Aquellos que tienen perros están más que acostumbrados a que su mascota se encuentre con otras y que empiecen a interactuar de distintas maneras: empiezan a correr, se persiguen, saltan uno sobre otro y cambian de dirección constantemente. La conclusión humana suele ser: “están jugando”. Pero quizá no sea tan sencillo como esto.
Luis Vallbona, veterinario y educador canino de El Perro Limón, lleva tiempo poniendo el foco en redes sociales precisamente en lo que ocurre detrás de las conductas que vemos. En un vídeo reciente, explica que dos perros se muevan mucho no significa necesariamente que estén jugando. ¿Cómo podemos saberlo?
No todo lo que parece juego lo es
“Vemos a dos perros interactuar y lo primero que pensamos es que están jugando”, explica Vallbona. Es una asociación lógica, ya que las carreras, los saltos o determinadas posturas son comportamientos que pueden aparecer durante el juego social.
De hecho, las investigaciones científicas sobre comportamiento canino reconocen señales específicas asociadas al juego, como la conocida play bow, cuando el perro baja la parte delantera del cuerpo manteniendo elevada la zona posterior. Pero el contexto es fundamental, porque los perros también utilizan movimientos y posturas para comunicarse, regular distancias o responder ante situaciones que les generan incertidumbre.
Por eso, según Vallbona, detrás de una interacción aparentemente divertida puede haber otras posibilidades: dos perros que se están conociendo, que están valorando al otro como posible amenaza, uno que intenta descargar tensión o incluso un animal que está pidiendo espacio porque se siente invadido.
El problema llega cuando el propietario interpreta automáticamente esa conducta como diversión. Foto: IG/el.perrolimon
“Puede ser que no sepa gestionar la situación de otra manera que no sea con dinamismo”, apunta. El problema llega cuando el propietario interpreta automáticamente esa conducta como diversión."
El perro puede estar diciendo otra cosa
Vallbona pone el ejemplo de los pipican, donde es habitual que varios perros coincidan en un espacio reducido. En ese contexto, una persecución puede tener significados diferentes dependiendo de quién la inicia, cómo responde el otro animal y qué ocurre durante y después de la interacción.
La ciencia del comportamiento también ha identificado determinadas conductas que pueden aparecer en situaciones de frustración, incertidumbre o estrés. Mirar hacia otro lado, lamerse el hocico, olfatear el entorno, mantener las orejas hacia atrás, jadear o intentar aumentar la distancia pueden aportar información sobre el estado del animal. No existe, eso sí, una señal aislada que permita diagnosticar por sí sola cómo se siente un perro. Hay que observar el conjunto y el contexto. En este sentido aparece la figura clave del propietario.
Hay que observar el conjunto y el contexto. Foto: IG/el.perrolimon
“Tú eres quien puede cambiar la situación”
La reflexión de Vallbona va más allá de aprender a distinguir una postura de juego. Si el perro está incómodo, la persona que lo acompaña es quien puede intervenir. “Quizá nuestro perro esté incómodo, quizá nuestro perro tiene miedo, nuestro perro está en alerta, o se siente invadido, o necesita ayuda”, advierte.
En otras palabras, no se trata de esperar a que el animal “se arregle solo” porque creemos que está jugando. Se trata de observarlo y decidir si necesita distancia, una salida de la situación o simplemente que el otro perro deje de acercarse.
La relación entre las señales del propietario y el comportamiento del perro tampoco es anecdótica. Estudios experimentales han mostrado que los perros pueden utilizar las reacciones de sus responsables como información ante situaciones ambiguas, un fenómeno conocido como social referencing.
No se trata de evitar que juegue. Foto: IG/el.perrolimon
No se trata de evitar que juegue
La advertencia no significa que los perros deban mantenerse alejados de otros animales ni que toda interacción dinámica sea negativa. El juego social existe y es una parte importante del comportamiento canino. La clave está en no dar por supuesto que “movimiento = diversión”.
El propio Vallbona en declaraciones a La Vanguardia, explicó que “la conducta es la parte visible de un iceberg” y que debajo están las experiencias, las emociones, las necesidades y la relación con la familia.
Marc Mestres
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