Desde la época del imperio romano hasta la actualidad, una especie de tortuga ha sido cazada históricamente para el comercio de su caparazón.
La tortuga de carey (Eretmochelys imbricata) es una especie de tortuga marina de la familia de los quelónidos que normalmente se encuentra en los alrededores de los arrecifes costeros, zonas rocosas y corales de las aguas tropicales y subtropicales.
Hace exactamente 30 años que la especie está catalogada en peligro crítico de extinción. Hoy, algunas proyecciones estiman que tan solo quedan alrededor de 25 mil hembras anidando en todo el mundo y los trabajos de conservación luchan por mantener con vida a las poblaciones restantes.
¿Por qué su caparazón es tan atractivo?
Las tortugas de carey son de tamaño mediano con respecto a otras tortugas marinas: pueden llegar a medir entre 60 y 114 centímetros, y pesan entre 45 y 90 kilogramos.
Las tortugas de carey son perseguidas desde la antigüedad. Foto: Rickard Zerpe CC BY-SA 4.0
Se alimentan principalmente de esponjas marinas, aunque también de otros organismos, como de tunicados (animales marinos que se encuentran adheridos a rocas).
Su principal atractivo es el caparazón que ocupa gran parte de su cuerpo y que está formado por carey.
Este material resistente, compuesto por queratina y formado por capas superpuestas entre sí, constituye una estructura protectora que recubre el caparazón óseo y que le da una enorme resistencia frente a choques o factores externos.
Además, su caparazón presenta una variedad de colores que van desde tonalidades de amarillo y ámbar hasta el marrón oscuro y negro.
Durante cientos de años, los humanos cazaron a esta especie para fabricar peines, anteojos, joyas y otros objetos decorativos de lujo.
Su caparazón es muy resistente. Foto: Diego Delso CC BY-SA 4.0
En el libro Naturalis Historia, escrita por Plinio el Viejo en el 77 d. C. ya se describía cómo, en la época de los romanos, sus caparazones eran utilizados para crear objetos.
"Carvilius Pollio ideó cortar el carey en láminas y revestir con él camas y cofres, un genio y astuto creador de objetos de lujo", escribió Plinio.
Japón: el principal destino de los caparazones de carey
Los años pasaron y los humanos continuaron cazando a la especie para el comercio de su caparazón.
Tanto en Japón como en la Europa del siglo XVII se popularizó la talla de carey y se facilitó el comercio mediante la expansión de las redes coloniales.
La especie alcanza su madurez sexual entre los 20 y los 30 años. Foto: Diego Delso CC BY-SA 4.0
Se dice que la moda por el elemento traslúcido de color miel en Japón surgió bajó el gobierno de Tokugawa Leyasu, en el siglo XVII. Él ordenó que le fabricaran un nuevo par de lentes con un marco que tuviera el delicado material del caparazón de una tortuga carey.
A partir de ese entonces, la mayoría de los japoneses quiso tener algo relacionado con ese elemento caracterizado por sus bonitos tonos marrones, naranjas y blancos, y los artesanos comenzaron a utilizarlo en todos sus productos.
Así fue que Japón se convirtió en el principal destino de los caparazones, donde la industria de Bekko (de material de carey) fue sumamente popular.
Una investigación publicada en la revista Science Advances estimó que, entre 1844 y 1992, el principal importador de caparazones de carey fue Japón (80,2%), seguido de Hong Kong (11,4%) y Singapur (2,2%).
En las últimas tres generaciones, su población se redujo un 80%. Foto: Diego Delso CC BY-SA 4.0
Se estima que nueve millones de tortugas de carey fueron cazadas
El informe reveló, también, que durante esos años, alrededor de nueve millones de tortugas de carey fueron capturadas y asesinadas para el comercio.
"Encontramos que las redes comerciales concentradas en el sudeste asiático capturaron nueve millones de tortugas. Estas redes se extendieron desde dentro del Pacífico hasta las cuencas del Índico y el Atlántico, y se volvieron notablemente más complejas después de 1950", informaron los investigadores.
En 1977, la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas (CITES) prohibió la caza para la comercialización de las tortugas de carey.
La mayoría de los países prohibieron la comercialización de la especie a través de la adhesión a CITES a finales de los años 70 y principios de los 80. Sin embargo, Japón se opuso a esa prohibición hasta 1992.
La pesca furtiva es una amenaza para la especie. Foto: Science Source
En la actualidad, en el pequeño pueblo pesquero de Enoshima -48 kilómetros al sur de Tokio- y en otras localidades costeras, se siguen exhibiendo tortugas marinas disecadas en las vitrinas de las tiendas, según informó National Geographic.
A pesar de los esfuerzos por frenar la caza de estas tortugas, su población continuó disminuyendo.
En 1996, la Union Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) catalogó a la especie en peligro crítico de extinción.
Tres años después, el Grupo de Especialistas en Tortugas Marinas de la UICN/SSC informó que, durante las últimas tres generaciones (105 años aproximadamente), se había perdido el 80% de su población en todo el mundo.
Tortugas recién nacidas en la isla de Sentosa, en Singapur Foto: AFP
La población del Pacífico se creía extinta, pero aparecieron nidos de carey en Nicaragua
Durante muchos años, la especie se creyó extinta en las costas del Pacífico, ya que esta población había sido históricamente la más afectada por la caza indiscriminada.
Sin embargo, a principios de la década de 2010, se encontraron nidos de carey en una región costera en Nicaragua.
El descubrimiento fue un boom para todas las organizaciones dedicadas a la conservación de tortugas marinas. Una de ellas decidió involucrarse con un proyecto específico para las tortugas de carey, fue el Centro de Rescate de Especies Marinas Amenazadas (CREMA).
Pueden llegar a vivir hasta cinco décadas. Foto: Diego Delso CC BY-SA 4.0
CREMA es una Organización no Gubernamental (ONG) que se sustenta únicamente a base de donaciones y cuyo objetivo máximo es proteger, conservar y propiciar un manejo ecosistémico de los recursos marinos.
Entre sus trabajos, se encuentra el proyecto Hawksbill, un programa de monitorización de población, crecimiento y alimentación de tortugas de carey en la costa del pacífico de Costa Rica.
Los inicios de proyecto Hawksbill
De la mano de Daniel Arauz Naranjo, Director Ejecutivo de CREMA y licenciado en la Universidad de Cambridge con un Máster en Liderazgo en Conservación, la organización comenzó a encontrar individuos en el norte de las costas del Pacífico costarricense.
Daniel Arauz Naranjo junto a una tortuga de carey. Foto: Niels Prinssen, Rich Coast Diving
En diálogo con Clarín, explicó cuáles son los objetivos del proyecto, remarcó cuáles son los peligros que las tortugas aún enfrentan y lanzó un mensaje hacia las comunidades locales y a todo aquel que quiera realizar un aporte para contribuir a la preservación de la especie.
"Una de las primeras preguntas era ver qué tanta área estaban utilizando en estos arrecifes y de qué se estaban alimentando", comentó.
"Empezamos a ir a los arrecifes a capturarlas, a ponerles unas placas metálicas, les poníamos una marca acústica, que emite un bip cada cinco minutos con una frecuencia muy alta, lo que nos permite rastrear a las tortugas con un hidrófono para ver cómo se están moviendo en el arrecife", detalló el conservacionista.
Gracias a este proceso de monitoreo, la organización ha logrado, hasta ahora, identificar alrededor de 100 individuos diferentes solo en la parte norte de Costa Rica.
Las marcas acústicas permiten rastrear a los individuos. Foto: Niels Prinssen, Rich Coast Diving
Actualmente, continúan averiguando qué otros puntos y zonas de Costa Rica pueden ser importante para la observación de estos ejemplares juveniles.
Además de realizar un seguimiento, también analizaron su alimentación. "De una forma ética las hacíamos vomitar y les hacíamos un lavado estomacal para poder ver de qué se estaban alimentando", contó el experto.
Y reveló: "Gracias a este trabajo, uno de los descubrimientos que pudimos detectar era que se estaban alimentando de un grupo de animales que se llaman tunicados, que son unos organismos que se pegan a las rocas".
También dio a conocer que han identificado dos sitios de alimentación que no están reportados en la ciencia y esperan publicar el hallazgo en un paper a fin de año.
Daniel evaluando a un ejemplar capturado. Foto: Niels Prinssen, Rich Coast Diving
Los peligros que todavía enfrentan las tortugas de carey
Consultado sobre los peligros que enfrenta la especie, Arauz Naranjo fue contundente: "La caza ilegal todavía es un problema muy grande. Japón es un país donde todavía se permite la cacería y ellos todavía producen productos de carey. En Centroamérica todavía es muy común que se dé la caza furtiva para hacer productos, adornos, todavía encuentras caparazones de carey en las casas de la gente".
"Al ser una especie que está muy cerca de la costa son muy susceptibles a la pesca no sostenible o pesca ilegal. A veces en la pesca legal las tortugas caen en las redes. Las pesquerías y la caza furtiva yo diría que todavía son las amenazas más importantes para esta especie", apuntó.
Entre los proyectos a futuro, el especialista se entusiasma al explicar que están impulsando mucho la parte comunitaria en las regiones costeras, cercanas a pescadores y empresas turísticas.
"La meta para mí sería que estas comunidades adopten a la tortuga de carey como una bandera, como las mascotas de estas comunidades", destacó.
El experto sugiere adoptar a la tortuga como una bandera. Foto: Niels Prinssen, Rich Coast Diving
"Mi meta de aquí a unos cinco o diez años es que uno pueda llegar a estas comunidades y que ellos hayan abrazado a la tortuga de carey como un símbolo. Que en vez de ser responsables de la extinción de esta especie más bien podamos ser los responsables de la recuperación de estas poblaciones y que esta se convierta en una historia de éxito", expresó con ilusión.
Otro de los proyectos, es empezar un programa de marcaje satelital para llevar adelante un mejor monitoreo del movimiento de las tortugas. El costo de cada marca satelital es de tres mil dólares en promedio y se puede colaborar con la organización a través de donaciones por medio de su página web.
Para finalizar, Arauz Naranj dejó una reflexión sobre el valor y el compromiso de las comunidades con el proyecto.
"Con estas tortugas tenemos la posibilidad de tener una historia muy positiva. En este momento el mundo está muy complicado, tenemos malas noticias todo el tiempo y tener historias como estas y darle la posibilidad a las comunidades de que sean parte me parece que es lo realmente valioso", concluyó.
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