Peter Hegemann es uno de los tres científicos que ganaron el Premio Nobel de Medicina 2026. Al igual que el estadounidense Karl Deisseroth y su compatriota alemán Georg Nagel, fue reconocido por su trabajo en optogenética. Específicamente “por el descubrimiento de un interruptor molecular para las células nerviosas” que algún día podrían conducir a tratamientos para trastornos neurológicos y sensoriales.
Hegemann nació en Münster, Alemania, en 1954. Estudió química en la Universidad de Münster y en la Universidad Ludwig Maximilian de Múnich y obtuvo su doctorado en bioquímica en 1984. Su carrera pasó por la bioquímica, la fisiología vegetal, la biofísica y las neurociencias.
Su trabajo con la microalga Chlamydomonas fue decisivo para identificar las canalrodopsinas, proteínas que reaccionan a la luz. Junto con Nagel ayudó a demostrar que podían emplearse para volver fotosensibles otras células. Ese hallazgo abrió el camino a la optogenética.
Deisseroth llevó después las canalrodopsinas a las neuronas y mostró que era posible activar señales nerviosas mediante pulsos de luz, una herramienta que transformó la investigación del cerebro.
¿Hasta dónde puede llegar la optogenética?
“Nunca se sabe dónde están los límites. Los límites los establece la próxima generación”, dijo Hegemann cuando la editora de la revista científica Cell le preguntó en 2021 hasta dónde podía llegar la optogenética.
Hegemann da clases de neurociencia en la Universidad Humboldt de Berlín. Foto: EFE
La respuesta del investigador alemán iba más allá de su propio campo. Hegemann sostuvo que los científicos jóvenes encontrarán cosas que su generación ni siquiera puede imaginar, de la misma forma que él y sus colaboradores terminaron haciendo descubrimientos que no habían previsto cuando comenzaron a estudiar cómo reaccionaban las algas ante la luz.
En la entrevista recordó que pasaron unos 15 años entre las primeras mediciones eléctricas realizadas en algas y la identificación de la proteína que buscaban. Durante buena parte de ese período, explicó, pocos investigadores respaldaban la hipótesis del equipo y conseguir financiación tampoco era sencillo: estudiar la electrofisiología de algas verdes no era uno de los campos de moda.
Hegemann también contó que una de sus hipótesis centrales encontró resistencia. Él y su equipo sospechaban que el receptor de luz y el canal de iones podían formar una misma unidad, una posibilidad que otros especialistas consideraban improbable. El trabajo junto con Nagel permitió después demostrar que esos fotorreceptores eran canales iónicos activados por la luz.
Cuando Cell le preguntó por las próximas aplicaciones de la optogenética, Hegemann puso como ejemplo los intentos de utilizar canalrodopsinas en plantas. Durante años los experimentos no dieron resultado, hasta que un equipo encontró una solución distinta al problema. Para él, ese tipo de avances muestran por qué es difícil anticipar qué uso tendrá mañana un descubrimiento básico.
El edificio principal de la Universidad Humboldt en Berlín, Alemania, donde da clases Hegemann. Foto: EFE
También aventuró que la luz quizá no sea siempre el instrumento elegido para trabajar con el cerebro humano. Debido a las dificultades para hacerla penetrar en un órgano grande y oscuro, planteó que futuras generaciones podrían explorar otras herramientas, entre ellas el ultrasonido, las ondas de radio o el magnetismo para activar proteínas.
En otro tramo dejó una advertencia sobre la forma de orientar la investigación. No conviene tener una mirada demasiado corta, sugirió. Como ejemplo, mencionó la capacidad de las aves para orientarse mediante el campo magnético terrestre. Comprender qué mecanismo molecular permite esa especie de brújula natural podría abrir aplicaciones que hoy ni siquiera se conocen.
Deisseroth, de 54 años, es profesor en la Universidad de Stanford, mientras que Hegemann, de 71, da clases de neurociencia en la Universidad Humboldt de Berlín. Nagel, de 73, es profesor de biofísica en la Universidad de Würzburg.
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