«Bueno, bonito y barato» es un trilema. De los más antiguos y populares. Tres palabras que, juntas, permiten resumir una situación o emoción y entenderla. El psiquiatra Jesús de la Gándara lleva décadas utilizándolos en su consulta para explicar de forma sencilla qué les ocurre a sus pacientes y ayudarles a comprender cómo se encuentran mentalmente.
El especialista y miembro de la Sociedad Española de Psiquiatría es también autor de varios libros, entre ellos Trilemas (Plataforma Editorial), donde recoge algunos de estos tríos de palabras para concretar aquello que muchas veces se expresa de forma demasiado general.
En una conversación con La Vanguardia, explica cómo pueden poner orden en diferentes parcelas de la vida —desde la salud y el trabajo hasta la jubilación o el amor— y, sobre todo, para poder recuperar una sensación que considera fundamental: la de tener el control. “Todos los seres humanos hemos tenido problemas de salud mental, los tenemos o los vamos a tener, pero si tú controlas tu vida, no tienes ansiedad”, advierte.
La sociedad de ahora soporta mal el sufrimiento y lo hace equivaler a enfermedad. Foto: IG/jesusdelagandara
Hay gente que recurre a los medicamentos cuando siente que tiene un problema mental. ¿Qué les ocurre?
La sociedad de ahora soporta mal el sufrimiento y lo hace equivaler a enfermedad. Si tú vienes a mi consulta y me dices “Estoy cansada, no puedo hacer esto, no duermo…”, vale. Lo estás pasando mal. Hasta ahí yo solo te diré: los sufrimientos podemos abordarlos, puedes aprender a consolarte y te puedo recomendar cosas para hacer en tu vida, pero no estás enferma.
¿Cómo determina si alguien necesita tratamiento farmacológico realmente?
Para determinar si alguien está enfermo, utilizo el trilema SIN. Si solo tienes la S de sufrimiento, no me pidas tratamiento farmacológico. Pero si a la S le sumas la I de incapacidad y empiezas a decir: “Jesús, no puedo dormir, no puedo descansar, no puedo trabajar, no puedo disfrutar de la comida, de la conversación, de un libro. No puedo”. Tienes incapacidad. Y si luego empiezas a decir: “Es que no me apetece nada, no me gusta nada, no disfruto de nada” significa S, I y N: tratamiento farmacológico.
¿Y a estas personas qué les recomendaría antes de autodiagnosticarse o creer que están enfermas?
Que cambien el SIN por el CON. Número uno: control. Si tienes sensación de control, no puedes tener ansiedad. Es imposible porque el cerebro humano no lo sabe hacer. ¿Cómo se adquiere control? Pues mandando en tus pies, mandando en tus manos, mandando en tu cabeza. Pero empieza por los pies, porque no vas a poder mantener un diálogo con tu mente porque está estropeada. Si yo les digo a mis pies que suban escaleras, los pies mandarán más que yo. Y así vas adquiriendo sensación de control. Luego viene la O de orden: ordena tu vida. Manda en tu vida. Y el tercero es normalízalo, repetirlo. Aprovecha que estás haciendo ese esfuerzo, diviértete y sácale partido.
Aprovecha que estás haciendo ese esfuerzo, diviértete y sácale partido. Foto: IG/jesusdelagandara
¿De aquí el trilema de «mover los pies, las manos y la lengua»?
Sí. Es una idea que tardé como treinta años en sintetizar, porque cuanto más fácil es una idea de expresar, más tiempo se tarda en concebirla. Quiere decir que si tú controlas tus pies, tus manos y tu lengua, controlas lo que haces. Así es más fácil de transmitir y de entender. Incluso Rosalía, la cantante, aseguró que, para ella, un buen día consistía en hacer esas tres cosas.
Entonces, si alguien no controla su cuerpo, su espacio y la forma en la que ve las cosas, ¿no llegará nunca a ser feliz o a recuperarse?
La felicidad no es un estado o una categoría. Es una tendencia, una dimensión. ¿Puede ser feliz una persona que no controla sus pies o sus manos? Sí, claro que sí, por supuesto, pero será más feliz una persona que tiene autocontrol porque tiene autodominio, tiene libertad y puede elegir. La libertad es saber leer la vida y elegir es saber leerte a ti mismo. Si aumentas el control, vas a ser poco vulnerable.
¿Se aplica a sí mismo este trilema?
Por supuesto, cada día. En el pasado he tenido más problemas de salud precisamente por no hacerlo. Pero desde hace bastantes años, no hay ni un solo día en mi vida que no haga ejercicio en la medida de lo posible. También muevo la boca, que es una parte de mi vida: informar, formarme, aprender, enseñar y comunicarme. Y las manos: preparar la cena, escribir o crear algo.
Si hablamos de trabajo, ¿qué trilema le funciona para explicar los síntomas y enfermedades que puede provocar?
«Trabajo, oficio y profesión». Hace muchos años me preocupó el tema del burnout en los hospitales, pero entonces no sabíamos muy bien qué era eso; no era fácil de diagnosticar. La gente no entendía que eso pudiera ser patológico y no aceptaban que ellos pudieran estar “quemados”. Pero con el tiempo nos dimos cuenta de que para entender ese malestar debíamos centrarnos en la persona y no en las condiciones laborales. Y eso me llevó a sintetizar la diferencia que hay entre trabajo, oficio y profesión.
El segundo es el oficio: lo que uno sabe hacer. Foto: IG/jesusdelagandara
¿En qué consiste el trilema «trabajo, oficio y profesión» y cómo puede ayudar a alguien?
El primer concepto es el trabajo, que ha tenido siempre una connotación negativa, pesimista y esforzada. Ahí hay una gran trampa: pensar que trabajas por un sueldo, en vez de pensar que el sueldo lo recibes porque trabajas. Hay que entender que el trabajo le da sentido a la vida. El segundo es el oficio: lo que uno sabe hacer. Conviene que todos los trabajadores alcancemos el grado de oficial, porque así mejoramos lo que hacemos, mejoramos nuestra vida y ayudamos a los demás. Y, finalmente, está la palabra profesión. El profesional es el que declara públicamente lo que es y se siente orgulloso de ello, como periodista, escritor o médico, por ejemplo.
Cuando tú compaginas esos tres conceptos —trabajo, oficio, profesión—, los equilibras y los promocionas, aumenta la dignidad laboral y aumenta la sensación de valía. Los profesionales siempre hablan bien de ellos y su trabajo; los oficiales están orgullosos y los trabajadores que hacen bien su trabajo no se fatigan tanto y no se queman.
¿Considera que actualmente los trabajadores son capaces de reunir estas tres patas del taburete?
Sí, pero necesitamos aprender a comprenderlo y saber que lo que adereza las tres patas de ese taburete es la vocación. Debes saber que tu trabajo es tu vida, que es tu dignidad y que te va a acompañar hasta el día que te jubiles. De lo contrario, es muy fácil que se produzcan infelicidades, desmotivaciones y cansancios.
¿Qué les aconseja a los jubilados?
Lo primero es entender que no se es jubilado. Se está. Cuando uno se jubila, pierde identidad, pero no deja de ser lo que es. Un profesional lo deja de ser cuando se muere. Pero, mientras tanto, no tienes por qué renunciar a tu profesión. Y lo segundo es la actividad. La tele está muy bien si tú controlas el mando a distancia, pero la realidad es que el mando te controla a ti. ¡Haz ejercicio físico y mental!
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Hemos hablado de salud y de trabajo; faltaría el amor. Después de tantos años de psiquiatría, habrá llegado mucha gente a tu consulta por este tema
Te diría que a lo mejor un 30% de las consultas tienen que ver con los conflictos emocionales de las personas. Llegó un momento en que la principal, el número uno en las consultas de psicología y psiquiatría, era el divorcio. Pero realmente ese era solo el detonante. Detrás de eso había algo más, que son las influencias de la propia personalidad y de la inestabilidad personal, entre otros. Y al final siempre llegabas a la misma conclusión: detrás de un divorcio siempre hay una o dos personas que están en neurosis.
¿Cómo está el amor en la sociedad actual?
Por un lado, muy bien, porque nuestra sociedad es la que le ha dado más importancia a los aspectos emocionales en toda la historia de la humanidad. Y eso es bueno. Pero como resulta que el amor lo hemos asociado con el éxito social, con la belleza, con el triunfo y con el dinero, pues hemos descuidado muchas veces la salud individual. El amor debe ser un gran objetivo, pero siempre basado en tres T: tiempo, tolerancia y tesón.
Te diré que mi mujer y yo llevamos juntos desde el año 77. Obviamente, hemos pasado por todas las cosas buenas, malas y regulares, pero cada día nos queremos más. Algo que hemos aprendido es que no podemos estar, cuando queremos a alguien, diciendo: “Yo te he dado esto y esto”. El amor es desenfadado intercambio.
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Si tuviera que quedarse con un solo trilema, ¿cuál sería?
Si solo pudiera decir tres palabras, serían las tres cosas que yo aspiro tener en la vida. Primero, por supuesto, seguridad. Seguridad significa tener sueldo suficiente, que no me falte dinero para vivir, tener una casa, una familia, un coche. La seguridad implica también aspectos de la salud, por supuesto. La segunda, serenidad: busco la calma, la belleza natural y el equilibrio en todo. Y, en tercer lugar, satisfacción. Con estas tres cosas te vas a la cama satisfecho y pensando que tu vida tiene sentido.
Anna Rodríguez Hurtado
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