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Fran Díaz, rescatista y creador de la Fundación Animal Rescue: "Siempre digo que tengo una especie de imán porque, vaya donde vaya, termino encontrándome animales que necesitan ayuda"

Fran Díaz, rescatista y creador de la Fundación Animal Rescue: "Siempre digo que tengo una especie de imán porque, vaya donde vaya, termino encontrándome animales que necesitan ayuda"

A los 16 años pasó de ser voluntario a vivir y trabajar directamente en una protectora; tiempo después, dar forma a su Fundación fue dar una estructura propia a un oficio que lleva

Fran Díaz tiene 33 años, vive en Madrid y se define como rescatista de animales. Trabaja en Fundación Animal Rescue, la organización que creó en 2015 tras años de rescates, convivencia directa con la realidad de las protectoras y voluntariado.

Su historia con los animales empezó mucho antes de que aquello pudiera convertirse en profesión. Solo sabe que, cuando ve un animal que necesita ayuda, le es imposible mirar a otro lado.

A los 15 años empezó a colaborar con distintas protectoras. Limpiaba, ayudaba en rescates y hacía aquello que fuera necesario. En su familia nunca le pusieron problemas para ayudar a los animales, aunque sí había un límite evidente: no podía llevárselos todos a casa.

Aquella limitación le hizo comprender muy pronto algo esencial: recoger a un animal es solo una parte del rescate. Después hay que encontrar un lugar, atenderlo y asumir todo lo que viene detrás.

Por eso, en 2015 creó su fundación y hoy sigue dedicado a esa misma tarea que comenzó casi por instinto durante su adolescencia.

"Me iba encontrando animales en la calle y trataba de ayudarlos"

-¿Cómo se define profesionalmente?

-Soy rescatista de animales. Es mi profesión y trabajo en Fundación Animal Rescue. Me dedico a rescatar animales y, en mi caso, no es únicamente una actividad voluntaria ni algo que haga en mis ratos libres, sino mi trabajo.

Con los años, algo que empezó de una forma muy natural terminó convirtiéndose en mi forma de vida. He pasado por diferentes etapas, desde el voluntariado hasta trabajar y vivir en una protectora, y todo ese recorrido me ha llevado hasta lo que hago hoy.

Fran Díaz creó su Fundación en 2025. Foto: Cedida/La Vanguardia

-¿Cuándo empieza realmente su historia con los animales?

-Empieza desde pequeño, aunque más o menos a los 15 años es cuando comienzo a rescatar animales de una forma más consciente. Me iba encontrando animales en la calle y trataba de ayudarlos.

No hubo un día concreto en el que dijera que quería dedicar mi vida a esto. Fue algo progresivo. Aparecía un animal, intentaba resolver la situación y, poco a poco, fui entrando cada vez más en este mundo. Primero eran casos concretos y después empezó a convertirse en una implicación mucho más continua.

-¿Por qué cree que tenía ese instinto siendo tan joven?

-La verdad es que no sé muy bien de dónde viene. Siempre digo que tengo una especie de imán porque, vaya donde vaya, termino encontrándome animales que necesitan ayuda. No es que salgas a buscarlos necesariamente, pero de alguna manera aparecen.

Y cuando ves que un animal está en una situación complicada o necesita ayuda, en mi caso no puedo hacer como si no lo hubiera visto. Una vez que eres consciente de lo que ocurre, ya no puedes simplemente girar la cabeza y seguir adelante.

-¿Su familia aceptaba esa relación tan intensa con los animales?

-Sí. En mi familia nunca me pusieron obstáculos para ayudar a los animales. Eso siempre lo tuve. Otra cosa era llevarlos a casa, porque ahí evidentemente había un límite. Podía colaborar, podía implicarme, podía ayudar, pero no podía convertir la casa familiar en el lugar al que llevar cada animal que encontraba.

Y eso también me obligó a buscar otras vías para poder ayudar, porque cuando te encuentras un animal y no puedes llevarlo a casa, tienes que encontrar otra solución.

"Una protectora necesita funcionar todos los días"

-¿Ahí empiezan las protectoras?

-Sí. Empecé a colaborar con diferentes protectoras aproximadamente a los 15 años. Iba como voluntario y hacía lo que necesitaban. Limpiaba, ayudaba en rescates y participaba en las tareas que hubiera que hacer. Eso me permitió empezar a entender que el trabajo con los animales tiene una parte que mucha gente quizá no ve.

No consiste solo en estar con ellos o en el momento bonito de un rescate. Hay limpieza, organización, mantenimiento y muchísimas tareas que forman parte del cuidado diario. Todo eso también es protección animal.

-¿Qué descubre en esa primera etapa como voluntario?

-Descubres que detrás de cada animal hay mucho trabajo. Al principio puedes imaginar que lo principal es encontrarlo y ponerlo a salvo, pero muy pronto entiendes que eso solo es el comienzo. Una protectora necesita funcionar todos los días.

Hay animales que alimentar, espacios que limpiar y situaciones que resolver. Y también descubres que los recursos no son infinitos. Puedes tener toda la voluntad del mundo, pero si no hay sitio o no tienes medios suficientes, ayudar se vuelve mucho más difícil.

-¿Cuándo empieza a encontrarse con el problema de la falta de espacio?

-Muy pronto, porque yo seguía encontrándome animales y quería ayudar a todos los que podía, pero llegaba un momento en que las protectoras estaban llenas. No había sitio. Y entonces aparece una situación muy frustrante: tienes delante un animal al que quieres ayudar, pero no sabes dónde llevarlo.

Yo iba generando, por decirlo de alguna manera, un montón de "marrones", de situaciones complicadas, porque aparecían animales, animales y más animales, y cada uno necesitaba una solución.

-Cuando habla de esos “marrones”, ¿se refiere a que cada rescate genera una responsabilidad posterior?

-Claro. Recoger a un animal no significa que el problema esté resuelto. Muchas veces ahí empieza todo. Tienes que saber dónde va a estar, quién lo va a atender y qué se puede hacer después. Yo me encontraba con animales y quería ayudarlos, pero si las protectoras no tenían sitio, el problema seguía existiendo.

Por eso fui entendiendo que rescatar no es solo sacar a un animal de una situación concreta, sino asumir lo que viene después. Sin esa continuidad, el rescate se queda a medias.

-¿Eso hizo que se implicara cada vez más?

-Sí. Empecé a colaborar de una manera más activa porque cada vez entendía mejor las necesidades reales que había. Cuando estás desde fuera puedes pensar que todo depende de la buena voluntad, pero cuando empiezas a estar dentro descubres que hace falta organización, espacio y mucha constancia.

Yo quería seguir ayudando y también quería aprender cómo se hacía todo aquello. Cada caso que aparecía me hacía implicarme un poco más.

-Y con 16 años toma una decisión muy poco habitual: irse a vivir y trabajar a una protectora.

-Sí. A los 16 años me fui a trabajar y a vivir durante dos años en una protectora. Fue un paso importante porque ya no era simplemente ir unas horas como voluntario.

Pasé a estar allí, a convivir con esa realidad y a entender de una manera mucho más directa todo lo que implica cuidar animales y mantener una protectora funcionando. Para mí fue una experiencia muy intensa y también una etapa en la que aprendí muchísimo desde la práctica.

-¿Qué cambia cuando deja de acudir como voluntario y pasa a vivir allí?

-Cambia la perspectiva completamente. Como voluntario puedes estar unas horas, hacer unas tareas y después regresar a tu casa. Cuando vives allí, la realidad de los animales forma parte de todo tu día. Ves que siempre hay algo que hacer y que los problemas no desaparecen cuando termina un turno.

Aprendes también que un animal no es un caso aislado que resuelves y ya está, sino una responsabilidad que continúa. Esa convivencia diaria te hace entender el trabajo de otra manera.

-¿Considera aquellos dos años una especie de formación profesional?

-Sí, aunque fue una formación desde la experiencia, no desde un planteamiento académico. Aprendí haciendo. Primero había empezado rescatando animales que encontraba, después colaboré como voluntario y luego tuve la oportunidad de vivir y trabajar directamente en una protectora.

Todo fue muy progresivo. No tenía un plan perfectamente diseñado, pero cada etapa me preparó para la siguiente y me permitió conocer mejor un mundo al que cada vez estaba más vinculado.

Su historia con los animales comenzó de pequeño. Foto: Cedida/La Vanguardia

"Crear la fundación fue una manera de dar una estructura propia a una actividad que ya llevaba muchos años formando parte de mi vida"

-¿En aquel momento ya pensaba en crear una organización propia?

-No necesariamente. Cuando tienes 16 años y estás metido en todo eso, no estás pensando en lo que vas a crear muchos años después. Yo estaba centrado en ayudar, en aprender y en resolver los problemas que aparecían.

La idea de tener una estructura propia llega después, con la experiencia acumulada y con la necesidad de disponer de más herramientas para poder atender los casos que seguían apareciendo.

-¿Cuándo da finalmente ese paso?

-En 2015 creo Fundación Animal Rescue. Para mí es la consecuencia de todo el recorrido anterior. No aparece de la nada. Yo llevaba años colaborando con protectoras, había vivido y trabajado en una de ellas y conocía de primera mano el problema de encontrarte animales y no tener dónde llevarlos.

Crear la fundación fue una manera de dar una estructura propia a una actividad que ya llevaba muchos años formando parte de mi vida.

-¿Qué significa para usted que hoy el rescate sea su profesión?

Significa que aquello que empezó siendo una reacción casi instintiva ante animales que encontraba en la calle terminó convirtiéndose en mi trabajo. Sigo haciendo algo que, en el fondo, nace del mismo lugar que cuando tenía 15 años: ves un animal que necesita ayuda y quieres hacer algo. Lo que cambia es que ahora hay más experiencia y una estructura detrás.

También entiendes mucho mejor las responsabilidades que implica cada caso y que no basta con tener buena voluntad.

-¿Qué queda hoy del Fran de 15 años?

-Queda mucho. Evidentemente, ahora tengo más experiencia y he vivido muchas situaciones, pero la base sigue siendo la misma. Sigo teniendo esa sensación de que, si veo un animal que necesita ayuda, no puedo simplemente pasar de largo. Quizá ahora sé mejor qué hacer y cómo organizarme, pero el motivo por el que me detengo sigue siendo prácticamente el mismo.

-¿Y sigue teniendo ese famoso “imán”?

-Sí, eso no ha cambiado. Vaya donde vaya, parece que termino encontrándome algún animal que necesita ayuda. A veces casi parece una broma, pero ha sido así durante muchos años. Supongo que también tiene que ver con que estás más pendiente y detectas situaciones que otras personas quizá no ven. Pero sí, el imán sigue funcionando.

David Escamilla, La Vanguardia

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Fran Díaz, creador de la Fundación Animal Rescue.


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