Una mesa puede caber físicamente en un salón o un comedor y, aun así, hacer que la estancia resulte incómoda. La clave no está solo en sus dimensiones, sino en el espacio que queda alrededor para pasar, sentarse y levantarse con comodidad.
En el salón, una mesa de centro bien proporcionada ayuda a ordenar el conjunto; en el comedor, la elección entre un diseño redondo, rectangular o cuadrado dependerá tanto de la planta disponible como del espacio necesario para utilizarla.
La interiorista Pia Capdevila, al frente de Pia Capdevila Interiorismo, explicó a La Vanguardia cómo elegir estas piezas para aprovechar mejor los metros disponibles sin renunciar a la funcionalidad.
"No me gusta prescindir de la mesa de centro, porque ayuda mucho a proporcionar el espacio y a dar coherencia al conjunto"
-¿En un salón pequeño cree que merece la pena renunciar a la mesa de centro para ganar espacio o hay alternativas mejores?
-No me gusta prescindir de la mesa de centro, porque ayuda mucho a proporcionar el espacio y a dar coherencia al conjunto. Si el salón es muy pequeño, prefiero buscar soluciones más ligeras y versátiles antes que eliminarla: un puf, una mesa auxiliar pequeña o una pieza móvil que cumpla esa función sin saturar demasiado.
Pia Capdevilla es interiorista. Foto: Cedida/La Vanguardia
-Si mantenemos una mesa de centro en un salón pequeño, ¿qué distancia debería quedar respecto al sofá para no entorpecer el paso?
-Lo importante es que esté bien proporcionada. Intentaría dejar unos 40-45 centímetros respecto al sofá y evitar piezas demasiado grandes o pesadas visualmente.
En espacios pequeños funcionan muy bien los formatos ligeros y redondos, así como las piezas que puedan desplazarse fácilmente. También podemos recurrir a mesas auxiliares, mesas nido o pufs para tener una superficie de apoyo sin comprometer la circulación.
-En un comedor con pocos metros, ¿cómo condiciona la forma de la mesa la distribución y cuándo elegiría una redonda, una rectangular o una cuadrada?
-La forma condiciona muchísimo la circulación. La redonda suaviza los recorridos y funciona muy bien en espacios pequeños, zonas de paso o comedores integrados en el salón, porque no tiene esquinas y facilita la circulación.
En cambio, una rectangular suele aprovechar mejor una pared larga o una planta estrecha y alargada. La cuadrada necesita una estancia bastante proporcionada para resultar cómoda.
-¿Qué espacio hay que dejar alrededor de la mesa para poder sentarse, levantarse y circular con comodidad?
-Intentaría disponer de unos 75-80 centímetros libres desde el borde de la mesa hasta la pared o el mueble más cercano. Si además es una zona habitual de paso, mejor acercarnos a los 90 centímetros.
También hay que tener en cuenta cuántas personas van a utilizarla y el espacio que necesita cada una para sentarse cómodamente. No se trata solo de que la mesa quepa, sino de que las sillas puedan retirarse y utilizarse sin interferir con el resto de la estancia.
Lo importante es que la mesa esté bien proporcionada. Foto ilustrativa: Adobe
Cómo calcular el tamaño de la mesa
-¿Hay algún error habitual al calcular el tamaño de una mesa de comedor?
-Muchas veces se mide únicamente el espacio que ocupa la mesa y no se tiene en cuenta todo lo que ocurre alrededor. Hay que pensar en las sillas, en el movimiento de las personas y en si esa zona funciona también como lugar de paso.
Una mesa puede encajar perfectamente sobre el papel y después resultar incómoda en el día a día si no hemos dejado suficiente espacio alrededor.
-¿Cuándo merece la pena una mesa extensible y qué debería comprobar el comprador antes de elegir un modelo?
-Tiene sentido cuando normalmente somos pocos, pero recibimos invitados con cierta frecuencia. El problema es que cuesta encontrar modelos que cumplan todos los requisitos: que sean bonitos, cómodos y tengan un precio adecuado.
Antes de comprarla, hay que comprobar cuánto ocupa completamente abierta y mantener también el espacio necesario para retirar las sillas y circular alrededor. Una mesa extensible solo es práctica si realmente puede utilizarse abierta con comodidad.
Irene Marsal, La Vanguardia
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