Triatleta, emprendedor, padre de siete hijos, abuelo de dos nietos y marido hace 33 años de Rocío. Esos son los títulos que ostenta con orgullo Javier Arambarri. Tiene 50 años, vive en Madrid y entrena para un desafiante proyecto que espera concretar en 2027.
En una entrevista con Mundo Deportivo, contó cómo empezó a llevar una vida fitness, determinada por los valores de disciplina, planificación, constancia y compromiso.
La filosofía deportiva que marcó su infancia
Su faceta de deportista llegó mucho antes que la del emprendedor. "Mi primer emprendimiento llegó cuando tenía 25 años y para ese entonces yo ya llevaba muchísimo tiempo haciendo deporte", explicó.
Juega al baloncesto y al fútbol desde que era niño y nunca dejó de hacer ejercicio. "Mi padre fue jugador del Estudiantes y eso evidentemente marcó mucho mi infancia, pero además midiendo 1.92 metros, era bastante natural que yo terminara jugando", reconoció.
Esa educación deportiva le brindó aprendizajes que aplicó por fuera de la cancha. "Compartir objetivos, convivir con personas muy distintas, gestionar egos, aceptar que no siempre eres el protagonista, trabajar por algo colectivo y entender que los resultados no dependen únicamente del talento, sino de la constancia y del trabajo", manifestó.
Javier Arambarri junto a su familia. Foto: Instagram @javierarambarri
"Antes de saber lo que significaba montar una compañía, ya sabía lo que significaba pertenecer a un equipo", indicó. Su vida dio un giro en 2016, después de decenas de emprendimientos, cuando cofundó junto a Evaristo Babé, una plataforma gestión de flotas vehiculares llamada Pulpo, que creció de forma exponencial hasta lograr presencia en 12 países.
"Nadie me enseñó a gestionar el dinero. Lo aprendí a golpes. Me expulsaron de dos colegios y a mis 16 años contaba monedas para llegar a fin de semana", rememoró.
A esa edad vivía solo en Estados Unidos, a donde sus padres lo habían enviado a estudiar y aprender inglés. Sonó el teléfono y era su papá, que le contaba que se iba a de la casa porque se había divorciado de su madre.
"No tenía a nadie y solo pude salir en el coche y largarme a llorar porque no entendía", explicó. "Con 20 años firmé contratos sin entenderlos. Con 25 años cometí errores que me costaron caro. Y nadie en casa ni en el colegio me había preparado para eso", confesó.
"Hoy mis hijos saben lo que cuesta una hipoteca, saben lo que es ahorrar para algo que quieren. Saben que el dinero no crece en los árboles aunque su padre tenga una empresa. El dinero es una herramienta, y como toda herramienta hay que aprender a usarla antes de tenerla", sentenció.
En sus redes sociales -en Instagram @javierarambarri- admite que a veces algunos lo tildan de "serio" o "muy duro" por el estilo de crianza, pero asegura que mantiene sus convicciones en base a los acuerdos con su esposa y buscan demostrárselo con hechos.
"A los 18 años, la regla se cumple sin excepción. No les pago el móvil. No les pago la ropa. No les pago las salidas. No les pago nada. La universidad sí, porque eso es inversión en su futuro. Todo lo demás es problema suyo", reveló.
"A mis 7 hijos no quiero dejarles la vida resuelta. Quiero dejarles algo mucho más valioso: la capacidad de resolvérsela si algún día todo se complica", proyectó.
Su próximo desafío: triatlones consecutivos
Para el 2027 se propone encadenar varios triatlones en distintas capitales españolas. La experiencia incluirá grabar un documental y a futuro plasmarlo en un libro, que explicará mucho más que una hazaña deportiva.
"A los 30 años empecé a buscar un deporte diferente. Quería algo que pudiera practicar de una forma más independiente. Si quería jugar al pádel, necesitaba organizarme con otras tres personas; para otros deportes también dependía de horarios, gente y equipos", rememoró.
Javier Arambarri junto a su esposa Rocío. Foto: Instagram @javierarambarri
"Correr me gustaba, pero me parecía un poco monótono. Un primo me dijo: '¿Por qué no haces un triatlón conmigo?'. Reconozco que cuando escuchas por primera vez la palabra triatlón, suena bastante bestia", contó.
Investigó y se interiorizó sobre las diferentes distancias y se propuso empezar con una prueba pequeña. "Lo hice y me enamoré completamente", confesó.
La variedad del entrenamiento fue lo que más le gustó. Un día nadar, otro andar en bicicleta, otro correr un tramo, las tres disciplinas que se combinan permanente.
"Encontré una mezcla perfecta entre independencia y comunidad", definió. Completó desafíos en Madrid, Barcelona, Valencia y luego cruzó fronteras en "Escape from Alcatraz" en San Francisco, corrió maratones en Ciudad de México y en Chile.
"Lo más interesante no es coleccionar carreras, sino todo lo que sucede durante el proceso. Cada prueba te obliga a prepararte, a organizar tu vida y a ponerte delante de una dificultad voluntariamente. Eso me gusta mucho", sostuvo.
"Es un proyecto que todavía estamos construyendo y para el que estamos trabajando la producción, los patrocinadores y toda la estructura necesaria. Deportivamente, será una exigencia enorme. En la conversación inicial planteamos cinco triatlones en cinco días en cinco ciudades españolas de forma consecutiva", detalló.
"Lo que quiero contar es qué existe detrás de ese hombre: un padre de siete hijos, un marido, un abuelo, un empresario, una persona que lleva décadas emprendiendo y que con 50 años decide volver a enfrentarse a algo difícil", describió.
Muchas veces le preguntan cómo hace para encontrar tiempo para entrenar en medio de una vida familiar ajetreada. "Lo hago con organización y con un compromiso muy claro con Rocío. Mi familia es una prioridad absoluta y siempre he intentado que mis retos deportivos no les resten tiempo", respondió.
"El pacto es muy sencillo: entreno cuando todavía no ha empezado prácticamente el día. Si estoy preparando una competición, puedo levantarme a las seis de la mañana y entrenar de seis a ocho o hasta las ocho y media. Después empieza mi jornada de trabajo y mi vida familiar", enumeró.
"Mucha gente dice que no tiene tiempo para hacer deporte y, evidentemente, cada persona tiene unas circunstancias distintas, pero también es verdad que muchas veces el problema no es la ausencia absoluta de tiempo, sino cómo lo utilizamos", argumentó.
Javier Arambarri es cofundador de Pulpo, una empresa tecnológica internacional. Foto: Instagram @javierarambarri
"Si un sábado tengo que hacer una salida larga de bicicleta y correr después, puedo levantarme muy temprano y estar nuevamente en casa a media mañana. El precio es que a las 10 de la noche estoy destrozado y duermo profundamente, pero prefiero pagar yo ese precio antes que hacer que mi familia pague el precio de mi afición", indicó.
En cada llegada a la meta se plantea lo mismo. "No quiero enseñarles que siempre se gana ni que todo sale bien, quiero enseñarles que uno puede comprometerse con algo, trabajarlo y llegar hasta donde sea capaz de llegar", reveló.
"No me interesa ser el padre que da discursos sobre esfuerzo, constancia y compromiso y después vive de otra manera. Si mis hijos me ven levantarme a las seis, entrenar, ir a trabajar, volver a casa y cumplir con mis responsabilidades, ahí hay un mensaje", explicó.
"Yo quiero que exista coherencia entre lo que digo y lo que hago. No necesito explicarles constantemente que hay que perseverar; quiero que lo vean", sentenció.
Para él el deporte es sanador también a nivel mental. "No corro para ganar carreras. Corro para llegar mejor a todo lo demás", aseguró.
"Busco demostrarle a mis hijos y nietos que puedes tener responsabilidades enormes y continuar teniendo sueños, que cumplir años no significa dejar de plantearte objetivos y que las cosas difíciles se consiguen preparándolas", insistió.
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