A pesar del paso del tiempo, El Principito (1943) aún es una de las mayores fuentes de enseñanzas para la humanidad.
El clásico literario de Antoine de Saint-Exupéry plantea, entre otras cosas, una reflexión sobre el tiempo, la felicidad y las prisas.
Esto ocurre cuando, luego de visitar varios planetas, el personaje principal llega al del mercader.
La conversación entre el Principito y el mercader
La escena donde se produce la frase es parte del capítulo XXIII del libro, en el que el Principito entabla relación con un mercader que vende unas píldoras destinadas a calmar la sed.
Según explica el vendedor, basta con tomar una a la semana para evitar la necesidad de beber. El principal argumento para defender su producto es el ahorro de tiempo: los cálculos de los expertos mencionados en el relato sitúan esa ganancia en 53 minutos semanales.
El Principito le pregunta al mercader para qué sirve el tiempo. Foto: Archivo
Sin embargo, la respuesta del Principito cambia por completo el sentido de esa aparente ventaja. En lugar de celebrar la posibilidad de disponer de más minutos, se pregunta para qué deberían utilizarse.
"Se hace lo que se quiere", responde el comerciante, ante lo que el niño piensa: "Yo, si tuviera cincuenta y tres minutos para gastar, caminaría a paso lento hacia una fuente".
Así, la conversación enfrenta dos maneras muy distintas de entender el paso del tiempo: como algo que debe economizarse o como una experiencia que merece vivirse.
Precisamente ahí se encuentra una de las ideas más sugerentes de esta reflexión de El Principito. Si dispusiera de esos 53 minutos, el personaje preferiría dirigirse despacio hacia una fuente. La frase cuestiona una contradicción bastante sencilla: ahorrar tiempo pierde parte de su sentido cuando ese ahorro impide disfrutar precisamente de aquello que hace valioso el tiempo.
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De qué trata el libro El Principito
El agua no aparece únicamente como una necesidad que debe resolverse de la manera más rápida posible. Importan también el camino, la ausencia de prisas y la sensación de beber después de haber llegado hasta la fuente. Por eso, la escena convierte un pequeño diálogo cotidiano en una reflexión sobre qué se hace realmente con los minutos libres.
Qué significa la frase de El Principito
La enseñanza que deja este pasaje de El Principito no consiste, por tanto, en acumular tiempo disponible, sino en decidir cómo se quiere vivir.
La interpretación aportada junto al relato lleva esa idea hacia los amigos y las personas importantes: dedicarles tiempo sin estar pendiente del reloj puede tener más valor que intentar ganar unos minutos mediante atajos.
El Principito plantea disfrutar de lo que se hace. Foto: Shutterstock/ilustación
El mercader mide el beneficio de sus píldoras en minutos ahorrados; el Principito, en cambio, parece medirlos por lo que permiten experimentar.
Caminar lentamente hacia una fuente representa así una elección deliberada frente a las prisas: emplear el tiempo no solamente para llegar antes, sino para disfrutar del recorrido y de aquello que se encuentra al final.
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