Buscar un embarazo no siempre es tan sencillo como parece. Muchas parejas comienzan el proceso convencidas de que llegará de forma natural y relativamente rápida, pero cuando pasan los meses y los tests siguen dando negativos, la ilusión inicial puede dar paso a la frustración, la incertidumbre y el miedo a que exista algún problema.
A la espera se suman las dudas, la comparación con otras personas que sí consiguen quedarse embarazadas y la sensación de que el propio cuerpo no responde como se esperaba. Esta experiencia se enmarca en un contexto en el que la maternidad se retrasa y las dificultades reproductivas adquieren cada vez más visibilidad. Según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), en España nacieron 321.164 bebés en 2025, un 1% más que el año anterior, aunque la cifra continúa lejos de los 420.290 nacimientos registrados en 2015.
“Uno de los principales problemas es que damos por hecha la fertilidad y, cuando vemos que es más difícil de lo que nos habían explicado, es cuando surgen las angustias, que a veces están infundadas y otras no”, explica para La Vanguardia Gina Oller, embrióloga y psicóloga.
La especialista, autora de Quiero ser mamá (Zenith, 2024) recuerda que no siempre hay una causa médica detrás de la demora del embarazo. Foto: IG/gina_oller
La especialista, autora de Quiero ser mamá (Zenith, 2024) recuerda que no siempre hay una causa médica detrás de la demora del embarazo. Sin embargo, recomienda que, en función de la edad de la mujer, “puede ser interesante hacer pruebas de fertilidad antes incluso de la búsqueda del embarazo. No hace falta estar un año buscando para hacerse pruebas”.
¿En qué momento la búsqueda de un embarazo puede dejar de vivirse con ilusión y empezar a convertirse en una fuente de desgaste?
Sobre todo cuando la realidad es diferente de las expectativas. Y el problema de las expectativas es que teníamos en el imaginario que el embarazo era un hecho que venía casi mágicamente, casi sin quererlo. Y cuando vemos que es más complicado que todo salga bien y que hay que saber cuándo ovulamos para tener relaciones, puede desgastar. También hay que tener en cuenta que es diferente buscar un embarazo a los 20, que a los 30 que a los 40.
Hay parejas que terminan organizando su vida alrededor de la ovulación, los tests, las relaciones sexuales programadas o los resultados médicos. ¿Cómo afecta convertir la búsqueda del embarazo en una especie de “proyecto”?
Empieza a existir el sexo reproductivo y se diferencia mucho del sexo por placer. Antes de buscar el embarazo, teníamos el sexo por placer, pero si no llega, se va desplazando y queda el reproductivo, que muchas veces no nace del deseo ni la conexión, sino de los tests y los calendarios. Aquí tenemos que ir con cuidado y trabajar otras áreas de la pareja para poderlas reposar y que no se acabe resintiendo la relación de pareja.
Aquí tenemos que ir con cuidado y trabajar otras áreas de la pareja. Foto: IG/gina_oller
Habla de un “triple desgaste” durante la búsqueda del embarazo: físico, emocional y económico. ¿Por qué es importante entender que están relacionados?
Tienen que ir a la vez, porque si emocionalmente estoy fuerte y económicamente puedo sostener los tratamientos de reproducción asistida, pero físicamente no tengo la base biológica para poder hacer el camino, ya no puedo iniciarlo. En cambio, si emocionalmente no es el momento, por ansiedad o depresión lo vivo así o no me siento suficientemente fuerte para sostener no solo la búsqueda, sino también después, el embarazo, tampoco podemos tirar hacia adelante.
Y, si necesitamos tratamientos de reproducción asistida, si no podemos ir por el público y tenemos que ir por la línea privada, por desgracia son muy costosos y son proyectos en los que se piensa muy bien esa inversión.
¿Qué impacto puede tener esta situación en la relación de pareja? ¿Es habitual que uno de los dos lo viva con más ansiedad, frustración o necesidad de hablar que el otro?
Puede volverse tensa. No es fácil, porque es un reto en el que la pareja no se había encontrado. Y también es muy fácil empezar a compararse con otras parejas.
A nivel de pareja es normal que surjan ansiedades, frustraciones y, sobre todo, es importante poner encima de la mesa que los dos miembros no lo van a vivir igual. Hay que trabajar muchísimo la comunicación sobre lo que va a necesitar cada uno, y saber que será muy diferente en cuanto a tiempos o ritmos. Y aquí está la clave: en encontrar ritmos que vayan bien a los dos.
Hay que trabajar muchísimo la comunicación sobre lo que va a necesitar cada uno, y saber que será muy diferente en cuanto a tiempos o ritmos. Foto: IG/gina_oller
¿Puede llegar a afectar a la sexualidad que las relaciones sexuales estén tan vinculadas al objetivo de conseguir un embarazo?
Totalmente. El sexo puede llegar a ser un objetivo. La frase típica de ‘hoy toca’, como si fuéramos instrumentos. El hoy toca a veces marca mucho la sexualidad y es muy poco erótica. Y podemos llegar a mirarnos de una forma poco cariñosa.
En el caso de los tratamientos de fertilidad, al desgaste de las pruebas se añade el impacto físico y hormonal de los tratamientos. ¿Cómo puede afectar esto al estado emocional?
Normalmente hay más alteraciones en el estado emocional que a nivel médico. Y es que llevamos muchos meses preparando ese momento con mucha intensidad en cada día que está pasando, y, cuando acaba el tratamiento, hay que esperar si sale bien o no; no hay matices y el estado emocional recibe muchos golpes.
Habla también de desgaste emocional. ¿Qué es lo que resulta más difícil de gestionar psicológicamente: la incertidumbre, la espera, los resultados negativos o no saber cuánto tiempo va a durar el proceso?
Dependerá de la persona, pero en general nunca será positivo. Lo más habitual es que sea muy negativo. Estamos acostumbrados a tratar el tema de tener hijos como un tema social, cuando es un tema de la pareja o de esa persona. El gran enemigo no es tanto los resultados negativos del camino, como la incertidumbre.
Suma en negativo la presión social siempre, y también está bien que sepamos todos que no es tan fácil quedarse embarazada, y que salga bien, tampoco.
No solo nos puede provocar malestar, sino también una cierta distancia. Foto: IG/gina_oller
¿Cómo afecta ver que otras personas del entorno se quedan embarazadas mientras una lleva meses o años intentándolo? ¿Es normal sentir alegría por ellas y, al mismo tiempo, tristeza, frustración o incluso necesidad de tomar distancia?
Es absolutamente normal. Ellas están viviendo lo que yo querría, y además quizá yo llevo más tiempo intentándolo. No solo nos puede provocar malestar, sino también una cierta distancia, ya que ellas van a vivir una experiencia de la que estoy alejada, y quizá no puedo o no quiero verlo. También hay que poner en relevancia que la fertilidad no es justa y no es culpa de nadie. Y hay que intentar reforzar la idea de ser más cariñosas con nosotras mismas.
¿En qué momento este triple desgaste deja de ser una dificultad propia del proceso y se convierte en una situación que puede desbordar emocionalmente a la persona?
Cuando la incertidumbre ya va mucho más allá de la ilusión o de unos porcentajes de éxito sensatos, tanto en la búsqueda natural como si se hacen tratamientos de reproducción asistida.
¿Qué señales deberían hacer pensar que ha llegado el momento de pedir ayuda psicológica?
Lo primero, normalizar ir al psicólogo. Y después, intentar no ir al psicólogo cuando ya estamos en una situación muy mala o muy desgastados. Vamos a empezar un proceso vital muy intenso y lo ideal sería ir al psicólogo de la manita. No ir cuando estamos angustiados, frustrados o no vemos claras las cosas, sino ir antes.
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En base a tu experiencia profesional, ¿qué cree que se suele hacer mal a la hora de acompañar emocionalmente a las personas que están pasando por un proceso de fertilidad?
Creo que se hace muy poco acompañamiento emocional, pero poquísimo. Creo que las pacientes o las mujeres lo tendríamos que demandar más o buscar más por nosotras mismas. En los tratamientos de fertilidad, habría que buscar algún experto que nos acompañe fuera de la clínica.
También creo que se hace mal el control de las expectativas. Tanto desde la parte biológica del tratamiento, explicar bien los porcentajes de éxito y plantear un plan B, como en la parte emocional. No poner toda la energía en solo un tipo de tratamiento, sino abrir el abanico y ver que hay una probabilidad, y si no funciona, tengo otra. Trabajar un plan B hace cubrirnos una especie de red.
Marta Sánchez
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