculta el desgaste. "Estoy muchas veces cansado. Y con mucha impotencia, porque hay muchas cosas que no puedo cambiar", reconoció.
La novela sigue a Aurora y Federico en una autocaravana hacia el norte, con la Sección Femenina como telón de fondo. Foto: Facebook/Máximo Huerta.
No tiene pareja. Se apoya en amigos que lo comprenden cuando debe irse con urgencia, en su perra, en la lectura y en la librería del pueblo. Las redes sociales, en cambio, le hacen daño: ver cómo otros viajan y disfrutan mientras él no puede.
"No soy el Santo Job", admitió. "Cuando pierdo la paciencia tengo arranques o contesto mal. Luego me arrepiento, pero cuidar son batallas del día a día que dan pocas alegrías".
Sobre la novela misma, dijo que no le resultó terapéutica. "Me habría gustado no escribirla, sino leerla, para encontrar el apoyo que no siempre encuentro como cuidador. La gente que cuida se siente muy sola. No hay épica en la labor de cuidador".
El padre camionero y los bares de ruta
La novela también es un homenaje a su padre, camionero de profesión, fallecido en 2017 por alzhéimer. La relación entre ambos fue distante, pero el final trajo un perdón que Huerta describió como un regalo inesperado.
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Los temas de la vida cotidiana que trata la literatura
"Los bares de carretera me recuerdan mucho a él", contó. "Recuerdo ir tumbado en la cabina de atrás del camión. Mi padre siempre decía: 'Si hay camiones, paramos'. Por eso quise que mis personajes solo pararan en esos bares".
Su madre, Clara, fue siempre su primera lectora. Aunque ya no puede leer, en sus lagunas vuelve a nombrar libros. El último que mencionó fue Viento del Este, viento del Oeste, de Pearl S. Buck. "Es muy bonito", dijo Huerta, y no agregó nada más.
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