25/09/2026 07:55
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El maestro Pinchas Zukerman regresa a la Argentina: el secreto de su sonido y cuál es la cuenta bancaria de un violinista

El maestro Pinchas Zukerman regresa a la Argentina: el secreto de su sonido y cuál es la cuenta bancaria de un violinista

Leyenda del instrumento y de la música clásica en general, tocará un amplio repertorio el lunes 28 de septiembre, en el Teatro Colón, en el marco del ciclo Aura. Estudió con los me

"Hace años le dije a un alumno que el brazo derecho es la 'cuenta bancaria' del violinista: si tocás mejor con el arco, ganás más dinero. Toda la calidad del timbre nace de ahí.", cuenta la leyenda del violín Pinchas Zukerman, con su característico sentido del humor, antes de su presentación el lunes 28 de septiembre, en el Teatro Colón, para el Ciclo Aura.

A sus 78 años, el virtuoso israelí no sólo es uno de los violinistas más decisivos del último siglo: es el poseedor de un timbre legendario que definió una época. Antes de su visita a Buenos Aires, Pinchas Zukerman nos cuenta sobre el secreto del arco, los riesgos del aprendizaje instantáneo en la era digital y por qué la búsqueda de la belleza nunca se termina.

Muy de tanto en tanto surgen creadores que redefinen para siempre la relación entre el ser humano, la madera y las cuerdas. Pinchas Zukerman es uno de ellos, pertenece al selecto grupo que habita el Olimpo de la música clásica.

Nacido en Tel Aviv en 1948 -hijo de un violinista sobreviviente del campo de concentración de Auschwitz-, Zukerman creció en un hogar modesto donde la música no era un adorno burgués ni un pasatiempo dominical, sino una herramienta de resistencia, un canal de sanación y una razón para seguir con vida. La casa familiar estaba saturada de melodías y memorias. Siendo apenas un niño inquieto que jugaba en las calles de una joven nación, el pequeño Pinchas deslumbraba a los vecinos rasgueando una pequeña mandolina antes de volcarse definitivamente al violín.

El destino del niño cambió para siempre a comienzos de la década de 1960. Durante una mítica visita a Israel, dos colosos de la música del siglo XX, el violonchelista catalán Pablo Casals y el violinista estadounidense Isaac Stern, quedaron paralizados al escucharlo tocar.

Primeros pasos en Nueva York

La última visita a la Argentina del gran violinista Pinchas Zukerman fue hace 18 años.

Stern, un hombre de visión clínica para detectar el genio puro, quedó encandilado por el temperamento salvaje y la intuición musical de aquel muchacho a quien cariñosamente apodó "Pinky". Sin dudarlo, Stern movió influencias, buscó mecenas y le consiguió una beca completa para trasladarse a Nueva York, el epicentro del universo musical.

Llegar a la Juilliard School de Nueva York a los catorce años no fue un camino de rosas. El propio Zukerman suele recordar entre risas que al principio no hablaba una sola palabra de inglés y que la selva de cemento neoyorquina lo abrumaba por completo. Sin embargo, en las aulas de la academia lo esperaba el mítico profesor Ivan Galamian, un pedagogo de hierro de la escuela rusa que formó a los mejores instrumentistas de la época.

Galamian no solo pulió su diamante en bruto, sino que fue testigo del nacimiento de una camada dorada irrepetible. En los pasillos de Juilliard y en las noches de Manhattan, Zukerman entabló una fraternidad indestructible con otros jóvenes prodigios: Itzhak Perlman, Daniel Barenboim, Jacqueline du Pré y Zubin Mehta.

Lejos de la imagen acartonada y sobria que el gran público suele asociar a la música académica, esta "camada de oro" vivió su juventud con una intensidad arrolladora. Compartieron departamentos universitarios ruidosos, giras maratónicas en trenes europeos, infinitas discusiones sobre cómo abordar un compás de Brahms y feroces partidas de póquer que se extendían hasta las seis de la mañana, pocas horas antes de subirse al escenario de salas emblemáticas como el Carnegie Hall o la Philharmonie de Berlín.

Esa complicidad vital traspasó las bambalinas e imprimió a sus interpretaciones una frescura y una espontaneidad que cambiaron el modo de hacer música de cámara en la segunda mitad del siglo XX.

Fue precisamente en esos años de ebullición cuando Zukerman terminó de perfeccionar su gran marca de fábrica: un sonido amplio, denso, aterciopelado y de una nobleza cantarina que hoy es objeto de estudio en los conservatorios de todo el mundo. Muchos especialistas sostienen que la sonoridad de Zukerman se reconoce al primer segundo de reproducción, algo reservado a un puñado de elegidos como Jascha Heifetz o Fritz Kreisler.

Parte de la magia de ese timbre reside en el instrumento que reposa sobre su hombro izquierdo desde hace décadas: el histórico violín Guarneri del Gesù de 1742, conocido mundialmente como el "Dushkin". Este tesoro de la luthería de Cremona perteneció al célebre violinista Samuel Dushkin -para quien Igor Stravinski compuso su Concierto para violín- y posee una proyección oscura, profunda y de una vibración casi humana que encaja a la perfección con la anatomía y el temperamento de Zukerman.

Pinchas Zukerman tiene un sonido propio: unas pocas notas alcanzan para entender que es su violín el que suena.

El regreso, tras 18 años

Con más de 100 álbumes grabados, dos premios Grammy, 21 nominaciones y una trayectoria monumental de seis décadas que combina el virtuosismo del violín, la calidez de la viola y la autoridad desde el podio de dirección, el maestro regresa a Buenos Aires. Su última visita fue hace 18 años.

El programa seleccionado para la velada junto al Ensamble Musical de Buenos Aires, con la dirección de Gustavo Fontana, es un contraste de estilos: Tangazo: variaciones sobre Buenos Aires (1969), de Astor Piazzolla, Obertura Coriolano, op. 62 y Romanza n.º 1 para violín y orquesta en sol mayor, op. 40 de Beethoven, Berceuse sfaradite (Canción de cuna sefaradí) de Paul Ben-Haim. La segunda parte abrirá con Suite del ballet Estancia, op. 8ª de Ginastera y cerrará con el Concierto para violín n.º 1 en sol menor, op. 26 de Max Bruch.

Lejos de la altivez de la estrella distante, Zukerman se toma un tiempo generoso en medio de la vertiginosa gira para responder las preguntas.

-Su sonido es una de las cualidades más distintivas de su identidad musical. ¿El sonido es algo que se aprende, algo que se desarrolla o algo que se termina por descubrir?

-El sonido es algo que se desarrolla a través del trabajo y la conciencia. El brazo derecho es extremadamente importante: gran parte de la calidad del sonido proviene del brazo del arco. Hace años le dije a un alumno que el brazo derecho es la 'cuenta bancaria' del violinista, ¡porque si tocás mejor con el brazo del arco, ganás más dinero!

Hay cientos de elementos involucrados en la producción de un tono hermoso, y a menudo les pido a mis alumnos que describan qué acaban de hacer con su mano derecha para que tomen conciencia del proceso. Seguís trabajando en eso. Seguís escuchando. Y a medida que cambiás como músico, tu sonido puede cambiar con vos.

Pinchas Zukerman desarrolló también una extensa labor como maestro.

-Después de más de seis décadas tocando en los escenarios más exigentes del planeta, ¿qué puede seguir descubriendo cuando toma el violín?

-Podés tocar una obra que conocés desde hace décadas y, de repente, escuchar algo de manera diferente. Eso es parte de la belleza del arte. El sonido de cada orquesta siempre me aporta algo nuevo; por ejemplo, puede inspirarme un hermoso solo de corno durante un ensayo y eso cambia por completo cómo escucho un pasaje. Siempre trato de hacer algo un poco mejor con una frase que la vez anterior. Ese proceso es estimulante y mantiene la música viva y fresca. Décadas de tocar no significan que hayas terminado de aprender; te hacen más consciente de todo lo que todavía queda por descubrir.

-La enseñanza y la transmisión de la tradición del violín se han convertido en una parte fundamental de su vida. Hoy tenemos inteligencia artificial, tutoriales, millones de grabaciones y clases en línea. ¿Estamos formando mejores músicos o simplemente tenemos más información? ¿Y cuál es el error más común que ve entre los violinistas jóvenes técnicamente brillantes?

-Creo que uno de los mayores desafíos de hoy es que hay tanta información disponible que la gente piensa que el aprendizaje puede ocurrir de inmediato. Pero la música lleva tiempo para asimilarse. Cuando era joven, me decían que tenía que ser una esponja: absorber todo. Iba de concierto en concierto y escuchaba no sólo a violinistas, sino también a cantantes, pianistas, directores y músicos de cámara. La técnica es importante, pero no es suficiente.

Un músico joven tiene que entender qué es lo que intenta comunicar, y ahí es donde un buen maestro es tan importante. Tuve la gran suerte de aprender de personas como Galamian e Isaac Stern, y trato de transmitir no solo información técnica, sino una forma de escuchar y de pensar la música.

El afiche del Ciclo Aura, promoviendo la actuación de Pinchas Zukerman.

-Usted es también un intérprete extraordinario de la viola, un instrumento que aborda con la misma naturalidad. ¿Qué le ha enseñado la viola sobre el violín?

-Tocar ambos instrumentos te da otra forma de entender el sonido. La viola tiene su propia sonoridad y timbre, y el enfoque físico es diferente. Siempre he animado a los violinistas a tocar la viola, y a los violistas a tocar el violín, porque cambiar de instrumento te puede dar una perspectiva diferente e incluso ayudar con la coordinación física. Te volvés más consciente del sonido que querés y de la relación entre los instrumentos.

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