Una persona puede seguir leyendo, reconocer las caras de quienes tiene delante o ver la televisión con aparente normalidad y, sin embargo, estar perdiendo visión en uno de sus ojos.
El 27 de septiembre fue el Día Mundial de la Retina, y la fecha está pensada para hacernos recordar que algunas enfermedades que afectan a esta delicada estructura pueden avanzar durante un tiempo sin dolor y sin una pérdida de visión evidente.
"A veces pensamos que esa pérdida se corregirá sola o simplemente seguimos viendo bien con el otro ojo y no le damos importancia”, explica el doctor Javier Hurtado, oftalmólogo. Esa compensación puede hacer que una alteración pase inadvertida hasta que la visión empieza a verse realmente comprometida.
Las enfermedades de la retina comprenden un amplio grupo de patologías, desde la degeneración macular asociada a la edad (DMAE) hasta la retinopatía diabética, las oclusiones de los vasos sanguíneos o los desprendimientos de retina.
Algunas evolucionan lentamente y pueden pasar desapercibidas durante un tiempo; otras, en cambio, provocan una pérdida visual repentina que requiere atención médica urgente.
Con motivo de esta jornada, el Consejo General de Colegios de Ópticos-Optometristas advirtió, precisamente, que determinadas enfermedades retinianas pueden avanzar sin que el paciente perciba inicialmente un deterioro claro de su visión.
Javier Hurtado, oftalmólogo, habla sobre las enfermedades de retina. Foto: Cedida/La Vanguardia
Cuando la retina empieza a dar señales
No todas las enfermedades retinianas alteran la visión de la misma manera. Cuando el daño afecta a la periferia de la retina, las primeras señales pueden ser sutiles y manifestarse, por ejemplo, como una mayor dificultad para desenvolverse con poca luz.
Si el problema se localiza en la zona central, las alteraciones suelen resultar más evidentes: las imágenes pueden aparecer deformadas, la lectura hacerse más difícil o una parte del campo visual quedar afectada.
La degeneración macular asociada a la edad (DMAE) es uno de los ejemplos más habituales. “La más frecuente es la degeneración macular asociada a la edad”, explica Hurtado, que describe esta enfermedad como un envejecimiento acelerado de la retina.
Puede evolucionar lentamente en su forma seca o hacerlo de manera más rápida cuando aparece la forma húmeda, en la que se desarrollan vasos sanguíneos anómalos que pueden dañar la mácula. En estos casos existen tratamientos, como las inyecciones intraoculares de fármacos anti-VEGF, que han transformado el abordaje de la enfermedad.
Hay, sin embargo, síntomas ante los que no conviene esperar a una cita rutinaria. Una pérdida repentina de visión, la aparición súbita de muchas moscas volantes, destellos luminosos o una sombra que parece avanzar sobre el campo visual pueden indicar un problema en la retina que requiere valoración urgente.
“Una pérdida de visión aguda es una urgencia médica y no debería retrasarse el tratamiento”, advierte Hurtado. En estos casos, el tiempo no es un detalle menor: puede condicionar el pronóstico visual.
Moscas volantes, destellos y un "telón" que no debe esperar
Las llamadas "moscas volantes" no siempre son motivo de alarma. Pueden aparecer con el paso de los años como consecuencia de los cambios que experimenta el vítreo, el gel que ocupa el interior del ojo.
Lo que cambia el escenario es que surjan de forma repentina y en gran cantidad, sobre todo si se acompañan de destellos luminosos o de una sombra que empieza a ocupar parte del campo visual. En esas circunstancias puede existir un desgarro o un desprendimiento de retina y la valoración oftalmológica no debería demorarse.
"El ojo no es más que una ventana del cuerpo”, sostiene Hurtado. Foto: Freepik
Hurtado explica estos síntomas a partir de lo que ocurre dentro del ojo. El vítreo está en contacto con la retina y, cuando se desprende, puede ejercer tracción sobre ella y provocar esos destellos que algunas personas describen como pequeños relámpagos.
Si la retina llega a desprenderse, puede aparecer una sombra o un “telón negro” que avanza sobre la visión. “Si he perdido visión por un ojo en las últimas horas o días, no puedo esperar un mes a que me vea un oftalmólogo porque probablemente ya sea tarde”, subraya el especialista.
Hay otras alteraciones que no se presentan como una sombra, sino como una imagen que deja de ser recta. Ver las líneas de un texto, una persiana o el marco de una puerta torcidas puede indicar que la zona central de la retina está deformada.
Para explicarlo a sus pacientes, Hurtado recurre a una imagen doméstica. “Es como si pongo una mano encima de un papel de aluminio y cierro un poco los dedos. El aluminio se arruga y deja de ser plano; algo parecido ocurre con la retina cuando una membrana la tracciona y la visión comienza a aparecer distorsionada".
La retina también se cuida en el plato
La prevención tampoco se queda en la consulta del oftalmólogo. Lo que se come, la actividad física, el peso, la tensión arterial o el tabaco forman parte del mismo escenario cuando se habla de salud vascular y de enfermedades de la retina asociadas al envejecimiento.
Una alimentación basada en verduras, frutas, legumbres, pescado y frutos secos encaja en ese patrón de vida saludable y, en el caso de la degeneración macular asociada a la edad, las recomendaciones incluyen especialmente el consumo de verduras de hoja verde y pescado, junto con el control de la presión arterial y el colesterol.
No hay, por tanto, un alimento capaz de proteger por sí solo la retina ni una dieta que sustituya al seguimiento médico. Lo que cuenta es mantener en el tiempo unos hábitos que reduzcan los factores de riesgo.
“Según las recomendaciones generales de la mayoría de las sociedades médicas, no fumar, una alimentación sana, controlar la tensión arterial, evitar el sobrepeso y acudir a las revisiones oftalmológicas son las recomendaciones con mayor evidencia científica que todos deberíamos practicar”, resume Hurtado.
Entre esas medidas, dejar el tabaco ocupa un lugar especialmente relevante. Fumar se asocia a un mayor riesgo de desarrollar DMAE y puede favorecer una evolución más agresiva de la enfermedad, mientras que el ejercicio regular contribuye al control del peso, la presión arterial y la salud cardiovascular.
“La retina, al fin y al cabo, forma parte de un organismo que funciona como un todo. El ojo no es más que una ventana del cuerpo”, recuerda el oftalmólogo.
Detectar a tiempo, clave para cuidar la visión
Detectar una enfermedad de la retina no significa haber llegado al final del camino. La DMAE húmeda, la retinopatía diabética y algunas enfermedades vasculares cuentan hoy con tratamientos capaces de preservar la visión o frenar el avance de las lesiones, aunque el resultado depende de la patología, de la fase en la que se encuentre y de la respuesta de cada paciente.
La revisión oftalmológica es esencial a la hora de hacer prevención. Foto: Archivo
Las terapias anti-VEGF, administradas mediante inyecciones intraoculares, han abierto además nuevas posibilidades para tratar distintas enfermedades de la retina y, en determinados casos, deben mantenerse durante periodos prolongados.
La prevención sigue siendo, con todo, la mejor oportunidad para actuar antes de que el daño visual sea irreversible. “Una revisión oftalmológica puede descubrir alteraciones que todavía no han provocado síntomas y permite establecer el seguimiento adecuado según la edad, los antecedentes familiares o la presencia de factores de riesgo como la diabetes y la hipertensión.
En ese contexto, el Día Mundial de la Retina sirve como recordatorio de una cuestión que va mucho más allá de una fecha concreta: cuidar la visión también significa prestar atención a las señales que envía el organismo”, concluye Hurtado.
Pau Allué, La Vanguardia
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