Un plan para evitar que explote

Hace unos días falleció la cantante italiana Raffaella Carrá, interprete de éxitos como la comedia musical Explota, Explota o la canción Fiesta que podrían considerarse títulos afines para la historia económica argentina.

El dólar pisado comprime la inflación, pero no la corrige, la posterga.

Un tipo de cambio bajo impulsa las importaciones y debilita a las exportaciones, mientras Argentina necesita dinamizarlas para aumentar sus reservas y asegurar el pago de deudas.

Las importaciones crecieron fuerte el mes pasado: 62,4%, mientras que las exportaciones crecieron 33.2%. Hubo un superávit comercial de 1.623 millones de dólares, el más alto de los últimos 12 meses.

En los primeros cinco meses del año, el saldo comercial es 5.624 millones de dólares y muestra que las importaciones crecen muy por arriba de las exportaciones: 42.3% contra 24.4%.

El aumento de las exportaciones se debió al incremento de 36% en los precios y de sólo 2% en cantidades. En cambio, las importaciones subieron más fuerte y se debió a un crecimiento de 40% en cantidades y 15% en precios.

La cotización de la soja y el maíz es la base del aumento de nuestras exportaciones. Es una alerta amarilla en el caso de descenso de la cotización de la oleaginosa, como se observó en las últimas semanas.

El plan de dólar atrasado y tarifas congeladas puede ayudar en el objetivo de mejorar los resultados electorales, aunque hay un día después con tres escenarios posibles.

Si el Gobierno pierde las elecciones, exigirle una rectificación del rumbo o algo más fuerte. Si gana, modificar las tarifas como pensó en su momento el ministro de Economía, Martín Guzmán, o dejar todo como hasta ahora, ya que equipo que gana no se toca. Este último escenario, que fue el más utilizado en los últimos gobiernos –tanto oficialismo como oposición–, terminó generado que el mercado sea el que ajuste con saltos en la cotización del dólar que arrastra y empuja la inflación, impacta en los precios relativos y todo vuelve a empezar.

El dólar subió 1% mensual con una inflación de más de 3%; luego de las elecciones debería compensarse ese atraso debiendo aumentar el tipo de cambio por arriba de la inflación.

Las importaciones están creciendo porque hay más divisas por la soja, pero cerró el grifo de los dólares alternativos, lo que hizo que el blue subiera y llegara a 182 pesos. El Gobierno quiere no perder muchas reservas hasta las elecciones. En otros años electorales, se gastaron 4.000 millones de dólares para anclar el dólar y ahora quiere bajar ese monto.

Los últimos ajustes económicos fuertes los hizo el mercado o el Gobierno por orden del Fondo Monetario Internacional, (FMI), pero no hay correcciones que formen parte de un plan a mediano plazo. Tal vez caló hondo la frase que dice “el que ajusta pierde las elecciones”, aunque en la historia nacional el que no corrigió los déficits no sólo perdió, sino que se llevó puesta a la economía argentina.

El exministro de Economía Roque Fernández aseguró que todos los controles cambiarios terminan fracasando, desde el peronismo en 1974 pasando por la tablita de Martínez de Hoz. ¿Por qué sería diferente esta vez?

Explota, explota

Nuestro país tiene una amplia historia de atrasos cambiarios a los cuales les pusimos buena música y algunos goles.

El control cambiario de 1974 fue el mayor de la historia hasta ese momento; el plan voló por el aire, desgastó al gobierno de entonces y hasta puede haber colaborado en su caída.

En 1980 hablábamos de la “tablita” y de la “plata dulce”. Argentina se llenaba de artistas internacionales que venían a cantar, entre ellos Raffaella Carrá, aunque se puede destacar a Queen, que vino a hacer cinco shows en 1981.

El club Boca Juniors pudo competir con el Barcelona para comprarle a Diego Maradona a Argentinos Juniors, porque nuestro peso no competía con el dólar; parecía más fuerte. River no quiso ser menos y trajo al campeón del mundo y goleador Mario Kempes desde Valencia, donde era ídolo. ¿Se imaginan a un equipo argentino trayendo hoy a Messi o Dybala? La “magia de un dólar atrasado”. El resultado fue igual que siempre: años de gran déficit (1980/1981), todo explota, el dólar vuela y a comenzar de cero.

Raffaella Carrá le pondría música a esta explicación: “que fantástica, fantástica esta fiesta”.

Ilustración Eric Zampieri

Otro gran atraso fue el del final de la convertibilidad, que generó tres años de déficit comercial continuos (1997 a 1999) y llenamos de argentinos las canchas francesas en el mundial 1998. “Éramos locales en todos lados”, decían los periodistas considerando que el único ingrediente era la pasión, olvidándose del atraso del dólar. Resultado: “explota, explota”.

Pablo Gerchunoff sostiene que la crisis de 1975 duró hasta 1990, y si no corregimos, podemos tener otro período similar.

Sin plan

El ministro Guzmán dijo: “Si la idea es un país de impuestos bajos y gasto bajo, esa no es nuestra idea”. Fue una declaración de principios interesante, aunque no llega a ser un plan.

Si bien es una visión sobre el sistema, no termina de ser una estrategia. En diciembre pasado, la canciller alemana Ángela Merkel había pedido al Presidente que lanzara una señal clara.

Kristalina Georgieva, en la asamblea anual del FMI, indicó que Argentina debe ofrecer una agenda económica integral y creíble. Otra mujer que le puso otras palabras a un mismo pedido fue Janet Yellen, la secretaria de Tesoro de los Estados Unidos, quien pidió un plan consistente y sólido.

El ministro de Economía, en la última reunión con la Unión Industrial Argentina (UIA), dejó algunos tips sobre cómo debe reducirse el déficit fiscal aprovechando el aumento de recaudación. Dijo: “La falta de divisas requiere definir compromisos, reestructurar deudas y generar dólares con exportaciones”.

El pedido de las mujeres más influyentes en la economía mundial fue muy claro: Argentina necesita un plan sólido y creíble. Tal vez, los últimos que tuvimos con esas características fueron el Plan Austral y la Convertibilidad, aunque sus finales estuvieron muy lejos de lo deseado.

El futuro

Para muchos analistas, el ajuste poselectoral traerá más alza de precios. La inflación “serrucho” que tenemos en Argentina desde 2013, donde sube un año y al año electoral baja: 14% en 2014, 17% en 2015 (electoral); 34% en 2016, 24% en 2017 (electoral) hasta llegar a 47% en 2018. Después de soltar el dólar, tras las elecciones primarias abiertas simultáneas y obligatorias (Paso), en 2019 volvió a subir a 53%.

Guzmán esperaba para 2021 una inflación de 29% y las expectativas muestran algo cercano al 50%. Pisadas las tarifas y el dólar, todo hace prevenir un aumento de la inflación por corrección de variables, salvo la aparición de un plan sólido, superávit fiscal y acuerdo por la deuda. Durante el último año del gobierno de Mauricio Macri, la inflación fue muy alta, pero el dólar ya no estaba pisado; esa es una diferencia fundamental con el presente. Hoy la inflación es alta con dólar y tarifas pisados.

Hay dos elementos adicionales para tener en cuenta con el dólar. El primero, la demanda por viajes para el próximo verano. Imaginemos un mundo vacunado, un dólar atrasado antes de las vacaciones y un sector turístico que deseará potenciar al máximo sus ventas. El año anterior fue con una demanda atípica, ya que no existió la compra por parte de los turistas. Esto agitará la demanda de divisas.

El segundo, con tarifas congeladas, creció la importación de combustible, que significa mayor demanda de divisas.

La inflación ayudó al Gobierno a licuar salarios, deudas y gastos, dentro de los que están las jubilaciones. Logró un déficit de sólo 0,5% del producto interno bruto (PIB). Hay superávit comercial por exportaciones que crecen al ritmo de la soja e importaciones que se elevan mientras los dólares del Banco Central alcancen, lo que ayuda a reactivar la economía.

Su objetivo es llegar a las elecciones con la menor inflación posible, aunque eso signifique mayor alza de precios después. Es difícil salir de ese círculo vicioso, donde tanto oficialismo y oposición han actuado de igual manera cuando gestionaron.

*Docente en la UNC, la UCC y la US21