La frase “Lo que puede decirse, puede decirse claramente; y de lo que no se puede hablar, hay que callar”, del filósofo Ludwig Wittgenstein, aparece en el Prefacio del Tractatus Logico-Philosophicus, publicado en 1921 en alemán y en 1922 en traducción inglesa.
La segunda parte de la frase también aparece como cierre célebre del libro, en la proposición 7: “De lo que no se puede hablar, hay que callar”. La Stanford Encyclopedia of Philosophy registra esa proposición final como una de las formulaciones más conocidas del Tractatus.
El sentido de la cita no es una defensa del silencio por timidez ni una invitación a no opinar nunca. Wittgenstein apunta a que no todo lo que intentamos decir tiene verdadero sentido lógico. Hay preguntas, afirmaciones o discusiones que parecen profundas, pero que para él nacen de un mal uso del lenguaje.
Por eso, antes de hablar, habría que preguntarse si aquello puede expresarse con claridad.
La primera parte de la frase habla de que si una idea es verdaderamente pensable y formulable, debería poder expresarse sin niebla innecesaria. La segunda, que cuando el lenguaje ya no puede decir algo con sentido, corresponde callar.
Para el primer Wittgenstein, la ética, la estética, la metafísica o lo místico no podían formularse del mismo modo que los hechos del mundo. Y no por eso carecían de importancia, sino al contrario, muchas veces eran demasiado importantes para quedar atrapadas en frases engañosas.
Quién fue Ludwig Wittgenstein
Ludwig Wittgenstein fue un filósofo austríaco-británico nacido en Viena en 1889 y fallecido en Cambridge en 1951. Es considerado una de las figuras centrales de la filosofía del siglo XX, especialmente por su influencia en la filosofía del lenguaje, la lógica y el análisis del significado.
Su gran obra fue el Tractatus Logico-Philosophicus, donde buscó delimitar qué puede decirse con sentido y qué queda fuera del lenguaje significativo. El libro trata los problemas de filosofía vinculados con mundo, pensamiento y lenguaje, apoyándose en la lógica y en la naturaleza de la representación.
Ludwig Wittgenstein murió en Cambridge, en 1951. ©Leemage
Años después, Wittgenstein modificó profundamente su manera de pensar. En Investigaciones filosóficas, publicado póstumamente en 1953, dejó atrás parte del esquema rígido del Tractatus y puso el foco en el uso cotidiano del lenguaje, los “juegos de lenguaje” y las formas de vida.
Wittgenstein solo publicó un libro filosófico en vida, el Tractatus. La mayor parte de su obra circuló después de su muerte, a partir de manuscritos, apuntes y textos editados póstumamente.
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