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Rocío Ramos-Paúl, psicóloga y educadora: “No toleramos que los niños se equivoquen porque el error de los hijos es el fracaso de los padres y eso no podemos permitirlo”

Rocío Ramos-Paúl, psicóloga y educadora: “No toleramos que los niños se equivoquen porque el error de los hijos es el fracaso de los padres y eso no podemos permitirlo”

La especialista, que saltó a la fama por el programa Supernanny, reflexiona sobre cómo ha cambiado la crianza en todos estos años y el papel que juegan los padres en ello.

Un niño llega a casa con un problema. Antes de que pueda pensar qué hacer, sus padres ya han encontrado la solución. Si se pelea con un amigo, intervienen. Si se olvida los deberes, se los llevan. Si tiene que tomar una decisión, la toman por él.

Una forma de querer que busca evitar que los hijos sufran y que, sin embargo, puede impedirles experimentar, equivocarse y aprender a desenvolverse por sí mismos.

La crianza contemporánea parece vivir atrapada en esa contradicción. Queremos preparar a nuestros hijos para el mundo, pero cada vez nos cuesta más dejar que se enfrenten a él.

Precisamente, Rocío Ramos-Paúl, la psicóloga que estuvo al frente de la icónica Supernanny entre 2006 y 2013, pasó de entrar en los hogares de las familias a observarlos desde otro lugar y ha visto cómo han cambiado las formas de criar.

La sobreprotección es, según su experiencia en su centro de psicología y como profesora de universidad, una de las principales diferencias respecto a cuando empezó, acompañada de una exigencia creciente por hacerlo todo bien que termina siendo contraproducente tanto para padres como para hijos.

En una entrevista con La Vanguardia, Ramos-Paúl repasa las dificultades que se ha encontrado durante estos años, analiza cómo las redes sociales han alimentado la presión por alcanzar una crianza perfecta y advierte sobre las consecuencias de este tipo de educación.

Rocío Ramos-Paúl habla sobre la crianza contemporánea. Foto: X (exTwitter)

"Ahora los niños son pocos y los miramos mucho, lo cual los ha convertido en una especie de trofeo"

-¿Qué diferencias ves de cómo educábamos antes a cómo lo hacemos ahora?

-Creo que las dificultades siguen siendo las mismas porque las etapas que pasan los niños son las mismas. Lo que ha cambiado es cómo las resolvemos. Y en ese cómo hay cosas que valoro positivamente y otras que no tanto.

A esto hay que añadir el factor social, que es que ahora los niños son pocos y los miramos mucho. Esto los ha convertido en una especie de trofeo y, de ahí, parte el estilo sobreprotector.

-¿En qué sentido?

-Pues que con lo que cuesta quedarse embarazada, los gastos, las decisiones y lo que supone a nivel personal y profesional, se ve al niño como un premio, algo propio que queremos programar desde que es pequeño. Decidimos a qué colegio tiene que ir, cuántos idiomas tiene que conocer, si estudiará o no fuera, lo que quiero que sea de mayor y los hitos que tiene que cumplir.

-¿Cómo afecta vivir dentro de una burbuja al desarrollo del menor?

-Supervisando los casos en el despacho, veo a adolescentes y adultos jóvenes que sienten que no deciden porque está todo controlado. Cualquier elección les supone mucha ansiedad y les hace sufrir enormemente. Además, son muy miedosos, yo no he visto nunca tanto temor como ahora.

Por eso, yo no comparto esa crítica social de que son niños blandos. No es tan sencillo: la sobreprotección no les ha permitido experimentar cosas. Ese es el problema principal que estamos viendo y la gran diferencia en cómo se está educando ahora. No obstante, existen otras corrientes.

-¿Cuáles?

-Hay una tendencia, llamada padres FAFO, que significa “prueba y descubre que pasa”, que se va al extremo contrario. Estas familias lo que quieren es que su hijo aprenda a través de las consecuencias de su comportamiento.

Los padres no regulan a ese niño, sino que él mismo toma las decisiones y aprende a través de sus acciones por pequeño que sea. Por ejemplo, si hace frío, no le dicen que coja un abrigo, ni lo llevan para cuando lo experimente. Dejan que pase frío y aprenda de ello.

-¿Por qué crees que se ha producido este cambio?

-Creo que la palabra es niñocentrismo o hijocentrismo, es decir, como hay muy pocos, como a lo mejor solo tenemos uno, nos dedicamos completamente a él. No solo eso, sino que no paramos de recibir mensajes de que tenemos que ser perfectos. Es horrorosa la forma en que se nos bombardea y se nos obliga a hacerlo todo bien.

"El error es buenísimo, por eso hay que permitirse fallar y dejar de ser tan duro con uno mismo"

-¿Qué pasa cuando nos damos cuenta de que no somos así de perfectos?

-Aparece la culpa. Se responsabiliza muchísimo a los padres y la culpa no sirve para nada. Yo, al final, he vuelto al discurso de que hay que equivocarse; el error es buenísimo, por eso hay que permitirse fallar y dejar de ser tan duro con uno mismo porque esa exigencia también se transmite a los niños.

La sobreprotección, un gran problema de la crianza contemporánea. Foto Shutterstock.

-¿De qué manera?

-No toleramos que los niños se equivoquen porque el error de los hijos es el fracaso de los padres y eso no podemos permitirlo. Por ejemplo, si en un grupo de padres, uno dice: “Mi hijo ha sufrido un coma etílico tras salir de fiesta”. De repente, otros contestan: “El mío también lo hizo, pero hace un año”.

¿Por qué no lo has contado antes? Al explicarlo, generas comunidad y normalizas las cosas, que no quiere decir que las justifiques. Sin embargo, no lo dicen porque tenemos que ser perfectos, intachables.

"Instagram no es lo normal"

-¿Las redes sociales han influenciado en esta idea de perfección?

-Sí, creemos que todo es como en ese escaparate. Vemos influencers cuyos hijos duermen y comen bien y los adolescentes se comportan de maravilla, y creemos que esa es la norma. Luego, llegan a mi consulta quejándose por cómo les hablan y tengo que decirles: “¿Qué esperabas?”.

Un adolescente contesta mal, utiliza el grito y no tiene control. Es lo previsible. Yo estoy encantada de que los padres vengan a pedir ayuda para sobrellevarlo y ayudar a la gestión emocional de tu hijo, pero es lo esperable. Instagram no es lo normal.

-¿No es contradictorio que sintamos más estrés y ansiedad por ser perfectos en una época en la que tenemos mucha más información que antaño? ¿Por qué está pasando esto?

Por la misma razón que los niños tienen acceso a bastantes más datos y perspectivas del mundo y, aun así, se creen los bulos o informaciones falsas. A más información con poco filtro, menos sentido común. Y eso, precisamente, es lo que nos falta.

A mí, por ejemplo, me gustan mucho las abuelas porque devuelven mucho de este sentido. Cuando se quedan con los nietos, aseguran que harán todo como les indican los padres, pero luego son más laxas. Dan cierto margen, no como nosotros, que nos hemos vuelto muy inflexibles y rígidos por toda esa información que recibimos.

-Desde la época en que hacías Supernanny hasta ahora han aparecido nuevos estímulos, como los móviles. ¿Crees que estos aparatos han aumentado las rabietas y los conflictos que podíamos ver en el programa?

-Sí, pero es importante tener en cuenta el uso que hacen de estos dispositivos. La primera vez que tú le dejas un móvil y se lo quitas, va a tener una rabieta. No obstante, si luego tú normativizas un horario y gestionas una serie de pautas, el móvil deja de tener poder.

Tienes que ponerles límites sin miedo, como lo haces con todo lo demás. El móvil se lo has dado tú, es tuyo, que no se le olvide al niño o al adolescente. Además, es esencial enseñarles a usarlo correctamente porque, si no, no servirá de nada.

-¿A qué te refieres?

-Mira, por ejemplo, ahora está muy en boga el tema de prohibir el acceso a redes sociales hasta los 16 años porque hay contenidos a los que los adolescentes no deberían tener acceso antes de esa edad. Pero, si les abrimos las puertas a este mundo cuando cumplan los 16 sin haberles enseñado a usarlo, tendremos el mismo problema.

Entonces, es cierto que las pantallas no tienen que estar de ninguna manera en la vida de un menor hasta los dos años y hay que evitar convertirlas en un chupete digital, pero es esencial enseñarles a hacer un uso responsable del móvil.

Hay que enseñar un uso responsable del teléfono. Foto ilustración Shutterstock.

De esta manera, cuando crezcan, si les hemos educado para dormir sin el móvil, ese joven lo dejará fuera de su alcance en la cama porque tendrá ese límite integrado. Ya hay estudios que hablan, precisamente, de no demonizar a estos aparatos y hablar de los factores que pueden ser positivos en el desarrollo del niño.

-Si ahora volvieras a entrar en la casa de una familia como hacías en el programa, ¿crees que te fijarías en las mismas cosas? ¿O hay nuevas casuísticas que tendrías en cuenta?

-Creo que haría lo mismo. Al final el profesional trabaja con una base teórica que yo intento mantener al día y que es la que te lleva al mismo desarrollo. El programa estaba pensado como se haría aquí en el despacho. Entonces la observación sería la misma porque la necesito para ver qué ocurre.

Además, cada caso es distinto, aunque las dinámicas se repitan, cada familia es diferente. Así que seguiría mirando cómo se comunican, qué cantidad de autonomía tiene el niño, qué normas o límites existen en la casa o cómo gestionan una rabieta.

Jara Bravo, La Vanguardia

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