¿Qué se hace cuando el deseo más profundo de tu vida es considerado un pecado por las autoridades de tu tiempo? Para una mujer del siglo XVII, la respuesta lógica era el silencio y la obediencia. Pero Juana Inés de Asuaje y Ramírez de Santillana, universalmente conocida como Sor Juana Inés de la Cruz, no era una mujer común. Desde su celda en el Convento de San Jerónimo, en la Ciudad de México colonial, la llamada "Décima Musa" transformó el acto de leer y pensar en una trinchera.
Una crítica publicada sin permiso y una respuesta magistral
La frase que la ha hecho célebre no es una simple muestra de modestia; es el núcleo de su declaración de principios y el pasaje más famoso de su obra en prosa más disruptiva, la "Respuesta a Sor Filotea de la Cruz" (1691).
El origen de ese texto está en un episodio muy concreto. El obispo de Puebla, Manuel Fernández de Santa Cruz, había quedado fascinado por la inteligencia y los conocimientos de la monja, pero también preocupado por las consecuencias de su actividad intelectual. Sin su permiso, publicó una brillante crítica teológica que ella había escrito y, para proteger su propia posición, firmó la publicación bajo el seudónimo femenino de "Sor Filotea", enviándole después una carta en la que le aconsejaba abandonar las letras profanas y dedicarse exclusivamente a la oración.
La respuesta de Sor Juana fue un contraataque magistral.. Imagen: IA
La respuesta de Sor Juana fue un contraataque magistral. Al escribir "yo no estudio para escribir, ni menos para enseñar, sino sólo por ver si con estudiar ignoro menos", la monja desarmaba el principal argumento que la Iglesia católica usaba contra las mujeres de su tiempo: que una mujer enseñara teología formal estaba prohibido por mandato bíblico. Ella no reclamaba enseñar ni publicar, solo el derecho más básico a saber.
En el propio texto de la "Respuesta", Sor Juana lo formula todavía con más matices: "No quiero (ni tal desatino cupiera en mí) decir que me han perseguido por saber, sino sólo porque he tenido amor a la sabiduría y a las letras, no porque haya conseguido ni uno ni otro. Lo que sólo he deseado es estudiar para ignorar menos: que, según San Agustín, unas cosas se aprenden para hacer y otras para sólo saber".
Una inteligencia precoz en una sociedad que no se lo permitía
Sor Juana nació el 12 de noviembre de 1648 (aunque algunas fuentes sitúan su nacimiento en 1651) en San Miguel Nepantla, México. Hija ilegítima en una sociedad marcada por profundas diferencias sociales, mostró desde muy pequeña una inteligencia extraordinaria: aprendió a leer cuando apenas tenía tres años, y en su adolescencia llegó a deslumbrar a la corte del virrey Antonio Sebastián de Toledo por la amplitud de sus conocimientos.
A los diecinueve años, y para salvaguardar su libertad intelectual renunciando al matrimonio, ingresó al Convento de San Jerónimo. Allí reunió una de las bibliotecas más ricas de la América colonial, un espacio propio donde pudo estudiar astronomía, música, física y poesía, y se convirtió en la figura central del Barroco hispanoamericano, con obras como "Los empeños de una casa" (1683) y el complejo poema filosófico "Primero sueño" (1692).
El precio de desafiar a su época
La presión religiosa terminó pasándole factura. Sor Juana acabó renunciando a buena parte de su actividad intelectual y firmó sus votos religiosos con su propia sangre, en un gesto de profunda penitencia. Poco después, una epidemia de tifus se extendió por la Ciudad de México y la monja se dedicó al cuidado de sus hermanas enfermas, hasta que ella misma contrajo la enfermedad y murió el 17 de abril de 1695.
Un texto fundacional que sigue vigente
Más de tres siglos después, la "Respuesta a Sor Filotea de la Cruz" sigue siendo considerada uno de los textos más firmes y bellos jamás escritos acerca del derecho de las mujeres al conocimiento, a la ciencia y a las artes. En una época donde las mujeres eran consideradas menores de edad perpetuas, Sor Juana utilizó la lógica de sus propios opresores para demostrar que la inteligencia no tiene género, argumentando que Dios no le habría dado entendimiento a las mujeres si pretendiera que lo mantuvieran a oscuras.
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