La Community Shield tiene esa extraña condición de ser un título cuando se gana y casi un amistoso cuando se pierde. Arsenal podrá elegir la primera definición porque este domingo levantó el trofeo después de darle una paliza 3-0 al Manchester City en Cardiff. Y aunque aún no se cerró el mercado de pases y queda una Premier League entera por delante, el partido dejó una imagen potente: el campeón inglés sigue siendo un equipo reconocible, convencido y hambriento, mientras que el City descubrió de golpe que la vida después de Pep Guardiola puede resultar bastante más complicada de lo que parecía.
Ni siquiera habían terminado de acomodarse los 22 futbolistas cuando Arsenal ya ganaba. A los 23 segundos, Myles Lewis-Skelly filtró una pelota magnífica para Riccardo Calafiori, que apareció a espaldas de una defensa todavía dormida y definió ante Gianluigi Donnarumma. Fue el gol más rápido en una Community Shield desde 1968 y también una síntesis de lo que vendría después: un equipo sabía perfectamente qué quería hacer y el otro todavía estaba tratando de entenderlo.
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Se nota que Arsenal lleva años recorriendo el mismo camino. Mikel Arteta cambió piezas e incorporó variantes, pero conservó la estructura que lo llevó a romper una sequía de 22 años en la Premier y a alcanzar la final de la Champions League. La presión, la circulación y la decisión de atacar los espacios aparecieron desde el comienzo. City, en cambio, pareció un equipo recién presentado. Y, en cierta manera, lo es.
Enzo Maresca tuvo el peor estreno oficial que podía imaginar como sucesor de Guardiola. Reemplazar al entrenador que modificó la historia moderna del club ya supone una carga enorme; empezar perdiendo antes del primer minuto y terminar escuchando desde las tribunas el cruel “te despiden por la mañana” no ayuda demasiado. Nadie debería sacar conclusiones definitivas en agosto, pero tampoco tendría sentido ignorar algunas señales.
Una estuvo en el mediocampo. Elliott Anderson, la incorporación de 130 millones, tuvo un debut para olvidar y Mateo Kovacic tampoco consiguió darle equilibrio a un equipo que perdió demasiadas veces la pelota en zonas comprometidas. Sin Rodri para ordenar y determinar el ritmo de cada posesión, el City fue un conjunto partido y vulnerable.
Arsenal detectó esa fragilidad y fue por más. Cerca de la media hora volvió a mover la pelota con velocidad, encontró desacomodada a la última línea rival y Kai Havertz apareció en el segundo palo para cabecear el 2-0. Donnarumma alcanzó a tocarla, pero no pudo evitar el gol. Para entonces, la diferencia en el marcador empezaba a parecerse bastante a la que había sobre el campo.
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City tuvo algunos intentos, especialmente a partir de Erling Haaland, pero David Raya respondió cada vez que fue necesario. El noruego apenas tocó siete veces la pelota y terminó con dos remates, uno al arco, antes de ser reemplazado a los 53 minutos. Venía de un Mundial largo y todavía necesita recuperar ritmo, pero también hubo una explicación futbolística: Arsenal consiguió que uno de los delanteros más devastadores del planeta viviera demasiado lejos del lugar donde hace daño.
Si Maresca esperaba utilizar el entretiempo para corregir el rumbo, la ilusión duró tres minutos. Christos Tzolis encontró a Martin Odegaard en el corazón del área y el capitán hizo el resto: control, amague para dejar sentado a Josko Gvardiol y definición con Donnarumma ya vencido. 3-0 y partido prácticamente terminado.
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Odegaard fue la representación más clara de la diferencia entre ambos. Apareció para construir cerca del área rival, retrocedió para recuperar junto a sus defensores y manejó los tiempos cuando Arsenal necesitó bajar las revoluciones. Después explicaría que los Gunners querían demostrar que estaban preparados y que pretendían “ganarlo todo”. La frase puede sonar ambiciosa en agosto, pero encontró respaldo dentro de la cancha.
Entonces llegó el disfrute. El Millenium Stadium acompañó cada secuencia de pases del Arsenal con “olés” y la escena tuvo un sabor especial. Durante años fue City el que le explicó al equipo de Arteta cuánto le faltaba para alcanzar la cima y hasta lo relegó cuando parecía preparado para dar el salto. Esta vez los papeles se invirtieron.
La paradoja es que Arteta aprendió mucho de Guardiola y construyó parte de este Arsenal tomando conceptos de aquel City dominante. Ahora es su equipo el que aparece consolidado mientras Manchester empieza una nueva etapa. Una Community Shield no alcanza para decretar un cambio de época, pero el 3-0 mostró que las distancias se modificaron.
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Maresca tendrá tiempo y seguramente también refuerzos, pero la comparación con Guardiola será inevitable. Y entre sus primeras decisiones apareció un argentino: Claudio Echeverri ni siquiera fue convocado para el estreno oficial del italiano, una situación que habrá que seguir para conocer qué lugar tendrá el ex River en el nuevo proyecto. Gerónimo Rulli, en cambio, integró el banco de suplentes y observó desde allí la derrota.
Arsenal empieza la temporada con otro trofeo después de conquistar la Premier League y llegar a la final de la Champions. Pero quizá el dato más significativo no sea la copa sino la forma: volvió a competir como si el Mundial no hubiera interrumpido nada, con las mismas certezas que lo llevaron a la cima y con una diferencia evidente respecto de un City que, por primera vez en mucho tiempo, comienza una temporada con más preguntas que respuestas.
El resumen de Arsenal vs. Manchester City
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