Rocío Jurado estaba dando una entrevista en su casa cuando Pedro Carrasco interrumpió la conversación para preguntar si había llegado la niña. Era 1985 y Rocío Carrasco tenía siete años.
La pequeña volvió del colegio San Estanislao de Kostka con el uniforme puesto, abrazó a sus padres y enseguida recibió una indicación de su madre: tenía que cambiarse de ropa para participar de las fotos.
Mientras Rocío Carrasco subía a su habitación, la cantante empezó a hablar de algo que había visto poco antes durante la romería de El Rocío, en Almonte
Rocío Jurado, en 1985: “¡Qué hija tengo, qué hija! Es un tesoro. Si la ves en el Rocío, en la romería, en Almonte, te quedas boquiabierto. Porque da clases de danza, pero nunca la había visto bailar unas sevillanas como las bailó en el Rocío"
“¡Qué hija tengo, qué hija! Es un tesoro”, exclamó Rocío Jurado apenas la niña salió de la habitación donde se realizaba la entrevista. Entonces apareció el recuerdo de Almonte. Su hija tomaba clases de danza, pero Jurado aseguró que nunca la había visto bailar unas sevillanas como aquellas de la romería.
La pregunta siguiente era inevitable: si bailaba así a los siete años, ¿podía aparecer otra artista dentro de la familia? Jurado no cerró esa posibilidad. “Bien podría ser otra artista”, respondió.
Rocío Jurado, en 1985: “¡Qué hija tengo, qué hija! Es un tesoro".
Pero puso una condición por delante de cualquier escenario. Quería que Rocío Carrasco estudiara y tuviera una buena preparación cultural.
En ese punto habló de su propia infancia. Rocío Jurado perdió a su padre a los 12 años y tuvo que empezar a trabajar, por lo que no pudo continuar sus estudios como hubiera querido.
Por eso, cuando le preguntaron por el futuro artístico de la pequeña, fue concreta: “Mi hija, que estudie”. Bailar le gustaba; abandonar la educación por una carrera precoz era otra cuestión.
Rocío Carrasco tenía siete años y quería ser trapecista
La conversación cambió cuando la niña regresó con otra ropa para las fotografías. Hasta ese momento, los adultos habían imaginado una posible continuidad artística entre madre e hija.
Rocío Carrasco tenía una respuesta bastante diferente. Cuando le preguntaron si quería ser artista como su madre, primero dudó y después eligió otra profesión: trapecista.
Rocío Carrasco tenía siete años y quería ser trapecista.
“Me gusta el circo. Me gusta el trapecio”, explicó. Su respuesta hizo reír a Rocío Jurado, que encontró rápidamente una comparación para aquel proyecto infantil.
En lugar de imaginar una segunda Rocío Jurado, dijo que su hija quería convertirse en otra Pinito del Oro, la célebre trapecista española que había desarrollado una extensa carrera internacional.
La niña había nacido en Madrid el 29 de abril de 1977, casi un año después de la boda de sus padres. Rocío Jurado y Pedro Carrasco se habían casado en Chipiona el 21 de mayo de 1976.
El nacimiento también había coincidido con una mudanza. Jurado salió de la clínica y, en vez de regresar al piso de la calle Núñez de Balboa, se instaló con su familia en la casa de Monteclaro.
La casa de Rocío Jurado donde ocurrió aquella entrevista
Ocho años después, esa misma casa ya empezaba a quedarles chica. La familia había decidido ampliarla y esperaba la licencia para comenzar las obras.
El jardín mostraba parte de la vida que habían construido allí. Había pinos plantados por Rocío y Pedro, rosales, geranios, un melocotonero, un ciruelo y un olivo llevado especialmente desde Chipiona.
La casa de Rocío Jurado donde ocurrió aquella entrevista.
Algunos árboles debían desaparecer para agrandar el salón y el porche trasero. El olivo, en cambio, quedaría en su lugar: daba aceitunas pequeñas, pero muchas.
Dentro de la vivienda también aparecía Chipiona. Sobre la mesa del comedor había una pintura marina que la cantante relacionaba con el mar de su ciudad natal y en distintos rincones conservaba fotografías de su madre.
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