Ser amable con un desconocido y terminar perdiendo la paciencia al llegar a casa. Prepararse para una reunión y dejar para otro día una conversación importante con los hijos. Emilio Duró señala esas contradicciones cotidianas con la intención de reflexionar sobre el cuidado que dedicamos a las personas que más queremos. “Todos somos educados con los extraños y maleducados con la gente que queremos”, empezaba diciendo.
El empresario, consultor y conferenciante reflexiona en el podcast Agencia 71 sobre la educación, la confianza y las prioridades que cambian con los años. Conocido por sus intervenciones sobre motivación y optimismo, también reconoce la distancia que puede existir entre lo que explica ante un público y lo que consigue aplicar en su vida. “Soy totalmente incoherente y digo una cosa, pienso otra y hago otra”, admitía.
La diferencia entre comportarse y ser
La reflexión sobre los valores aparece durante una conversación acerca de las ventas. Para Duró, ganarse la confianza de alguien exige algo más que aprender un discurso convincente. “Vender es transmitir ilusión, esperanza. Es transmitir, es hacer que los otros vean tus sueños”, explicaba.
Su planteamiento sitúa el comportamiento personal en el centro de esa relación. Imagen: captura YT
Su planteamiento sitúa el comportamiento personal en el centro de esa relación. La impresión que dejamos depende también de cómo tratamos a los demás y de la intención con la que nos acercamos a ellos. Es entonces cuando traslada el argumento a la educación: “Hemos enseñado a los niños a portarse bien y el problema no es portarse bien, es ser bueno”. La diferencia está en actuar por convicción, también cuando nadie está mirando.
La distinción separa el cumplimiento de una conducta esperada de los valores que la sostienen. Duró recuerda que los alumnos reconocen qué profesores se preocupan por ellos y utiliza ese ejemplo para explicar por qué desconfía de las fórmulas orientadas únicamente a persuadir. “Todas las técnicas de manipulación no sirven porque si tienes que vender algo manipulando, te tienes que sentir como un gusano”, sostenía.
Lo que aprendió en casa
Al hablar de sus propios padres, el empresario enumera las cualidades que asocia a su infancia. De su madre destaca “la bondad, la generosidad, el estar pendiente de los demás, la ayuda”. Al recordar a su padre, menciona también “el valor de la responsabilidad, la honestidad”.
Ese aprendizaje familiar regresa al final de la entrevista, cuando revisa los consejos que habría dado en distintas etapas. Hace años, explica, habría puesto por delante los estudios; después, la actitud. Ahora elige los valores. “La actitud es temporal. Los conocimientos son temporales. Los valores no”, resumía.
Su propia trayectoria tampoco responde al plan que había imaginado. Imagen: captura YT
Su propia trayectoria tampoco responde al plan que había imaginado. Cuenta que estudió Económicas por las expectativas de remuneración, no por vocación, y que comenzó a recibir solicitudes para dar conferencias después de que una intervención suya llegara a internet. “Tú haces un plan en la vida y la vida hace lo que quiere”, comentaba.
El precio de perseguir el éxito
Duró aplica a su experiencia la revisión de prioridades que propone. Al abordar las renuncias personales de su carrera, señala su relación con el dinero y el reconocimiento. “Es que no ha sido una renuncia. Ha sido mi paranoia por el dinero”, reconoce. A ello añade el éxito y los miedos.
Con los años, asegura, también ha cambiado aquello que le preocupa. La pérdida de sus padres y de otras personas cercanas ocupa un lugar importante en su manera de mirar el tiempo que le queda. Esa perspectiva le lleva a cuestionar cuánto se entrega al trabajo a costa de los vínculos personales.
La exposición pública tiene, además, un desgaste que describe sin ocultar sus inseguridades. “A todos nos afectan las críticas. A todos. Y el que diga que le da igual, miente”, reconocía. En su caso, explica que evita leerlas porque le afectan y piensa también en su familia.
El conocimiento y la actitud son temporales; los valores permanecen - Emilio duró en Nivel256
Acompañar sin exigir optimismo
Aunque el optimismo forma parte de su discurso, Duró distingue entre hablar de las dificultades y acompañar a quien las está atravesando. Ante una pérdida o un golpe importante, reconoce que pedir a alguien que encuentre inmediatamente el lado positivo puede aumentar su malestar. En esos momentos, propone ofrecer afecto y compañía. “Decirle ‘no sabes lo que te quiero’ y ofrecer un abrazo y permanecer callado”.
Al revisar su propia vida, Duró reconoce que habría dedicado más tiempo a su familia. “Pasaría mucho más tiempo con mis padres”, admitía. Su balance sitúa el afecto y la presencia por delante del dinero y del reconocimiento profesional. “No sacrificaría lo importante por lo secundario”, concluía. Una reflexión que lleva la educación en valores al terreno cotidiano, donde las prioridades se expresan también en el tiempo que reservamos a los demás.
Christian Jiménez
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