Cada primavera Markus, de 25 años, realiza un trabajo que hoy día no es tan escuchado: es pastor. Y nada menos que en condiciones desafiantes en los Alpes, como lo es el ascenso de 3.000 metros de altitud, además ríos y un glaciar que atravesar.
En ese recorrido debe guiar a 1400 ovejas desde Tirol del Sur, Italia, llegando a Austria en otoño. El peligro le está muy cerca. "Un resbalón y estás perdido", dijo al medio DW. "Pero aun así, es algo muy especial. Para mí, es un honor formar parte de ello".
Es que el joven cumple con una tradición familiar, siendo que sus antepasados cuidaban de animales en los pastos de montaña.
Un trabajo que viene de familia
Markus realiza las mismas tareas que antes estuvieron a cargo de su abuelo. De hecho, en la cabaña ubicada en el punto de partida del arduo recorrido se encuentra una placa con los nombres de los pastores precedentes. Y el joven quiere mantener la tradición sumando su nombre a esa lista.
En tiempos de verano, cuarenta ganaderos le pagan a Markus por cuidar a sus ovejas. Por esta razón, en invierno el joven se busca otro trabajo. Pero durante meses tiene asegurado el cuidado de estos animales, tanto sanos como enfermos. Mientras tanto, su hermano Johann se encarga de la granja familiar en el valle de Schnalstal.
En el trayecto por la naturaleza el riesgo es tanto para el ser humano como para los animales: caídas y desprendimientos de rocas así como rayos son algunos de los escenarios más indeseados que pueden acontecer.
“La montaña siempre se cobra su tributo. Siempre pierdes algo”, dice sin estupor el veinteañero a la cadena de noticias alemana DW. En este contexto, su responsabilidad es mayúscula: debe conseguir que 1.400 ovejas se desplacen del norte de Italia hasta los pastos de montaña en Austria.
Lo hace con la mera compañía de su perro. Sin embargo, tiene a su favor el ser conocedor de la trashumancia –el movimiento estacional de ganado- desde pequeño. Define al trayecto como “el único en el que se cruza un glaciar y una frontera nacional”.
La nieve está entre sus preocupaciones. “Un resbalón tonto y no lo cuentas”, recalca. Por otra parte, no siente la soledad como algo negativo. En su cabaña tiene cocina de gas, agua, y electricidad. Cada mañana disfruta un café con una vista asombrosa.
Luego del desayuno, hace una ronda para comprobar el estado de los animales. El área abarca nada menos que 1.000 hectáreas.
Albañil de formación, su pasión está en el bienestar animal. “Me hace feliz ver a los animales bien”, resalta.
Una tradición de 6.000 años
Por otra parte, también en la provincia italiana de Bolzano, Thomas y sus compañeros llevan hacia adelante al ganado no sin olvidar que en años anteriores algunos animales cayeron en la ruta.
La historia de este hombre, que habla alemán, comparte con el resto de sus colegas el apoyo en la tradición. Asimismo, cría a sus ovejas para autoabastecerse, según dijo al destacado documental.
Ocurre que desde hace 6.000 años los pastores cruzan los Alpes con sus animales.
Peligrosas rutas en los Alpes - Pastores que no temen al riesgo | DW Documental
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