05/11/2026 20:09
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Guillermo Vilas cumple 74 años: el rey que todavía no tiene su corona pero merece un saludo tan lejano como respetuoso

Guillermo Vilas cumple 74 años: el rey que todavía no tiene su corona pero merece un saludo tan lejano como respetuoso

Pese al pedido general, no se lo ha reconocido como número 1 del ranking mundial cuando el sistema de medición era diferente. Gloria a Vilas, aunque estas líneas y cualquier otra u

La vincha. La Gran Willy. El negado Número 1 del ranking ATP. Su afición a la poesía. El paso del tiempo. El retiro. Y la discreción de vivir su deterioro físico en la mayor de las dignidades. Todo eso deberían celebrarse este lunes cuando Guillermo Vilas cumple 74 años.

Parecería haber un destino trágico en los ídolos populares del deporte argentino. Juan Gálvez, nueve veces campeón de TC, se mató en una carrera en Olavarría. Gatica cayó bajó las ruedas de un colectivo cuando, sumido en la pobreza, vendía muñequitos y banderines acerca de la cancha de Independiente. Monzón mató su mujer, fue condenado y al salir de prisión volvió, volcó su coche y murió en una ruta de la que nadie se acuerda. A Bonavena lo acribillaron en un cabaret de Reno, Nevada. Víctor Hugo Galíndez también dejó este mundo de modo trágico en insólito. Había dejado el boxeo y quiso dedicarse al automovilismo. En su primera carrera como copiloto abandonaron en 25 de Mayo y fue atropellado por otro competidor cundo volvía a pie a los boxes. Y Maradona. ¿qué decir? Vilas, en su otoño, no hace apariciones públicas. No puede. No murió. Pero también es víctima de la crueldad de ¿la vida?, ¿el destino?, ¿de ese Dios que no aparece cuando se lo necesita? Gloria a Vilas, aunque estas líneas y cualquier otra u otras voces no le lleguen o no las comprenda del todo.

La foto que subió Phiang Vilas, la mujer de Guillermo, por el cumpleaños de Guillermo Jr. en 2024.

Las estadísticas son suficientes para darle el justo valor posible a su aporte al deporte y su contribución a eso que se llama orgullo nacional. Todos fuimos (somos) hinchas de Vilas. Todos lo hemos aplaudido. Fue abanderado glorioso de un deporte que aquí solo jugaban las elites. Nada se descubre si se dice que fue quien popularizó el tenis. Si hay un Messi y hubo un Maradona en el fútbol es porque antes hubo un Moreno o un Di Stéfano. Si hay un Colapinto es porque antes hubo un Reutemann, un Fangio y un Froilán. Y unos hermanos llamados Gálvez. Si Tirante acaba de dar un tremendo campanazo venciendo al fenomenal Djokovic es porque le toca ser el último eslabón de esa cadena iniciada con Vilas.

Desde que su papá Roque le regaló la primera raqueta, Guillermo estuvo dale que dale contra el frontón de la casa familiar en Mar del Plata hasta que el profe Locicero lo pulió en el Náutico. Demos un salto desde aquel zurdito niño a este señor de 74 años. Cuatro veces campeón de Grand Slam (dos en Australia, uno en el US Open, otro en Roland Garros). Sólo Wimbledon fue tierra prohibida y ahí nació su histórica frase: “el pasto es para las vacas". Debió ser número 1 pero un mal cálculo de la ATP le negó el lugar. Guillermo, campeón sin corona.

Foto: EFE/ Archivo

En su época de esplendor fue una de las figuras más populares del país. Ya no sólo por los pelotazo de zurda que le daban con el encordado. Merodeó la música, nada menos que con Luis Alberto Spinetta de quien fue tan cercano que es el padrino de Dante, uno de los hijos del Maestro. El “honor” del machismo nacional lo cumplió con su romance con Carolina de Mónaco. Se animó a la poesía y escribió el libro “125”. Hizo publicidad. Fue hábil declarante. Divertido contador de anécdotas cada que vez lo convocaban a alguna entrevista televisiva.

Su foto, dándole de revés o con la famosa Gran Willy, estaba pegada en los espejos retrovisores de algunos colectivos cuyos choferes iban un poco más allá del homenaje silencioso a los futbolistas o a los clubes de los que eran hinchas. No pasó con muchos deportistas. Menos con un tenista.

Vilas cumple 74 años. Con las carencias de una salud maltrecha. Pero está aquí, en este mundo, entre nosotros. Tanto nos dio que merece al menos un saludo tan lejano como respetuoso. Aunque él ni se entere. ¡Salud Willy!. Y gracias por tantos 15, 30, 40, game, set. Ha sido inolvidable.

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