A Ángel Di María nadie deja de mirarlo desde que regresó al fútbol argentino. Los primeros partidos tras su vuelta al país fueron una combinación de agradecimiento por los títulos conseguidos con la Scaloneta y asombro ante su zurda mágica. En casi todas las canchas se lo aplaudía y se lo ovacionaba. Pero algunos penales polémicos que le dieron a Rosario Central durante 2025 comenzaron a torcer la tendencia. De los aplausos se pasó a la indiferencia. Y de ahí a los reproches, que se agigantaron después del campeonato por escritorio que Claudio Tapia decidió otorgarle a Central una vez finalizado el torneo, por haber sido el equipo que terminó primero en la tabla anual. "Fideo secanucas", le cantó el Monumental cuando el Canalla visitó a River.
Di María sabe que está en el ojo de la tormenta. Todo se mide distinto cuando los fallos son a favor del elenco rosarino. Y la tarde de Santiago del Estero volvió a quedar atravesada por la polémica: el penal de Leandro González Pirez a Enzo Copetti fue demasiado fino. El impacto existió, pero la acción no pareció suficiente para sancionar la pena máxima. Darío Herrera no lo cobró en primera instancia, aunque revirtió su fallo después del llamado del VAR, a cargo de Jorge Baliño. Di María no dudó. Tomó la pelota, se hizo cargo de la responsabilidad y convirtió el 2-1.
"Lo voy a aclarar porque cansa siempre lo mismo. Este fue penal, como el que me hicieron ante Francia en la final de Qatar. Es un toque, está adentro del área y el VAR te lleva a eso; esto es el fútbol de ahora y es así. Hoy nos tocó a nosotros. Fue lamentable lo del final, pero no hicimos nada para que pase lo que pasó, ellos tendrán sus excusas", lanzó Di María tras la final.
Pero si el penal volvió a ponerlo en el centro de la discusión, el partido también tuvo una imagen mucho más familiar: la zurda de Fideo resolviendo un momento decisivo. Di María había iniciado la remontada con un golazo de tiro libre, otra demostración de una especialidad que parecía reservada para otros tiempos. "Antes de salir a la cancha me apareció el gol de tiro libre de Messi a Estados Unidos en la Copa América. Y cuando agarré la pelota dije 'lo voy a intentar, no soy Leo, pero bueno, capaz sale', y terminó saliendo. Lo nombro a él porque pasó justo antes, es el ídolo máximo de este fútbol y siempre me desea lo mejor", se sinceró.
Ángel fue determinante en la remontada con el empate y con el gol de la ventaja. El tercero lo convirtió Julián Fernández, cuando Fideo ya estaba en el banco de suplentes. Pero para entonces Central ya había conseguido algo que Di María había ido a buscar cuando decidió volver: una alegría grande, de esas que justifican una carrera entera.
"Volví por esta alegría, por esta gente. Le comenté a los chicos que estamos a fin de mes y que la gente hace todo para estar acá, vende cosas, y si no le dábamos esta alegría me iba a sentir muy mal. Sé que cuando volví ya no le debía nada a la gente, pero quería darles una alegría. Con esto corono lo que quería y estoy más que feliz", soltó.
Hay una frase que ahora adquiere otra dimensión. "Lo único que me falta es ser campeón con Rosario Central", había dicho Di María cuando lo presentaron en julio de 2025. Lo que entonces parecía una deuda sentimental con el club de sus amores hoy ya forma parte de su colección de conquistas. Un año después de aquella presentación, Fideo suma dos estrellas con Central y llegó a los 38 títulos en su carrera.
Son 38 vueltas olímpicas para un futbolista que construyó su historia en Rosario, Lisboa, Madrid, Manchester, París, Turín y la Selección Argentina, pero que decidió volver a casa para completar una de las pocas casillas que le faltaban. Y ese número lo ubica como el segundo argentino más ganador de la historia, detrás de Lionel Messi, que suma 48 títulos. Después de los aplausos, los reproches, los penales discutidos y las noches en las que volvió a sentirse observado por todos, Di María tiene otra razón para sonreír: volvió a Central para ser campeón y terminó agregando dos estrellas y un capítulo más a una carrera de 38 títulos.
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