A sus 77 años, Elaine Yates hace cuentas constantemente para conseguir llegar a fin de mes. Vive sola en una zona rural de Northamptonshire, en Inglaterra, y después de enviudar hace cinco años su situación económica se volvió todavía más complicada.
Hay un gasto que, además, no puede eliminar: el combustible. La jubilada asegura que destina alrededor de 50 libras semanales, unos 58 euros, a la gasolina, una cantidad que incluso supera lo que puede gastar en comida.
El motivo tiene poco que ver con el ocio. Elaine padece artritis, no puede caminar grandes distancias y necesita su vehículo para desplazarse desde el pueblo donde vive.
Elaine padece artritis, no puede caminar grandes distancias y necesita su vehículo para desplazarse desde el pueblo donde vive. Foto: captura
El auto se lleva más dinero que la comida
Para Elaine, el automóvil se ha convertido en un gasto imprescindible pese a que su economía apenas tiene margen. Según explicó en el reportaje de la BBC recogido por OKDIARIO, llenar el depósito le supone unos 50 euros a la semana. La cantidad es superior a lo que puede destinar a alimentarse.
"Mi coche me cuesta un ojo de la cara", explica la jubilada al hablar de una situación en la que reducir los desplazamientos no resulta sencillo.
Su caso muestra una de las dificultades que pueden afrontar las personas mayores que viven en zonas rurales: servicios y comercios pueden encontrarse a una distancia que hace prácticamente indispensable disponer de un vehículo.
No puede caminar grandes distancias
Elaine no utiliza el automóvil simplemente por comodidad. Su artritis limita sus desplazamientos a pie y hace que recorrer largas distancias sea complicado. Por eso, aunque el precio de la gasolina supone una carga importante para su presupuesto, dejar el vehículo aparcado tampoco es una solución sencilla.
El auto le permite acudir a las tiendas y realizar las actividades cotidianas que necesita. Incluso, en algunas ocasiones, lleva a otros vecinos que tampoco disponen de transporte. El problema aparece cuando llegan a destino: mientras sus acompañantes pueden entrar en una tienda o hacer alguna compra, Elaine muchas veces tiene que esperar porque no dispone de dinero para gastar.
Hay días en los que apenas come
La falta de recursos también ha terminado afectando a su alimentación. Elaine explicó que no recuerda la última vez que encendió el horno para prepararse una comida caliente. Aunque tiene una freidora de aire, aseguró que llevaba semanas sin utilizarla.
En una de las jornadas descritas en el reportaje, contó que había comido únicamente dos tostadas, mientras que otros días toma cereales y fruta. Ella misma reconoce que no está cuidando adecuadamente su alimentación. La situación evidencia hasta qué punto los gastos básicos compiten entre sí cuando los ingresos no alcanzan.
Cinco años viuda y después de cuidar a su marido durante dos décadas
Elaine pasó alrededor de 20 años cuidando a tiempo completo de su marido. Tras su fallecimiento, hace cinco años, comenzó una nueva etapa en la que tuvo que afrontar sola los gastos del hogar.
La subida del coste de vida ha reducido todavía más su margen económico. La jubilada cuenta que hace mucho tiempo que dejó de comprar ropa y que tampoco recuerda la última vez que pudo darse un capricho. Incluso cuando acompaña a otras personas a realizar compras, puede quedarse fuera de las tiendas porque no puede permitirse gastar.
También limita el uso de la calefacción
El combustible del automóvil no es el único gasto que Elaine intenta reducir. Durante los meses de invierno, la jubilada apenas enciende la calefacción. Cuando lo hace, mantiene el termostato en torno a los 13 grados, una medida que utiliza para reducir la factura energética.
De esta manera, alimentación, transporte y energía terminan compitiendo por un presupuesto muy reducido.
Su historia forma parte de un problema más amplio
El caso de Elaine aparece dentro de un reportaje de la BBC sobre las dificultades económicas que afrontan los hogares británicos con menores ingresos. Según los datos citados, un 62% de las familias incluidas en el análisis había sido incapaz de pagar algún producto o gasto esencial durante los seis meses anteriores. Además, casi la mitad de las personas encuestadas aseguró haber tenido que saltarse alguna comida o reducir las cantidades para ahorrar.
El seguimiento de la pobreza al que hace referencia el reportaje fue elaborado por la Joseph Rowntree Foundation a partir de unas 4.000 personas pertenecientes al 40% de los hogares con menores ingresos.
75-Year-Old Former Carer Keeps Her Heating at 13C After Losing Winter Fuel Payment
Un gasto que no puede eliminar
La historia de Elaine muestra una paradoja especialmente difícil: uno de los gastos que más pesa sobre su economía es precisamente uno de los que no puede eliminar.
Podría reducir la calefacción, comprar menos ropa o limitar la comida, pero renunciar al automóvil supondría perder parte de su autonomía debido a la artritis y a las distancias que debe recorrer desde su pueblo.
Por eso continúa destinando alrededor de 58 euros semanales a gasolina, incluso cuando esa cantidad supera lo que puede gastar en comida. Su caso pone rostro a un problema que va más allá del precio del combustible: para algunas personas mayores que viven en zonas rurales, mantener un vehículo no es un lujo, sino una condición necesaria para poder desplazarse, comprar alimentos y conservar cierta independencia.
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