La frase de Federico Beligoy, que habla poco públicamente, parece una broma de mal gusto. Especialmente, después de ver en acción a sus subordinados cada fin de semana. “Tenemos los mejores árbitros del mundo”, dijo en la fiesta de fin de año de la AAA (Asociación Argentina de Arbitros), el sindicato que dirige. Sí, el jefe de los referís también es gremialista. Atiende de los dos lados del mostrador, aunque a Claudio Tapia no parece importarle mientras sea funcional a sus intereses. El presidente de la AFA lo sostiene, muy a pesar de la sombra de Pablo Dóvalo, flamante Director del Departamento de Arbitraje Femenino, quien todavía está activo pero con retiro confirmado para diciembre.
No obstante, la situación más grave no tiene que ver con la superposición de las funciones de Beligoy, quien este martes 13 cumplió 57 años. Lo peor es la conducción de los hombres del silbato que socavan la Justicia deportiva y generan dudas sobre su honorabilidad. Sobre todo, en estos momentos cumbre, cuando se definen títulos, clasificaciones a las copas internacionales, descensos y ascensos.
Entonces, se suceden los escándalos, como pasó el lunes en Floresta, cuando Nicolás Lamolina cobró un penal a favor de Godoy Cruz por una infracción afuera del área. Hubo 25 minutos de protestas y terminó dando marcha atrás después de que un jugador de All Boys le mostrara un celular, muy a pesar de que el referí declaró que su criterio cambió a partir de la visión de su asistente.
Lo cierto es que existe un quiebre entre Chiqui y Pablo Toviggino, por más que se hayan mostrado juntos en el casamiento de la hija del tesorero de la AFA, celebrado el mes pasado en Santiago del Estero. Tiene que ver con las causas judiciales que los agobian, pero también con el manejo del arbitraje. Fundamentalmente, en el Ascenso.
Como dos perros que cuidan su terreno, Tapia tiene interés en AMBA y Toviggino en el interior. El presidente de la AFA posee vínculos estrechos con varios intendentes del Conurbano y busca cuidar sus lazos políticos. No parece casual que Tristán Suárez, en la Primera Nacional, asome en la punta de la Zona A peleando mano a mano con Temperley. Gastón Granados es el jefe comunal de Ezeiza y dueño de El Mangrullo, donde suelen comer los árbitros. Tampoco resulta sorprendente que Berazategui y Luján, donde mandan los peronistas Carlos Balor y Leonardo Boto, definan la Primera C.
Tapia se acercó políticamente a Kicillof.
Tapia es el presidente de CEAMSE (Coordinación Ecológica Área Metropolitana Sociedad del Estado) gracias a la designación de Axel Kicillof. El mandamás de la AFA y el gobernador bonaerense firmaron un convenio de explotación del estadio Ciudad de La Plata, que aspira a ser la nueva casa de la Selección Argentina, escenario estratégico en la guerra que el dirigente libró con River. Chiqui goza de inmunidad provincial, al punto de gestionar el cambio de jurisdicción de CABA a Pilar, donde gobierna Federico Achaval, otro intendente kirchnerista. De este modo, busca escapar de las garra de la IGJ (Inspección General de Justicia) que le pidió la rendición de cuentas.
Después, hay otros protegidos. Excursionistas es conducido por Javier Méndez Cartier, joven mano derecha de Tapia y recientemente designado titular de la Comisión de Futsal de la FIFA. No demerita la campaña de su equipo, líder de la Primera B con 77 puntos, pero espera un espaldarazo en las próximas fechas para subir a la segunda categoría. Deportivo Armenio, cuyo presidente es Luciano Nakis, se está clasificando al Reducido. Es el "secanucas" que competirá en las elecciones de Independiente.
En el Federal A, sobran los ejemplos de arbitrajes poco confiables. El favorito para ascender a la Primera Nacional es San Martín de Formosa, bancado por la caja provincial de Gildo Insfrán, inamovible desde su feudo. Sin ir más lejos, hace una semana, Guillermo González no cobró un clarísimo penal a favor de Atenas de Río Cuarto.
Pablo Toviggino, saliendo de Tribunales en marzo de este año.
Foto: Cristina Sille
Los árbitros son brazos ejecutores y Beligoy, por ahora, responde. No fueron pocos los que pidieron su cabeza en la Liga Profesional. Lo hizo Nicolás Russo después del Boca-Lanús en el que Leonel Flores lastimó a Sasha Marcich y Dóvalo no mostró la tarjeta roja que correspondía. Desde el VAR no hubo comunicación de parte de Germán Delfino. Nada dijo el presidente granate de la expulsión que omitió Sebastián Martínez, sobrino del jefe de los referís, para Agustín Medina por un pisotón a Lucas Robertone.
Hay una serie de árbitros que están cuestionados por los chats que surgieron a partir de las investigaciones periodísticas, y que están en poder de la Justicia, en las que se revela que habrían cobrado dinero a cambio de favorecer a algunos equipos. Es el caso de Luis Lobo Medina, Fernando Espinoza, Nelson Sosa y Adrián Franklin, que fueron denunciados por el legislador porteño Fernando Del Gaiso.
Jorge Baliño, Andrés Merlos, Pablo Echavarría, Andrés Gariano y Nazareno Arasa son apuntados por los hinchas por sus opacas actuaciones. Nicolás Ramírez, que dirigía todas las finales, ya no es el favorito de la casa madre.
Después, están los promovidos desde el Ascenso que alternan con la Primera, como los casos de Bruno Amiconi y Juan Pafundi. O de Juan Cruz Robledo, que estuvo detenido por criptoestafa en 2023, como parte de la banda de Leonado Cositorto, responsable de Generación Zoe.
Tapia saludó a Beligoy en su cumpleaños
Otros son escondidos en el VAR. Los mundialistas Darío Herrera y Yael Falcón Pérez no están exentos de las polémicas. A excepción de Facundo Tello, con aciertos y errores, todos perdieron credibilidad en las tribunas.
Con partidos digitados y jueces que parecen hacer mandados, el fútbol que conducen Tapia y Toviggino se desangra entre sospechas de corrupción.
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