Un insulto que nos obliga a pensar

Hace unos pocos días, un tal Juan Alonso, periodista de Radio Nacional, lanzó un insulto genérico a los cordobeses. Dijo que somos “un pueblo de mierda en una provincia de mierda”. Soy cordobés por adopción: hace 60 años vine a estudiar a nuestra Universidad y me quedé para siempre. Por lo tanto, siento que la descalificación me incluye. Pero, además, incluye a mis hijos y a mis nietos, todos ellos cordobeses.

No lo conozco a este señor, nunca lo había escuchado antes de este exabrupto, pero por lo visto parece ser un tonto importante. Quizá lo dijo por ignorancia o estupidez. Probablemente, por una sumatoria de ambas. Una conjunción explosiva.

El tal Alonso trabaja en Radio Nacional, lo que significa que los cordobeses también contribuimos a pagarle el sueldo. Es cierto que a lo largo de mi vida he recibido algunos insultos, pero siempre han sido gratis: nunca nadie me exigió pagar por ellos. Y aquí me parece que se abre la posibilidad de un debate importante: ¿se justifica financiar medios públicos tal cual están concebidos en nuestro país?

El origen de Radio Nacional aparece allá por 1937, bajo la presidencia de Agustín P. Justo, y tenía una programación orientada más bien a las relaciones exteriores y dirigida, sobre todo, a los países limítrofes.

Se trataba de posicionar a la Argentina en el mundo. Tan es así que se transmitía en castellano, italiano e inglés. Posteriormente, fue utilizada como una herramienta útil para campañas de buena alimentación, nutrición infantil, etcétera.

A partir de la década de 1950, comenzó a transformarse más en un medio de difusión del gobierno de turno que del Estado en su conjunto. Y ahí, me parece, está la base del problema. Si es del Estado, y no del gobierno, y se financia con presupuesto público, debería depender del Congreso Nacional y tener una conducción en la que estuvieran representadas las diferentes corrientes de opinión, para ser un medio plural y no un instrumento de un gobierno particular, cualquiera fuere.

Si no podemos resistir la tentación de que un medio de comunicación estatal se convierta en un arma de adoctrinamiento de cualquier mayoría circunstancial, quizá deberíamos plantearnos si se justifica tener medios estatales pagados por todos los ciudadanos argentinos.

Contra la opinión de muchos, no creo que los medios de comunicación nos modelen el pensamiento, sino que elegimos más bien aquellos medios que son más coincidentes con nuestra forma de pensar. Ejemplos a la vista: con todos los grandes medios de Estados Unidos haciendo campaña en su contra, Donald Trump ganó las elecciones; lo mismo pasó con Lula da Silva en Brasil, pese a que la hegemónica red O Globo trataba de hundir su candidatura.

Todos nosotros tenemos la libertad de elegir qué radio queremos escuchar o qué diario leer. Pero cada medio tiene que buscar su mercado y los recursos para subsistir. No me molesta que haya una radio, cualquiera fuere, que emita opiniones destempladas contra los cordobeses, los tucumanos o la víctima que elija. Simplemente no la escucho. Pero no me exijan que pague por ella.

Simplemente creo que al vociferador Alonso debemos reconocerle el mérito de haber provocado un debate que puede ser importante. Por ello, en vez de contestarle con otro insulto, agradezcámosle que nos haya obligado a pensar sobre un tema que merece una profunda discusión. Alonso, gracias.

* Ex-secretario General de la UNC