¡Uno! ¡Dos! ¡Tres! ¡Catorce! ¡Cincuenta! U2 cumple medio siglo y piensa tirar la casa por la ventana. Las festividades dieron comienzo con el anuncio de la publicación de su nuevo disco, Carnaval de luz (así, en castellano) y la edición de un simple adelanto, Silencio (también así, en la lengua de Cervantes y no es un cover del tema de Los Tipitos). Que se suma a la otra novedad que mostraron, un tema llamado Street of dreams.
Silencio, una canción que remite a Vértigo, acaso su último gran éxito, no viene solo sino que llega acompañado por un video filmado en un club de Ciudad de México, donde se ve al grupo tocando en un lugar prácticamente vacío de no ser por un par de parejas que bailan y alguien que ya va guardando las sillas. Como si la noche terminara.
En realidad, esto recién comienza porque ya se sabe que el álbum completo aparecerá el 13 de noviembre, que contiene doce canciones, y que hay invitados a la fiesta como Rosalía que participa en The Mirror Maker y la recientemente fallecida Dolly Parton que dejó su contribución en Torn. Seguramente habrá montones de anuncios hasta la aparición de Carnaval de luz, como para reiniciar el interés por una de las bandas más grandes de la historia del rock, que en la última década anduvo con el magiclick mojado.
¿Es Carnaval de luz un título antojadizo? ¿Es un guiño a sus fans de habla hispana? Los significados pueden ser múltiples; el más aceptado es el que lo uniría a los dos EP de nuevas canciones que el grupo irlandés publicó este año: Days of Ash, de protesta y Easter Lily, más vinculado a lo personal y a las pérdidas. Por otro lado, Carnaval de luz, en inglés, es el nombre de la famosa “canción perdida” de Los Beatles, que podría ser lo más deslumbrante que hubiera conocido la humanidad de haberse publicado, una colección de ruidos inconexos o bien un mito de esos que crecen como hongos en el fango de internet.
Lo cierto es que U2 parece apostar en este nuevo disco a un reseteo, especialidad de la casa. Bono, The Edge, Larry Mullen Jr. y Adam Clayton son expertos en reinventarse cuando sienten que el formato ha dejado de funcionarles.
Hace 50 años, fue Larry, el baterista, el que encendió el dispositivo con un aviso en la cartelera del colegio, buscando músicos para formar una banda. Tras varias vueltas, idas y regresos, en 1978 se conformaron como cuarteto de ínfulas punks y contestarias. Se hicieron fuertes en Dublin como banda de rock intenso, pero cuando quisieron cruzar el charco que los separaba de Londres, hicieron agua: los anunciaron como V2. No se enteró mucha gente, solo las nueve personas que había en el lugar.
Sin embargo, la presión irlandesa surtió efecto y luego de varios demos, el sello Island se jugó en editarles su primer álbum, Boy, que contenía I Will Follow, excelente carta de presentación para un mundo que no sabía donde meterlos. Lo que funcionaba eran grupos que coqueteaban con el reggae como The Police, bandas más new-wave como Squeeze, XTC, y resabios del punk como The Clash.
U2 en Dublin, su ciudad natal. Foto: Anton Corbijn
Expertos en reinventarse
Subieron peldaños hasta alcanzar la primera reinvención con el disco en vivo Under a Blood Red Sky (1983), donde tomaban la antorcha de la épica revolucionaria a la irlandesa con energía en himnos como Sunday Bloody Sunday o New Year Day, en versiones de altas calorías.
La segunda sucedió poco tiempo después, gracias a la producción de Brian Eno y Daniel Lanois, que les brindó dos álbumes fabulosos: The Unforgettable Fire (1984) y The Joshua Tree (1987), que les pavimentaron el camino al trono. Ese éxito pareció marearlos y como bien cantó Tears For Fears, todos quieren dominar al mundo y U2, sobre todo Bono, pensaron que podían cambiarlo y comenzaron a señalar el camino.
El público y, sobre todo, la crítica no perdonaron esa actitud tan paternalista que tan bien quedó plasmada en ese paso en falso que fue su disco doble Rattle and Hum (1990), cuando hicieron el tema Helter Skelter anunciando: “Charles Manson le robó este tema a Los Beatles, y ahora nosotros se lo robamos a él”. Acompañado por un documental, el doble los mostró en offside como el grupo más progre y santurrón del rock, palabra que no combinan bien con el estilo.
Aprendieron bien la lección y se reinventaron por completo en los '90 a través de espectáculos ridículamente monumentales, excesivos a propósito, pero que revolucionaron la forma en que un grupo debía encarar una gira de estadios: a lo bestia, con pantallas, luces, lentejuelas, guirnaldas.
Los tiempos de Zooropa, con Bono como McPhisto, su alter ego diabólico. Foto: Anton Corbijn
“El rock and roll es ridículo -aseguró Bono-, es absurdo, y en el pasado U2 trataba de esquivar eso. Ahora abrazamos todas nuestras contradicciones y le damos un gran beso”. La Zoo TV Tour con la que presentaron Achtung, Baby (1991) los mostró en su mejor momento, como un grupo de rock clásico que se anticipaba a lo alternativo con sus sonidos industriales y electrónicos. La solemnidad voló por la ventana, pero conservaron un poco de eso en maravillosas canciones como One. Hicieron una secuela formidable: Zooropa (1993), donde U2 adelgazaba y se volvía una banda etérea y luminosa en Stay (Faraway so Close) trabando una alianza virtuosa con el cineasta Wim Wenders.
Tiraron más de la cuerda en esa etapa y si bien Pop y su consiguiente gira PopMart Tour, con sus arcos dorados y su limón de espejos, fueron un éxito, el fino olfato de estos irlandeses supo detectar que se habían vuelto a pasar de listos. Entonces volvieron a las raíces con All That You Can’t Leave Behind (2000), una colección de canciones sin demasiado ornamento pero con mucha sustancia, continuado por una serie de discos que fueron marcando un declive simplemente por desgaste del motor.
Aun cuando aquellos trabajos tuvieran sus buenos momentos y una calidad acorde a su estatus legendario, U2 fue languideciendo. Y cuando eso sucede en una banda de su talla, los puñales relumbran en la oscuridad.
Video
"Silencio", lo nuevo de U2 Bajada: La banda irlandesa festeja sus 50 años.
Pase de facturas
Les pasaron una factura desmesurada por su alianza con Apple por la cual su disco de 2014, Songs Of Innocence se descargó automáticamente en todos los i-Pods, i-Tunes y demás dispositivos. Las malas intenciones le atribuyeron a U2 querer enchufarle su música a la fuerza a todo el mundo. No era un disco bueno, pero tampoco fue tan grave el crimen cometido. La penitencia duró hasta hoy, agravada por el suicidio artístico de regrabar sus canciones en Songs Of Surrender (2023), en versiones que empalidecen frente al brillo del pasado, siempre perfecto, alojado junto a nuestros mejores sentimientos. Ese crimen sí que fue grave e innecesario.
1980 y el primer álbum de U2, "Boy". Foto: Paul Slattery
Tampoco ha ayudado a U2 el alto perfil de su cantante Bono, campeón de las causas justas, siempre trabando relaciones públicas con los políticos más distinguidos para intentar mejorar aunque más no sea un ápice del malestar planetario. Se lo vio como la cara visible de Live 8, el evento diseñado para presionar al G8 a que detenga la pobreza global, aun cuando Bob Geldof estuviera detrás de la iniciativa. U2 abrió el concierto en Hyde Park junto a Paul McCartney interpretando Sgt Pepper’s Lonely Hearts Club Band, pero la nota destacada del evento fue la reunión final de Pink Floyd, con Roger Waters y todo.
U2 intenta hacer equilibrio entre su identidad como banda y el perfil de relacionista público que detenta Bono, con tanto éxito que hasta logró hacerse amigos del gruñón Noel Gallagher, líder de Oasis, que sostiene que Bono es muy criticado “porque nadie quiere a un bienhechor, por eso yo me dedico a hacer el mal”.
Carnaval de luz intentará volver a encender de rock a una banda que tiene asegurado su nombre en la historia de las verdaderamente grandes. ¿Habrá llegado a tiempo? ¿El disco tendrá el poderío artístico necesario para hacerlo? U2 cuenta con su mejor arma: el vivo; sus conciertos han sido tan ingeniosamente diseñados que atraen a las audiencias como la luz a los insectos, batiendo récords de taquilla. El simple, Silencio, permite albergar la esperanza de una nueva reinvención. Que sea luz si no llega a ser rock.
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