Francia atraviesa días de liceos cerrados, barricadas e incendios, con imágenes que hacen pensar, aunque sea de lejos, en aquel Mayo francés del 68.
En España, mientras tanto, siguen la crisis de la vivienda, los alquileres imposibles y los desahucios. Incluso eso llegó al cine (hay que ver Nuda propiedad, la interesante película de Alberto Utrera sobre una pareja atrapada en el mercado inmobiliario español)
Afortunadamente, quedan otras casas. Algunas tienen paredes rojas, azules o verdes, teléfonos que suenan demasiado y vasos de gazpacho. También madres, monjas, travestis y mujeres al borde de un ataque de nervios. Se puede vivir dos horas en ellas.
En medio de esos días franceses, Emmanuel Macron viajó a Madrid y condecoró a Pedro Almodóvar como oficial de la Legión de Honor. Fue el 30 de septiembre, en la Casa de Velázquez, durante la visita de Estado del presidente francés a España. El escritor Javier Cercas recibió el grado de caballero.
A Cercas, Macron lo llevó hasta Borges: “Soy todos los escritores que he leído”. Dostoievski, Kafka, Nietzsche.
Con Almodóvar se metió directamente en las películas.
Un lápiz labial, un teléfono, un vaso de gazpacho.
No parece el comienzo habitual del discurso de un presidente.
El director Pedro Almodóvar fure condecorado por el presidente de Francia con la Legión de Honor. Foto: EFE/ Sebastien Nogier
Lo que Francia le debe a Almodóvar
“Don Pedro Almodóvar, voy a empezar por usted”.
Y empieza por el chocolate.
De chico, Almodóvar coleccionaba figuritas de estrellas de Hollywood que venían dentro de las tabletas. Era la España rural, pobre y franquista de los años 50. El cine brillaba desde bastante lejos.
La ficción, en cambio, estaba en su casa.
Su madre, Francisca Caballero, leía las cartas que recibían los vecinos que no sabían leer ni escribir. Pero a veces agregaba detalles que no estaban allí. Adornaba alguna frase, mejoraba una noticia, hacía sonreír al destinatario.
Almodóvar aprendió pronto que la realidad podía corregirse.
Emmanuel Macron crre que por sus contradicciones Pedro Almodóvar podría haber sido francés. Foto: EFE/Ludovic Marin
También estaba el negro.
Su madre tuvo que vestir de luto durante años; las películas del hijo terminarían llenas de rojo, azul y verde brillante. Recibió una educación católica rigurosa; filmaría deseo, cuerpos y libertad. Creció bajo una dictadura que exigía obediencia.
“Con un espíritu de contradicción como ese, podría haber sido francés”, dice Macron.
De Telefónica al Super-8
En 1967, Pedro Almodóvar llegó a Madrid contra la voluntad de sus padres. Quería estudiar cine. No pudo: el franquismo había cerrado la escuela.
Vendió cosas en la calle, trabajó en un mercado, fue auxiliar administrativo y consiguió un puesto en Telefónica. Durante el día conocía a esa España que empezaba a consumir; después escribía, actuaba con Los Goliardos y filmaba en Super-8.
En 1980 estrenó Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón.
Mujeres, homosexualidad, transexualidad, sexo, humor. La España que durante décadas quedó escondida entraba al cine sin pedir permiso.
Faltaba otra independencia: la económica.
Almodóvar: el deseo
En 1985, Pedro y su hermano Agustín Almodóvar fundaron su propia productora.
El Deseo.
Quentin Tarantino. Otro admirador de Pedro Almodóvar. Foto: Reuters/Sarah Meyssonnier
Macron cuenta que el escribano que recibió los papeles vio el nombre y creyó que los hermanos estaban por registrar un prostíbulo.
No era un malentendido del todo absurdo.
Vendrían La ley del deseo, Mujeres al borde de un ataque de nervios, Tacones lejanos, Todo sobre mi madre, Hable con ella, Volver, Julieta, Dolor y gloria, Madres paralelas.
Y volvemos a la barra de labios, el teléfono y el gazpacho.
Macron elige esos objetos para hablar de Almodóvar. Un teléfono puede romper una pareja. Un gazpacho lleva somníferos. Una barra de labios adquiere la importancia de un personaje.
Hay más. El color exacto de una pared, una luz, un objeto que apenas aparece. Mientras el equipo come, el director puede estar montando lo que filmó. Siempre que puede rueda en orden, para que sus actores avancen con sus personajes.
“¿Cineasta o estrella del pop?”, (se) pregunta Macron.
Francia aparece temprano en esa historia. Primero como público y después también como dinero: en los años 90 llegaron Ciby 2000 y Pathé, dos apoyos importantes para sus películas.
La verdad del poeta
Amor, familia, muerte, dudas como sinopsis del cine almodovariano. Y debajo de los colores y los excesos, Macron encuentra ‘la verdad del poeta’.
Para terminar recurre, cómo no, a un título.
“Y, si todavía le atormenta, querido Pedro, una pregunta como ¿Qué he hecho yo para merecer esto?.
Almodóvar recibió entonces la insignia de oficial de la Legión de Honor. Macron recorrió la vida y las películas de Almodóvar: el deseo, la libertad y la transformación de España
“Querido Pedro”, había comenzado el presidente.
Pero no fue el primero...
Lucrecia Martel dijo de Almodóvar: "Ya había reivindicado el derecho a inventarnos a nosotras mismas". Foto: Sáshenka Gutiérrez
Tarantino, Martel y el querido Pedro
En su libro Meditaciones de cine, Quentin Tarantino, Q, pulp y omnívoro, recurrió al manchego para escapar de lo remilgado del cine de los '80: "Mientras yo veía capitular a mis héroes esos inconformistas del cine de los 70, la temeridad de Pedro Almodóvar ponía en ridículo sus concesiones”.’
En 2019, durante el homenaje a Almodóvar en el Festival de Venecia, Lucrecia Martel habló de livings de empapelados desquiciados, animal print, peinados con spray, aros de cafetera.
Y dejó una imagen almodovariana: prótesis mamarias y dildos junto a cucharones y ollas a presión.
Mucho antes de que mujeres, homosexuales y trans se hartaran del lugar que les reservaba la historia, Almodóvar ya las había convertido en heroínas.
"Pedro ya había reivindicado el derecho a inventarnos a nosotras mismas’, dijo entonces Martel".
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