El wētāpunga (Deinacrida heteracantha), el ortóptero más pesado del planeta, logró revertir su tendencia hacia la extinción gracias a un programa de cría en cautiverio que duró más de quince años en Nueva Zelanda.
En ese período, el Auckland Zoo y el centro Butterfly Creek criaron decenas de miles de ejemplares y realizaron 45 traslados que llevaron a más de 11.000 wētāpunga a diez nuevos sitios en estado salvaje.
Para el Departamento de Conservación, el resultado es contundente: el estado de conservación de la especie pasó de "Amenazada – En Peligro Nacional" en 2004 a "Amenazada – En Aumento Nacional" en 2022, según destacaron en un comunicado.
Cómo se frenó la extinción de un gigante
El declive del wētāpunga comenzó con la colonización europea, que destruyó su hábitat natural para la agricultura e introdujo ratas, armiños y otras especies invasoras.
Para fines del siglo XX, la especie había desaparecido de todos sus territorios originales salvo en la isla Te Hauturu-o-Toi (Little Barrier Island). Un plan de recuperación impulsado por el Departamento de Conservación de Nueva Zelanda reconoció en los años noventa que se necesitaba acción urgente.
Sin embargo, los relevamientos realizados entre 2005 y 2009 indicaron que esa población remanente era demasiado pequeña para permitir traslados directos. Eso derivó en la creación de un programa de cría ex situ: en 2010 y 2011 se liberaron los primeros ejemplares en las islas Motuora y Tiritiri Matangi del Golfo de Hauraki.
En 2012, el Auckland Zoo sumó una segunda colonia de cría que expandió el programa a escala industrial. Desde 2014 hasta 2025, el zoológico produjo y liberó 8.874 wētāpunga por sí solo.
El monitoreo intensivo en Motuora y Tiritiri Matangi confirmó algo decisivo: al menos cuatro generaciones de wētāpunga nacieron en esas islas de forma silvestre, lo que a nivel internacional se reconoce como prueba de que la especie se estableció con éxito.
El doctor Chris Green, investigador honorario del Departamento de Conservación y autor principal del estudio publicado en New Zealand Journal of Zoology, destacó el alcance histórico del programa.
"El artículo resume uno de los estudios de caso más completos sobre cría en cautiverio de invertebrados, traslado y recuperación de especies jamás realizado en Aotearoa Nueva Zelanda, quizás en el mundo", dijo Green.
El pueblo Ngāti Manuhiri, guardián ancestral del wētāpunga y mana whenua de Te Hauturu-o-Toi, acompañó el programa durante todo su desarrollo. Para esta comunidad, el wētāpunga es una especie taonga, es decir, un tesoro cultural.
Un modelo para otras especies en peligro
Green también señaló las proyecciones a futuro del conocimiento acumulado.
"El futuro del wētāpunga se ve prometedor. Lo que aprendimos ahora está orientando la cría del wētā gigante de Māhoenui en el Ōtorohanga Kiwi House. Hay muchos más invertebrados en peligro crítico que podrían beneficiarse de programas similares, como el gorgojo nudoso de Canterbury y varias especies nativas de ciervo volante", afirmó el investigador.
Los grupos comunitarios de restauración del norte de Nueva Zelanda también fueron piezas clave: aportaron financiamiento, organizaron liberaciones y sostuvieron el monitoreo continuo de las poblaciones trasladadas.
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