Antes de convertirse en Juan Gabriel, “El Divo de Juárez”, Alberto Aguilera Valadez atravesó una infancia marcada por la ausencia, la soledad y las dificultades económicas.
Nacido el 7 de enero de 1950 en Parácuaro, Michoacán, fue el menor de los diez hijos de Gabriel Aguilera y Victoria Valadez. Cuando tenía apenas seis meses, su padre sufrió un episodio que cambió para siempre el destino de la familia.
Después de un accidente relacionado con la quema de pastizales, tuvo que ser internado en La Castañeda, un conocido hospital psiquiátrico de México. Con el tiempo, sus familiares perdieron toda noticia sobre él.
Nacido el 7 de enero de 1950 en Parácuaro, Michoacán, fue el menor de los diez hijos de Gabriel Aguilera y Victoria Valadez. Foto: AFP / RONALDO SCHEMIDT
“¿A qué edad murió tu papá o desapareció tu papá?”, le preguntaron en una entrevista. “A los 39 años”, respondió Juan Gabriel, quien confirmó que prácticamente no tuvo recuerdos de su padre. “Tú estabas chiquito, tenías seis meses. ¿Tú sentiste que te hizo falta un padre?", le preguntaron. “Sí, cómo no”, contestó.
Una infancia marcada por la separación de su madre
Después de atravesar problemas familiares, Victoria decidió abandonar Parácuaro junto a sus hijos menores. Primero se trasladó a Pátzcuaro, después a Morelia y finalmente a Ciudad Juárez, donde consiguió trabajo como empleada doméstica.
La situación económica hizo que tampoco pudiera ocuparse de Alberto como hubiera querido. El niño tenía problemas para adaptarse a las casas donde su madre trabajaba, se escapaba, faltaba a la escuela y pasaba cada vez más tiempo en la calle.
“Era muy rebelde”, recordó una de sus familiares. A los 7 años, según relató, Alberto ya era “más dueño de la calle que de su casa”.
El niño tenía problemas para adaptarse a las casas donde su madre trabajaba.
Ante esas dificultades, su madre tomó una decisión que terminaría siendo determinante: internarlo en una escuela de mejoramiento conocida como el Tribunal de Menores. Permaneció allí durante varios años, hasta aproximadamente los 11 o 12.
Fue en ese lugar donde comenzó a desarrollar una de las habilidades que después lo convertirían en una figura fundamental de la música mexicana: aprendió a tocar la guitarra y a entender la música.
El dolor de no tener una familia cerca
Durante su estadía en el internado, Alberto encontró en Juan Contreras, un maestro de hojalatería, a una de las personas más importantes de su infancia. El hombre se convirtió en su mentor y confidente, y fue con él con quien pudo hablar del dolor que sentía por estar separado de su madre.
“Las veces que estuve con Juanito, que me hablaba, que me enseñaba por las noches, lloraba porque mi mamá no iba a verme o porque estaba encerrado”, recordó Juan Gabriel.
Aunque su madre lo visitaba los fines de semana cuando podía, el cantante entendía que ella tenía que trabajar para mantener a la familia. Aun así, reconoció que aquella separación dejó una huella profunda.
Aunque su madre lo visitaba los fines de semana cuando podía, el cantante entendía que ella tenía que trabajar para mantener a la familia. Foto: EFE / Jorge Núñez
“Le hubiera cambiado, créeme, por haber estado con mamá y papá. Le hubiera cambiado todo lo que yo tengo por ese amor, por ese calor de familia, pero no fue así”, confesó.
Juan Gabriel también habló de la necesidad de perdonar a su madre. “Yo tuve que perdonarla, aunque mi mamá estaba en su derecho porque no podía conmigo y era su vida también y su trabajo”, explicó.
De la soledad a convertirse en Juan Gabriel
La experiencia de aquellos años también influyó en la manera en que enfrentó las dificultades. “Mi defensa quizás desde niño fue esa: huir de la tristeza, huir del dolor, huir de esas angustias”, explicó.
A los 13 años, aprovechó un permiso para salir a sacar la basura y escapó del internado. Nunca regresó. Primero vivió con Juan Contreras y se dedicó a vender artesanías. Después volvió junto a su madre y su hermana Virginia, con quien vendía burritas en el centro de Ciudad Juárez. Mientras tanto, tenía una certeza: quería ser cantante y compositor.
Con el tiempo llegó la televisión, los primeros escenarios y, finalmente, el nombre de Juan Gabriel. El éxito transformó su vida, pero su pasado familiar nunca desapareció de sus recuerdos.
Un imitador del cantante mexicano Juan Gabriel, en la emblemática Plaza Garibaldi, en Ciudad de México (México). Foto: EFE / José Méndez
De hecho, años después de alcanzar la fama, decidió crear una casa hogar para niños huérfanos y en situación vulnerable. El objetivo era que otros chicos pudieran tener oportunidades que él no tuvo durante su infancia.
“Hay muchos niños que lo que necesitan primordialmente es amor”, explicó al hablar de su proyecto. Así, una de las mayores figuras de la música mexicana convirtió parte de su propia historia en una forma de ayudar a otros.
La infancia que alguna vez describió desde la ausencia y la soledad terminó siendo también una de las razones por las que buscó construir para otros ese “calor de familia” que, según sus propias palabras, hubiera cambiado por todo lo que consiguió a lo largo de su vida.
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