Enner Valencia estaba donde tenía que estar. A los 50 minutos del segundo tiempo, cuando Boca veía escaparse el título de la tabla anual y Rosario Central ya se preparaba para celebrar el bicampeonato, el ecuatoriano encontró una pelota suelta en el área y la mandó a la red. Fue el gol más importante de su corta historia en el club. El que transformó una tarde de frustración en una fiesta inolvidable en la Bombonera. Y también el que terminó de confirmar una revancha personal que había comenzado apenas tres meses atrás, después de un Mundial para el olvido.
El centro de Lautaro Blanco parecía controlado por Matías Borgogno, pero el arquero de Defensa y Justicia chocó con Lautaro Di Lollo, perdió la pelota y Valencia aprovechó el rebote. Un toque, el 1-0 y la estrella número 75 para Boca. Del otro lado, Rosario Central acababa de vencer 2-0 a Estudiantes de Río Cuarto y esperaba un empate para quedarse con el título. Pero apareció el ecuatoriano para cambiar la historia.
¡¡¡BOCA QUIERE SER CAMPEÓN DEL FÚTBOL ARGENTINO!!! ¡¡GOL AGÓNICO DE ENNER VALENCIA PARA EL 1-0 DE BOCA VS. DEFENSA!!
— SportsCenter (@SC_ESPN) November 7, 2026
📺 ESPN Premium | Suscribite al Pack Fútbol en https://t.co/QYG8QkfMVs pic.twitter.com/956vwteOZF
El festejo tuvo un destinatario especial. Valencia miró hacia el palco de Juan Román Riquelme y ensayó el Topo Gigio, el gesto que inmortalizó el actual presidente de Boca. Después, todavía con la emoción a flor de piel, explicó la dedicatoria. “Soy agradecido con él por confiar en mí”, dijo, y contó que lo había visto sufrir mientras esperaba para entrar. Ahora podían festejar juntos.
La historia de Valencia en Boca empezó el 9 de agosto, cuando llegó libre desde Pachuca y firmó contrato hasta diciembre de 2027. Tenía 36 años, una extensa trayectoria internacional y el peso de ser el máximo goleador histórico de Ecuador, pero también arrastraba una frustración reciente. En el Mundial 2026 había disputado cuatro partidos, acumulado 290 minutos y no había marcado. Su selección quedó eliminada en los 16avos de final ante México y él terminó entre los delanteros con más ocasiones claras desperdiciadas.
Tampoco fue sencillo su desembarco en la Argentina. Le costó encontrar ritmo después del parate posterior al Mundial y pasó sus primeros seis partidos sin convertir. Recién el 15 de septiembre, ante Central Córdoba, pudo celebrar su primer gol con la camiseta azul y oro.
La explosión llegó doce días después. Boca perdía 2-0 contra Racing por los cuartos de final de la Copa Argentina y Rodolfo Arruabarrena lo mandó a la cancha. Valencia respondió con tres goles de cabeza en apenas 23 minutos, el último sobre la hora, para dar vuelta el partido y conseguir una clasificación que parecía imposible. Fue una actuación histórica: hacía 44 años que un futbolista de Boca no convertía tres tantos de cabeza en un mismo encuentro.
Aquella tarde, en el Gigante de Arroyito, el ecuatoriano admitió que había atravesado momentos difíciles y que necesitó ponerse a punto físicamente. También reconoció que jugar en Boca implicaba una exigencia permanente: ganar siempre. Su actuación ante Racing marcó un antes y un después.
Después llegó otro gol frente a Instituto, en Córdoba, y este sábado, contra Defensa y Justicia, el sexto desde su llegada al club. Una cifra que por sí sola no explica su importancia. Porque cuatro de esos tantos aparecieron en dos partidos que parecían perdidos y terminaron convertidos en victorias decisivas.
Tras la consagración, Valencia explicó que había ingresado para colaborar con sus compañeros, desgastados por el esfuerzo. “Me quedó una y gracias a Dios pudo entrar”, resumió sobre la acción que terminó definiendo el campeonato.
¿Cómo festejó Enner Valencia el gol del título? ¡¡A PURO SIX SEVEN DEDICADO SU HIJA!!
— SportsCenter (@SC_ESPN) November 7, 2026
📺 ESPN Premium | Suscribite al Pack Fútbol en https://t.co/QYG8QkfMVs pic.twitter.com/yL8I8Ciq2R
También destacó que Boca nunca dejó de confiar en que encontraría el gol, pese a las dificultades que planteó Defensa y Justicia. Y dejó una frase que resume su transformación desde aquel futbolista cuestionado de agosto hasta el héroe de noviembre: “Cada gol que hago en Boca sube un escalón”.
En apenas tres meses, Valencia pasó de las dudas a los festejos, de un Mundial sin goles a convertirse en protagonista de dos remontadas inolvidables. Llegó para sumar experiencia y terminó siendo decisivo para que Boca volviera a levantar una copa después de más de tres años.
Y, como suele suceder con los goleadores, la historia quedó reducida a una imagen: una pelota suelta, un toque oportuno y una Bombonera que explotó cuando ya casi no quedaba tiempo. Enner Valencia había llegado para hacer goles. Terminó haciendo uno que vale un título. Y que cambió una tarde de resignación por una noche de fiesta.
Todavia no hay comentarios aprobados.