Aunque fue escrito varias décadas atrás, El Principito, la principal obra de Antoine de Saint-Exupéry, sigue dando que hablar.
En el libro, el autor aborda cuestiones trascendentales, siempre desde la mirada de un niño que no logra comprender a la sociedad adulta.
Entre ellas, se encuentra la soledad, sobre la cual hace discutir a dos de sus personajes.
El diálogo entre el Principito y la serpiente
En el capítulo XVII de El Principito, el francés Saint-Exupéry deja ver su pensamiento acerca de la soledad a través de la conversación entre dos de sus personajes.
En dicho pasaje, el Principito acaba de llegar a la Tierra, específicamente al desierto africano, y se encuentra por primera vez con la serpiente.
El Principito se encuentra con la serpiente cuando llega a la Tierra. Foto: ilustración Shutterstock
Al verla, el niño exclama: "¿Dónde están los hombres? Se está un poco solo en el desierto".
Sorpresivamente, el animal le responde: "Entre los hombres también se está solo".
Qué significa la frase sobre la soledad y su relación con otras partes del libro
Con el mencionado diálogo, el protagonista introduce una idea inquietante: la soledad no depende únicamente de encontrarse físicamente apartado de los demás. También puede surgir en mitad de la sociedad cuando falta una conexión auténtica.
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De qué trata el libro El Principito
El planteamiento encaja con la mirada crítica que atraviesa El Principito sobre el mundo adulto, dominado en el relato por las ocupaciones, las prisas, el orgullo, los negocios o la búsqueda de reconocimiento.
Saint-Exupéry contrapone esas preocupaciones con una forma de observar la existencia que concede importancia a aquello que no resulta evidente a primera vista.
Esta reflexión sobre sentirse solo entre la gente adquiere otra dimensión durante el encuentro del Principito con el zorro, otro de los personajes de la obra.
El zorro le dice al Principito la frase más famosa de la obra. Foto: Archivo
Frente a la distancia que señala la serpiente, el zorro explica al Principito la importancia de crear lazos y convertir a alguien en único respecto a los demás. “Domesticar”, dentro del sentido que adquiere el término en el relato, supone construir una relación capaz de distinguir a una persona entre muchas.
La serpiente revela que la multitud no protege de la soledad y el zorro ofrece una posible respuesta mediante los vínculos. Esa idea dialoga con otra de las enseñanzas centrales recogidas en la propia obra: “Solo con el corazón se puede ver bien, lo esencial es invisible a los ojos”.
Así, El Principito no presenta la compañía como una simple cuestión de proximidad: compartir un espacio con otros no elimina necesariamente la soledad. Lo que rompe ese aislamiento es el vínculo que nace cuando dos personas se conceden importancia, tiempo y un lugar diferente dentro de sus respectivas vidas.
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