Durante años, órganos como el corazón o el cerebro han acaparado la atención de la salud pública, relegando con frecuencia a los riñones a un discreto segundo plano.
Sin embargo, el panorama de la nefrología está cambiando poco a poco: con la enfermedad renal crónica posicionada en el foco de la OMS y el reciente impulso de estrategias prioritarias en España, la salud renal va ganando terreno y cobrando el protagonismo que le corresponde.
Para profundizar en el presente y el futuro de esta disciplina, el papel clave de la prevención y los últimos hallazgos científicos —como la llamativa relación entre el envejecimiento celular, los riñones y la proteína Klotho—, escuchar al Dr. Emilio Sánchez Álvarez, presidente de la Sociedad Española de Nefrología (SEN) es una tarea casi imperativa.
Doctor en Medicina y Cirugía y especialista en Nefrología por la Universidad de Oviedo, Sánchez es director de la Unidad de Gestión Clínica de Nefrología en el Hospital Universitario Central de Asturias (Oviedo) y profesor asociado de Nefrología en la Facultad de Medicina de la Universidad de Oviedo.
Antes de su nombramiento para presidir la Sociedad Española de Nefrología, ya era miembro de su junta directiva y responsable de sus registros.
Inició su carrera profesional en Canarias, donde trabajó siete años en los centros hospitalarios Hospiten, para posteriormente continuar su trayectoria en el Hospital del Oriente de Asturias y en el Hospital Universitario Central de Asturias (HUCA), desde donde pasó al Servicio de Nefrología del Hospital Universitario de Cabueñes (Gijón), del que fue jefe del servicio desde 2018 a 2025.
Emilio Sánchez es el presidente de la Sociedad Española de Nefrología. Foto: Cedida/La Vanguardia
También presidente de la Sociedad Asturiana de Nefrología (SANEFRO) y miembro del Comité de Registros de la European Renal Association (ERA), sus campos de interés científico y profesional son la diálisis peritoneal, la enfermedad renal crónica (ERC), las alteraciones del metabolismo óseo y mineral, el síndrome cardiorrenal y la planificación y administración sanitaria.
En el desarrollo de esos intereses, ha escrito y participado en numerosas publicaciones científicas y estudios en el campo del síndrome cardiorrenal, diálisis peritoneal, hemodiálisis y trastornos del metabolismo óseo y mineral asociados a la ERC.
"La proteína klotho es necesaria para evitar el envejecimiento, aunque todavía hay mucho que investigar"
-El corazón, el cerebro, los pulmones… son órganos que tradicionalmente se han considerado claves para la salud. Frente a ellos, los riñones parecen que son órganos de “segunda”. ¿Cree que se les presta la atención que merecen?
-A pesar de que en las últimas décadas la nefrología no ha estado, como se suele decir, en el candelero, es cierto que en los últimos tiempos ha tomado “carrerilla”. Además, lo ha hecho en muchos ámbitos.
Así, en 2025, organizaciones como la Organización Mundial de la Salud han puesto el foco en la enfermedad renal crónica y la han calificado como una de las enfermedades no transmisibles a las cuales hay que prestarles más importancia.
-Eso a nivel internacional. Pero ¿cómo van las cosas en España?
-En este punto, tenemos muy buenas noticias, ya que el Ministerio de Sanidad nos ha escuchado (a la Sociedad Española de Nefrología) y ha considerado la enfermedad renal crónica como una enfermedad a priorizar.
Y así, el pasado 9 de abril aprobó y publicó el documento de abordaje de la enfermedad, aprobado en el Consejo Interterritorial y aceptado por todas las Comunidades Autónomas, para desarrollar en el periodo que va de 2025 a 2028. Por tanto, aunque creo que los riñones todavía merecen más atención, también es cierto que vamos por el buen camino.
-Quizá uno de los descubrimientos más novedosos en los últimos años relacionados con el envejecimiento es su relación con la proteína Klotho. ¿Podría explicar este vínculo?
-Claro. Ahora bien, vaya por delante que todavía hay mucho que investigar en este asunto. Aun así, lo que sí sabemos es que klotho es una proteína necesaria para evitar el envejecimiento.
Hay estudios de investigación en ratas en los que se las ha modificado genéticamente para que no produzcan klotho, y se ha visto que las ratas sufren un proceso de envejecimiento acelerado que lleva a una muerte muy prematura.
-Aclarada esta relación, díganos: ¿qué lugar ocupan los riñones en todo esto?
Cuando hay enfermedad renal crónica, ya en sus estadios iniciales, cuando empieza a bajar el filtrado glomerular, también empieza a bajar la producción de klotho. Por lo tanto, casi podemos considerar la enfermedad renal crónica como un proceso de inflamación y envejecimiento prematuro.
Esta es la teoría, y ahora tenemos que trabajar en alguna estrategia que haga que klotho no disminuya en la enfermedad renal crónica y pueda alargarse la supervivencia. Así que es una cosa muy novedosa que todavía tiene muchas lagunas, pero que claramente muestra que hay una relación entre envejecimiento, riñón y klotho.
A partir de los 40, vamos perdiendo un 1% de función renal cada año. Foto Shutterstock
"A partir de los 40, vamos perdiendo un 1% de función renal cada año, aunque no hay ningún síntoma"
-A medida que envejecemos, los riñones se vuelven más vulnerables. ¿Hasta qué punto es normal que su función disminuya con la edad?
-Es absolutamente normal. La esperanza de vida en España no ha dejado de crecer desde el fin de la guerra civil, salvo el episodio de la pandemia del COVID-19. Cada vez es mayor, y hoy ronda los 86 años. A esa edad, es normal que la vista, el cerebro, el corazón y, lógicamente, también los riñones no trabajen igual. Y cuando esto ocurre, se manifiesta como enfermedad renal crónica.
-Este deterioro renal se produce lenta y silenciosamente durante años…
-Así es. Este deterioro comienza muy pronto, a los 40 años. A partir de esa edad vamos perdiendo un 1% de función renal cada año. Pero sin síntoma ninguno. Solo en etapas más avanzadas, al borde de la diálisis, la mitad de los pacientes tiene algún síntoma.
-¿Cómo cuáles?
-Son síntomas totalmente inespecíficos, como cansancio, apatía, falta de apetito, náuseas… Son síntomas que a nadie le llevan a pensar que está al borde de la diálisis. Por eso, esperar a tener síntomas nos lleva al fracaso.
De ahí, la importancia de que el sistema sanitario sea proactivo y vaya en busca del paciente de enfermedad renal crónica, haciendo un cribado de las personas de más de 60 años que además tengan algún factor de riesgo para desarrollar esta enfermedad, como diabetes, hipertensión, tabaquismo, obesidad o haber sufrido algún evento cardiovascular.
La idea es no esperar a los síntomas porque, si lo hacemos, lo vamos a hacer mal.
-¿En qué consiste esta detección precoz?
-Se trata de un diagnóstico supersencillo y muy barato. Solo se necesita una gota de sangre y una muestra de orina. Y el precio de esto no llega a un euro. Por tanto, es una estrategia que vale muy poco y con la que arreglamos mucho.
De hecho, es lo mejor para el paciente, ya que, en muchos casos, podría evitar la diálisis, y también lo mejor para el sistema sanitario porque, con una pequeña inversión de menos de un euro por persona, vamos a evitar hacer diálisis, lo cual es muy costoso. Un paciente en hemodiálisis cuesta aproximadamente 60.000 euros al año, y un paciente en hemodiálisis peritoneal, 45.000 euros al año.
-Antes mencionó que dos de los factores de riesgo más relevantes son la hipertensión y la diabetes. ¿Qué se puede hacer para evitar que estas enfermedades dañen los riñones?
-En primer lugar, hay que intentar no ser hipertenso ni diabético. En el caso de la hipertensión, es clave tomarse la tensión de forma regular y, si la tenemos alta, controlarla. Lo mismo ocurre con la diabetes. Conviene hacerse algún análisis, sobre todo si tenemos antecedentes familiares.
Además, es clave llevar una alimentación basada en la dieta mediterránea con un control de las calorías ingeridas. En este punto, me gustaría hacer hincapié en la gravedad de cómo la obesidad está extendiéndose en la sociedad en general, y en la española en particular.
Piensa que el 30% de los españoles tiene sobrepeso u obesidad, y este porcentaje cada vez es mayor. Es importante recordar que la obesidad no es un problema estético, sino de salud, que tiene repercusión en el corazón, el cerebro, los huesos y también en los riñones.
La alimentación es fundamental para cuidar la salud renal. Foto Shutterstock
-Además de la dieta, el ejercicio también puede contener la enfermedad renal, ¿cierto?
-Absolutamente. La actividad física es buena para el funcionamiento de todos los órganos del cuerpo, no solo de los riñones.
Ahora bien, con 70 u 80 años uno no se plantea correr una maratón, ni levantar 120 kilos, pero sí se recomienda hacer ejercicio supervisado, diario, como realizar paseos, gimnasia de mantenimiento, aquagym… aquellas rutinas que ayuden a mantener la vitalidad de los músculos y reduzcan el riesgo de sobrepeso u obesidad.
-Las personas mayores suelen tomar medicamentos a diario, y esto puede ser un factor de riesgo añadido. ¿Qué clase de fármacos favorecen el daño renal?
-Realmente hay muchos. Sin embargo, los antiinflamatorios no esteroideos (AINE) como el ibuprofeno o el naproxeno me preocupan especialmente, ya que son de libre dispensación o venta. Estos fármacos son muy buenos para el dolor, pero la factura que paga el riñón es muy alta.
Tanto es así, que hay personas que llegan a diálisis solo por culpa de estos fármacos. Por tanto, insisto en que solo se deben tomar por prescripción médica, sobre todo las personas mayores, ya que sus riñones son más vulnerables y estos medicamentos les van a afectar más.
-¿Afecta la enfermedad renal crónica a otros órganos?
-Así es, ya que los riñones deben eliminar las toxinas del cuerpo, y cuando no lo hacen, estas toxinas acaban llegando al resto de los órganos. Uno de los afectados de forma más directa es el corazón. Ambos órganos van de la mano.
Prueba de ello es la publicación de las Guías ESC 2026 para el manejo de la enfermedad cardiovascular y la enfermedad renal crónica, en colaboración con la Asociación Renal Europea (ERA). El hecho de que se incluya la enfermedad renal crónica en el título evidencia la estrecha relación entre insuficiencia cardíaca y enfermedad renal crónica.
-¿Qué más repercusiones se conocen?
-Puede aparecer enfermedades de los huesos como la osteodistrofia renal, además de más riesgo de fracturas y de calcificación de tejidos blandos. También, es muy habitual la anemia, de hecho, podría decirse que la anemia está omnipresente en personas con enfermedad renal crónica.
-Con el diagnóstico en la mano, ¿qué le diría a una persona que teme acabar necesitando diálisis?
-En primer lugar, le diría que tiene que cuidarse, es decir, seguir una dieta adecuada, no fumar, asegurar una buena hidratación, controlar la hipertensión y la diabetes, ejercicio moderado y regular, y finalmente, que deposite todas sus dudas o su estrategia médica en manos de su médico de atención primaria, o del nefrólogo, si ya está en fases más avanzadas.
Puede que, a pesar de todo, la diálisis sea inevitable, pero lo que está claro es que cuanto mejor lo hagamos, tanto las personas que trabajamos en el sistema sanitario como los pacientes, mejor le irá.
Eva Carnero, La Vanguardia
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