La Formación Jiufotang, el yacimiento geológico que se encuentra en Liaoning, al noreste de China, es uno de los reservorios fósiles más famosos del mundo. Durante una excavación un grupo de investigadores italianos, eslovacos y chinos descubrieron los restos de una nueva especie de dinosaurio plumífero.
Los investigadores lo bautizaron con el nombre de "Norellraptor barsboldi", en honor a dos paleontólogos fallecidos el año pasado: el estadounidense Mark Norell (1957-2025) -de ahí lo de 'norellraptor', y el mongol Rinchen Barsbold (1935-2025) -por eso el complemento 'barsboldi'-.
Tal como destaca un artículo de The New York Times, Norell fue una eminencia de la dinosauriología, mientras que Barsbold fue de los primeros en demostrar que las aves tienen su origen en los dinosaurios.
Norell estuvo a cargo de la división de paleontología del Museo Americano de Historia Natural y buscó fósiles en China, Chile, Argentina, Rumanía, el Sáhara y Mongolia.
Barsbold, por su parte, fue un emblema en la paleontología de su país y del continente, donde llegó a ser presidente honorario de la Asociación Asiática de Dinosaurios.
Pequeños depredadores: cómo eran los Norellraptor barsboldi
Gracias al análisis de los huesos determinaron que los restos recuperados pertenecían a un ejemplar joven, excepcionalmente bien conservado, de alrededor de tres años de edad.
Los Norellraptor barsboldi eran pequeños depredadores plumíferos que podían volar y vivieron durante el Cretácico Inferior, entre 120 y 125 millones de años atrás.
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Eran familiares lejanos de los velociraptores en un tamaño más reducido. El ejemplar de esta nueva especie de microrraptorino medía alrededor de 57 centímetros de longitud, de los cuales 32 centímetros eran solo de cola.
La revista Nature Communications destacó el hallazgo en un artículo y la divulgación reavivó la brecha científica sobre el origen de la capacidad de vuelo en distintas especies de dinosaurios aviares y no aviares.
Desde hace décadas los paleontólogos debaten si la capacidad de volar o planear surgió una sola vez en el ancestro común de los Paraves, el grupo que incluye a los microrraptorinos y las aves, o si las características necesarias para volar evolucionaron de forma independiente y convergente en múltiples ocasiones.
La evolución de los dinosaurios aviares y no aviares sigue siendo un debate abierto. Foto: Captura video (Mostoc Documentales Cortos)
El gran interrogante de cómo los dinosaurios conquistaron los cielos permanece abierto en la comunidad de expertos. Los fósiles descubiertos hasta ahora muestran que algunos microrraptorinos tenían plumas largas, tanto en las extremidades anteriores como en las posteriores, lo que sugiere que podrían haber estado adaptados para el vuelo.
El llamativo patrón osteohistológico de los Norellraptor barsboldi
Al aplicar una fórmula matemática y estadística, conocida como prueba de correlación de Spearman, los paleontólogos postularon que las aves modernas y los microrraptorinos desarrollaron un "aparato de vuelo similar", pero sin necesidad de compartir un origen en común.
Tras comparar las características de vuelo del nuevo fósil con las de otros microrraptorinos y con las del linaje de las aves primitivas (Avialae), descubrieron que estos pequeños carnívoros y las aves primitivas comparten 57 características morfológicas relacionadas con el vuelo, es decir el 30% de sus rasgos físicos.
Pese a compartir ese gran número de estructuras, los investigadores creen que las aves y dinosaurios no heredaron un "mapa de diseño" único, sino que desarrollaron la capacidad de desplazarse por los aires de manera "independiente y convergente", en respuesta a necesidades similares y a distintas presiones evolutivas.
Para los autores del estudio la prueba principal de esa separación está en el orden en que evolucionaron sus cuerpos, completamente opuesto. En el linaje de las aves la evolución transformó primero la cintura pectoral y las articulaciones del ala antes de modificar la mano.
Restos de las manos y patas del "Norellraptor barsboldi", dinosaurio plumífero. Foto: www.nature.com/Andrea Cau et al
En cambio, en los microrraptorinos, como el Norellraptor, las primeras transformaciones consistieron en acortar los huesos de los dedos para reducir su función de agarre. Y mucho tiempo después surgieron el esternón alargado y las modificaciones en los hombros.
Esta divergencia en la secuencia temporal de cambios podría demostrar que no existía un modelo genético latente o compartido que guiara a ambos grupos.
A su vez, el análisis microscópico de los huesos del brazo de Norellraptor mostró que sus extremidades crecían a ritmos discontinuos y muy particulares.
Ese patrón osteohistológico difiere de los mecanismos de desarrollo que se ve en las aves voladoras actuales, lo que para los investigadores confirma que las alas de los microrraptorinos se formaron bajo sus propias dinámicas biológicas.
El profesor Jesús Marugán, especializado en evolución y morfología de vertebrados de la Universidad Autónoma de Madrid -que no participó del estudio- indicó que esa conclusión todavía no está del todo comprobada.
El paleontólogo argumentó que a pesar de que la investigación profundiza de manera muy detallada la anatomía de la nueva especie, hay algunas inferencias que son muy difíciles de probar.
"¿Cómo saber con certeza que surgieron de forma independiente y no de algún ancestro común con las aves primitivas? Todavía no hay una respuesta definitiva", manifestó Marugán en diálogo con el diario español El País.
El nuevo estudio desmonta el paradigma del origen único del vuelo y plantea la hipótesis de que la capacidad de volar no fue un invento único en la historia de los dinosaurios, sino más bien un "experimento evolutivo" que la naturaleza repitió con éxito por caminos totalmente distintos.
Con información de la agencia EFE.
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