Lionel Messi se ató el botín zurdo en los diez segundos de conteo final para el saque inicial en el estadio de Nueva York/Nueva Jersey. Su probable última imagen en una Copa del Mundo es con la valiosa medalla del segundo puesto colgada en su cuello y llorando desconsolado ante los hinchas que no paran de revolear sus remeras. Le hacen la reverencia que es marca global coreando su apellido. Unos minutos antes está sobre el césped en la misma posición en la que hace unos días atrás había contemplado, quizás, la victoria sentimental más importante de su carrera ante Inglaterra. Se lamentará por una final que fue cuesta arriba desde el primero hasta el último minuto para la Selección Argentina. Cuando apoye la cabeza en la almohada sabrá que quedará esa deuda colectiva por este partido, pero nadie podrá caerle a un grupo que reconfiguró la forma de competir y que llevó al capitán a una impensada repetición de finales del mundo, en su último tango.
Infantino y Trump le entregan a Messi la medalla de plata. Reuters/James Lang
Lo saludan todos. Compañeros, rivales, Gianni Infantino y Donald Trump. Intentó hasta el final con ese físico golpeado por el tercer alargue en cinco duelos de eliminación directa. No se sacó la cinta de capitán y dio la cara pidiendo la pelota, intentando, como le enseñó a toda una generación que se había desenamorado de la Selección. "Lo más lindo de todos estos años nunca fueron solamente los títulos, sino todo el camino", escribió Leo en un posteo que hizo la noche anterior a la final y que se llenó de comentarios.
A sus 39 años, dio una muestra de perseverancia. Convirtió ocho goles, dio cuatro asistencias y fue el plus de un equipo que dio la cara por él cuando las piernas se agarrotaban, pero que también se apoyó en él en los momentos más determinantes. A veces con una palabra, con un gesto o simplemente jugando a la pelota.
Porque el idioma de la pelota es universal y Messi lo habló mejor que nadie durante los últimos 20 años. Se ilusionó con repetir su cuota goleadora en esa carrera por la Bota de Oro con Kylian Mbappé cuando tuvo una primera en una corrida solitaria en la que no llegó a puntear la pelota ante la salida larga del arquero Unai Simón.
Foto Juano Tesone / Enviado especial - CLARIN
En los primeros 15 minutos, solo había tocado una pelota: el saque inicial. La segunda fue un foul que le cometió Baena en tres cuartos de cancha. No lo dejaban jugar. A los 20 minutos, la gente se activó con el famoso "Que de la mano, de Leo Messi...". Hasta la pausa de rehidratación, el plan de España estaba claro: cortar sistemáticamente el juego de Messi con faltas rápidas, pero no violentas.
Por eso se generaba el fastidio de los argentinos, que le reclamaban al árbitro esloveno Vincic. Terminó los primeros 45 minutos con quince toques de pelota, solo por delante de Julián Alvarez (8). Era todo un indicio de por qué le pasaba a Argentina lo que le pasaba.
En el segundo tiempo hubo más de lo mismo. Quedó más aislado todavía porque el dominio de España se profundizó. Fueron 14 toques de balón, con un alto porcentaje de efectividad pero sin ser decisivo. Jamás encontró el lugar dónde recibir la pelota y poder lastimar.
Foto Juano Tesone / Enviado especial - CLARIN
En el primer tiempo suplementario se encendió con una pelota que peleó desde el piso y habilitó con el revés del pie al espacio para Giuliano Simeone. Argentina todavía no había tenido remates al arco. Sonó "The Final Countdown" de Europe en el entretiempo del alargue como si la resurrección con un jugador menos fuera posible. Ya sin Julián Alvarez, todo dependía del 10.
El gol de Ferran Torres fue un golpe letal. Esta vez no hubo milagro por más que lanzara el córner que después de unos rebotes Simeone tiró por arriba del travesaño. Quedará esa gambeta inoxidable levantando la pelota contra Pedri en la banda derecha, en uno de los cruces generacionales que tuvo esta final. También ese centro que cae en el techo del arco de Unai Simón.
Lionel Messi se desata los botines tirado en el césped del estadio de Nueva York/Nueva Jersey. Su historia con la Selección Argentina en Mundiales se cierra con 34 partidos, tres finales y un título. Pero su enseñanza va mucho más allá que sus videos virales dentro de la cancha. Es una forma de ver y entender la vida, que al final, se parece mucho al fútbol.
Gracias, Leo. Nos hiciste muy felices. Tus lágrimas son nuestras lágrimas. Descansá, que lo tenés merecido.
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